Óscar Puente: soy el mejor

En su comparecencia en el Senado, el ministro Óscar Puente, responsable de las infraestructuras de transportes de España, dijo muy convencido que él era el mejor en la gestión de la tragedia del descarrilamiento de Adamuz. Van 46 muertos.
Óscar Puente, ministro de Transportes. / Congreso de los Diputados
Óscar Puente, ministro de Transportes. / Congreso de los Diputados

Se ha juzgado a sí mismo, se ha dado un sobresaliente, y se ha puesto la medalla, Insiste en que hizo la mejor gestión de la tragedia que se podía hacer. Ningún otro ministro lo hubiera hecho mejor. Dice que ha dado explicaciones; que ha respondido a todas las preguntas de los medios; que ha sido transparente; que se han aprobado las ayudas en tiempo récor; que no hay nada que reprocharle. Y que no va a dimitir.

El problema que tiene el señor ministro es que no se trata de hacer un buen relato, o de estar todo el día dando explicaciones que no tiene, incurriendo en contradicciones e incluso mentiras. La responsabilidad de su Ministerio y de su titular es trabajar cada día para evitar los accidentes. Era responsabilidad suya que las vías estuvieron en buen estado, renovadas con buen material, vigiladas constantemente, detectando al segundo cada deficiencia. El AVE debe circular como una seda, dicen los ingenieros del ramo.

La Alta Velocidad Española requiere la seguridad de que no va a haber accidentes por falta de mantenimiento, de vigilancia o de sistemas de detección automática de fallos cuando el tren rueda a 300 kilómetros por hora. Es una cuestión de prestigio interno y externo. Es una garantía para el viajero. Esa es la responsabilidad del ministro y de su equipo. Y no es su responsabilidad estar todo el día ofreciendo excusas, disculpas o reconociendo que hay deficiencias que no pueden detectarse.

El razonamiento más inquietante de los ofrecidos por el ministro fue aquel en que afirmaba: aunque hubiese pasado la maquina controladora de fallos antes del convoy Iryo, no hubiera detectado el deterioro del rail, de la soldadura deficiente que provocó el descarrilamiento y las 46 muertes. No puede haber afirmación más turbadora, desasosegante, porque reafirma oficialmente que no tenemos seguridad, cuando viajamos a tan alta velocidad, de que no va a romper algún elemento. Y si no tenemos esa seguridad, el viajero tiene que vivir en la duda, en la plegaria constante, en un sinvivir ante cada vibración o sacudida que puede sacarles a todos de las vías.

Esto inquietud la siembra precisamente el ministro que se marca como objetivo llegar a los 350 kilómetros por hora en la línea Madrid-Barcelona. Una velocidad a la que cualquier mínimo defecto puede provocar una catástrofe. No debe haber deficiencias que puedan quedar ocultas a la vigilancia de los laboratorios rodantes de la alta velocidad. Quizás el ministro no es consciente de lo que está tramando y de sus consecuencias. Quizás necesita un relevo ya. @mundiario

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