Los trabajadores ferroviarios exigen seguridad real tras los accidentes en Adamuz y Gelida

Cientos de trabajadores ferroviarios se manifiestan frente al Ministerio de Transportes tras los accidentes de Adamuz y Gelida. Exigen mayor inversión en mantenimiento y protocolos de seguridad para evitar tragedias y garantizar la confianza de pasajeros y personal en la red ferroviaria.
Trabajadores ferroviarios se concentran frente al Ministerio de Transportes. / @pctemadrid en X
Trabajadores ferroviarios se concentran frente al Ministerio de Transportes. / @pctemadrid en X

El accidente ferroviario en Adamuz, Córdoba, que provocó la muerte de 46 personas, entre ellas un maquinista, y el incidente posterior en Gelida, Barcelona, han encendido todas las alarmas sobre el estado de la seguridad en el transporte ferroviario español. Cientos de trabajadores se concentraron frente al Ministerio de Transportes para reclamar una inversión real en mantenimiento y mejoras estructurales, con pancartas que proclamaban “La seguridad, lo primero”.

Los sindicatos han defendido la seguridad del ferrocarril como un sistema fiable, pero subrayan que los accidentes recientes no son simples fatalidades aisladas, sino un reflejo de la insuficiencia de inversión y planificación. Pepa Páez, de CC OO, resumía la preocupación del sector: los retrasos, averías y cancelaciones constantes son señales de alerta que no pueden normalizarse. La metáfora que utilizan muchos trabajadores es la de un tren que avanza con parches en lugar de reparaciones completas; inevitablemente, ese tren termina enfrentándose a un descarrilamiento.

Inversión y mantenimiento más allá de la alta velocidad

España ha hecho avances notables en infraestructuras de alta velocidad en la última década. Corredores como Madrid-Barcelona o Madrid-Levante han recibido una atención especial, y recientemente se han inaugurado líneas como Madrid-Galicia, Murcia o la variante de Pajares. Sin embargo, el mantenimiento de la red existente no ha seguido el mismo ritmo. Entre 2011 y 2017, el gasto en mantenimiento descendió, y solo a partir de 2017 empezó a recuperarse, aunque la inflación y el aumento de uso de la red hacen que el esfuerzo aún sea insuficiente.

Diego Martín, de Semaf, señala que la seguridad no se garantiza solo con inversión en nuevas líneas. Las viejas rutas, los sistemas de señalización y la formación continua de los trabajadores requieren atención inmediata. Cuando se prioriza la expansión sobre el cuidado de lo existente, la infraestructura se convierte en un reloj de arena que, tarde o temprano, se vacía.

Hacia una seguridad ferroviaria integral

La solución no pasa únicamente por incrementar presupuestos. Los sindicatos reclaman un cambio integral: protocolos más estrictos, mantenimiento regular, mayor formación y coordinación entre todos los actores del sector. Raquel González, de UGT, subraya que la confianza del público depende de la prevención, no solo de la reparación tras el accidente. Esto implica que los protocolos se revisen periódicamente y que las infraestructuras existentes reciban el mismo cuidado que las nuevas.

España tiene la oportunidad de convertir la tragedia de Adamuz y Gelida en un punto de inflexión. La inversión debe ir acompañada de planificación eficiente y participación activa de quienes conocen el día a día del ferrocarril. Así, no se trata solo de evitar accidentes, sino de construir un sistema que garantice la seguridad de trabajadores y pasajeros con la misma firmeza que un tren recorre sus vías. La pregunta es si estamos dispuestos a aprender de los descarrilamientos o a esperar a que suceda el próximo. @mundiario

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