Silencio en La Almudena: la breve tregua política que Madrid se permitió por Adamuz
Madrid vivió este jueves una anomalía política poco habitual: la ausencia deliberada de ruido. La misa funeral celebrada en la catedral de La Almudena por las 45 víctimas mortales del accidente ferroviario de Adamuz transcurrió sin consignas, sin choques verbales y sin el clima de confrontación que suele impregnar incluso los actos solemnes. Durante algo más de una hora, el luto se impuso al debate y el silencio sustituyó al discurso político.
No era un escenario garantizado. La convocatoria había generado polémica desde su anuncio, tanto por haberse impulsado a instancias de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, como por coincidir en el tiempo —con apenas una hora de diferencia— con el funeral de Estado celebrado en Huelva, epicentro de la tragedia y sede del principal acto institucional. La sospecha de un trasfondo político planeó sobre La Almudena hasta el último momento.
Sin embargo, nada de eso se materializó dentro del templo. Ni Ayuso, ni el alcalde José Luis Martínez-Almeida, ni el presidente del Senado, Pedro Rollán, ni el delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín, realizaron declaraciones. Tampoco hubo protestas organizadas en el exterior ni gestos de confrontación entre representantes de distintas sensibilidades políticas. Una tregua breve, pero efectiva, en un contexto marcado por semanas de tensión.
El Arzobispado de Madrid se esforzó en subrayar el carácter estrictamente religioso del acto. La eucaristía, organizada por la Provincia Eclesiástica de Madrid, reunió a los obispos de las diócesis de Madrid, Getafe y Alcalá de Henares y fue presentada como un espacio de oración y recuerdo, sin intencionalidad partidista. Una explicación que buscaba desactivar las críticas y preservar el sentido espiritual de la ceremonia.
Aun así, el contexto pesó. Ayuso había solicitado formalmente el funeral mediante una carta al cardenal José Cobo, en un momento en el que no estaba prevista otra ceremonia y cuando aún crecían las críticas al Gobierno central por su propuesta inicial de un acto laico, rechazada por parte de los familiares. Esa iniciativa reforzó la percepción, especialmente en la oposición, de que la presidenta madrileña pretendía ocupar un espacio simbólico propio.
La propia Ayuso optó esta vez por el silencio. Tras días de declaraciones duras en las que había pedido la dimisión del ministro de Transportes y extendido responsabilidades al presidente del Gobierno, la presidenta autonómica evitó cualquier pronunciamiento. En su entorno sostienen que el jueves no era día para mensajes políticos. El contraste con su tono anterior hizo aún más evidente la excepcionalidad del momento.
En La Almudena estuvieron presentes representantes del PSOE y de Vox en el Ayuntamiento de Madrid, mientras que Más Madrid decidió no asistir, alegando que el acto respondía a una búsqueda de protagonismo político. Esa ausencia volvió a poner de relieve la fractura de la política madrileña incluso en contextos de duelo, aunque no se tradujera en incidentes visibles.
Dentro del templo, el clima fue solemne. La nave central llena, el incienso, los cánticos y la homilía del cardenal Cobo, que apeló a no instrumentalizar el dolor y a transformar la tragedia en un llamamiento a la concordia, reforzaron la idea de un paréntesis emocional. El mensaje fue claro: tragedias como la de Adamuz deberían servir para rebajar la polarización, no para alimentarla.
La comparación con Huelva fue inevitable. Mientras en Andalucía se concentraba el grueso de las instituciones del Estado, con la presencia de los Reyes, ministros y líderes nacionales, Madrid acogía un acto más modesto, circunscrito al ámbito autonómico y municipal. Esa doble imagen alimentó la sensación de una presidenta que actúa por su cuenta, aunque sin romper formalmente el marco institucional.
Fuera de la catedral, las protestas fueron testimoniales. Algún grito aislado y la presencia de una mujer con un cartel recordando las muertes en residencias durante la pandemia reflejó que la tregua no borró los conflictos de fondo. Pero incluso esas expresiones quedaron diluidas frente al tono general. @mundiario


