Los Reyes arropan a las familias en el último adiós a las víctimas del accidente de Adamuz

Felipe VI y la reina Letizia acompañaron a más de 4.000 personas que acudieron al funeral celebrado por las 45 víctimas mortales del accidente ferroviario, en la que los familiares expresaron su dolor y reclamaron justicia para que la tragedia no se repita.
Felipe VI y la reina Letizia en la misa funeral de las víctimas del accidente de Adamuz. / @CasaReal
Felipe VI y la reina Letizia en la misa funeral de las víctimas del accidente de Adamuz. / @CasaReal

El pabellón Carolina Marín de Huelva acogió este jueves el silencio compartido, recogimiento y memoria bajo la mirada de la Virgen de la Cinta, patrona de la ciudad. Miles de personas acompañaron a las familias de las 45 víctimas mortales del accidente ferroviario de Adamuz en un funeral que, a falta del homenaje de Estado formal, adquirió la dimensión simbólica de una ceremonia nacional.

La asistencia de los Reyes, vestidos de riguroso luto, marcó el tono del acto. Su llegada, recibida con aplausos y algunos vítores espontáneos, subrayó la voluntad de cercanía institucional de la Corona en un momento de profundo dolor para los andaluces. Felipe VI y la reina Letizia ocuparon un lugar discreto, sin protagonismo político, pero con una presencia de consuelo para los familiares, que encontraron a los monarcas acercándose a ellos para abrazarlos y escuchar sus historias.

El oficio religioso, presidido por el obispo de Huelva, Santiago Gómez Sierra, reunió a más de 4.000 asistentes y a cerca de 300 familiares directos de las víctimas. Junto a ellos, una amplia representación de todas las administraciones públicas palpó la magnitud de la tragedia y su impacto más allá de Adamuz, el municipio cordobés que ha quedado unido para siempre a uno de los peores siniestros ferroviarios recientes.

En su homilía, el obispo apeló a una idea que atravesó toda la ceremonia: la necesidad de acompañar el sufrimiento más allá del momento mediático. “El dolor no termina cuando se apagan los focos”, afirmó, reclamando un compromiso sostenido de la sociedad y de quienes ostentan responsabilidades públicas. La exigencia de esclarecer la verdad de lo ocurrido, formulada en términos de justicia y prevención, se convirtió en uno de los ejes morales del acto.

Homenaje a las víctimas

Esa demanda fue recogida, con voz firme pero contenida, por Liliana Sáenz, hija de una de las víctimas, cuando tomó la palabra en nombre de las familias. “Lucharemos por que se sepa la verdad. Sólo la verdad nos ayudará a curar esta herida. Lucharemos para que no haya otro tren”, señaló. No hubo reproches directos ni consignas políticas, sino una apelación clara a la responsabilidad y a la memoria.

La elección de una ceremonia religiosa, organizada por el Obispado de Huelva tras la suspensión del acto laico inicialmente pactado por el Gobierno central y la Junta de Andalucía, permitió un clima de consenso mínimo en presencia de la vicepresidenta primera del Gobierno, María Jesús Montero, y otros dos ministros, Luis Planas (Agricultura, originario de Córdoba) y Ángel Víctor Torres (Política Territorial); y también el presidente de la Junta, Juanma Moreno, y varios de sus consejeros (Carolina España, José Antonio Nieto, Rocío Díaz, Rocío Blanco, Ramón Fernández-Pacheco, Loles López y Carmen Castillo).

Para muchos asistentes, el carácter espiritual del funeral facilitó un espacio de recogimiento ajeno a la confrontación política, algo especialmente valorado por las familias cuando el accidente ocurrió apenas unas semanas atrás.

Reconocimiento a los rescatistas

La misa también fue un acto de reconocimiento. Se recordó a los equipos de emergencia, sanitarios, fuerzas de seguridad y voluntarios que actuaron en las horas posteriores al siniestro, así como a los vecinos de Adamuz y a quienes ofrecieron apoyo silencioso a los afectados. La Coral Polifónica de la Merced acompañó la liturgia.

No faltaron momentos de tensión, como el error inicial en la lectura de la lista de fallecidos, que fue corregido con disculpas públicas desde el altar. Al término de la ceremonia, los Reyes se acercaron uno a uno a los familiares para transmitirles sus condolencias. Fue entonces cuando muchas de las emociones contenidas afloraron en forma de lágrimas y abrazos. Ese contacto directo, lejos de los discursos, se convirtió en uno de los gestos más valorados por los asistentes.

El funeral de Huelva dejó una imagen poderosa, la de una comunidad acompañando a las víctimas, reclamando verdad y justicia sin estridencias, y recordando que la memoria y la reparación son procesos largos que no pueden agotarse en un solo acto. En ese equilibrio entre solemnidad, dolor y exigencia cívica residió la fuerza de una despedida que fue, ante todo, humana. @mundiario

Comentarios