¿No quedaría bien como prueba de seguridad de Feijóo convocar elecciones?

Alfonso Rueda y Alberto Núñez Feijóo. / PP
Alfonso Rueda y Alberto Núñez Feijóo. / Mundiario
Sería todo un gesto, pero nadie le obliga, ya que la mayoría de su partido en el Parlamento le permite refrendar a Alfonso Rueda sin más.
¿No quedaría bien como prueba de seguridad de Feijóo convocar elecciones?

En uno de sus libros clásicos, El Poder. Los genios invisibles de la ciudad, Guglielmo Ferrero decía que en el siglo XX no se podía comprender que la jefatura del Estado se pudiera heredar como una finca, y si bien se refería con carácter general a las monarquías, abundaba en la idea al extenderla a la clase política en general que entiende que un determinado cargo se puede transmitir dentro de los trasiegos de los partidos, al margen de lo que opinen los ciudadanos en un momento dado. Pensaba yo en ello ante el proceso del abandono de la presidencia de la Xunta de Galicia por Alberto Núñez Feijóo y el traspaso del cargo al vicepresidente Alfonso Rueda, que va a heredar la Xunta y la dirección regional del partido en el mismo lote. En el primer caso, aprovechando la mayoría parlamentaria de que disfruta el PP y, en el segundo, gracias a las transacciones internas de la derecha, como estamos viendo.

Si más altas tareas de Estado y de partido reclaman el concurso de Núñez Feijóo para que abandone el cargo para el que se presentó ante los gallegos, al menos se espera de éste una buena explicación en la que sopese por qué nos deja. ¿No decía que Galicia era su prioridad? A uno de le ocurre pensar que en tal contingencia quedaría muy bien devolver la voz a los ciudadanos; es decir, convocar elecciones y que en tal coyuntura fuéramos nosotros los que o bien respaldáramos a su candidato sucesor o decidiéramos otra cosa. Pero nada le obliga a ese gesto porque el PP tiene mayoría y sería peligroso correr riesgos innecesarios, aunque seria un detalle que reforzaría -caso de ganar claro- el futuro de Rueda. Pero ¡qué bien quedaría y que prueba de confianza sería en el refrendo del electoral si se le preguntara en esta coyuntura! 

Guglielmo estudia en su famoso libro las mangas anchas con que los políticos  interpretan el concepto de “legitimidad”. El dimisionario presidente de la Xunta tiene claro cuál es la suya y la administra a voluntad, al margen de quienes se la otorgaron cuando decide que otro interés superior lo convoca y debe dejar un cargo para el que fue elegido, se supone que entonces con voluntad de ejercerlo durante el mandato recibido. 

Ferrero es muy preciso al diferenciar el principio de legitimidad del principio democrático. Por el primero, dentro del contexto, Núñez Feijóo le traspasa sus poderes a su sucesor, insisto, porque la mayoría que lo hizo presidente sigue viva hasta el final de la legislatura, si bien, cosa curiosa, en cuanto al partido, lo somete al refrendo de sus notables. Es un modo peculiar de aplicar el principio hereditario. Recuerda Ferrero que, en Francia, se consagró con el “orleanismo”, el principio de que nadie debería ser ministro sin el respaldo del parlamento en uno de los más interesantes momentos de la historia política de Europa. 

Pero estamos en otro tiempo y la misma mayoría que llevó a Alberto Núñez Feijóo a San Caetano va a llevar ahora a Alfonso Rueda. Mañana, ya se verá. Hay que ser muy ingenuo, como algunos sugieren, para correr riesgos peligrosamente innecesarios. @mundiario

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