La gravedad de la inflación ayuda a Feijóo en su intento de centrar la política en la economía

Alberto Núñez Feijóo, presidente del PP.  / @feijoogalicia
Alberto Núñez Feijóo, presidente del PP. / @feijoogalicia
Hubo un tiempo en el que se creyó que las emociones dominaban las claves de la política. Emociones trufadas a menudo con fake news, por cierto. Pero llegó la hora de la verdad, el turno de la economía.
La gravedad de la inflación ayuda a Feijóo en su intento de centrar la política en la economía

En Francia, donde han estado en campaña electoral y donde seguirán estándolo de cara a la segunda vuelta de sus presidenciales, la invasión de Ucrania pasó de ser una cuestión de inseguridad por el regreso de la guerra a Europa a un asunto de inseguridad económica, al transitar de la amenaza de las bombas a la amenaza de la inflación.

Francia no es España, ni España está en campaña electoral, pero hay algunos rasgos, sobre todo económicos, que tal vez conviene analizar desde España, donde la llegada de Alberto Núñez Feijóo parece que le da opciones de gobierno al PP, mientras el PSOE de Pedro Sánchez, lejos de subir y consolidarse, está bajando en las encuestas. Algo está pasando. Entre otras cosas, que el coste de la energía y los alimentos disparó la inflación en España al 9,8%, su nivel más alto desde 1985; es decir, un año antes de que España entrase en la entonces llamada CEE, hoy UE.

Desdibujado, menos joven y menos fresco, Emmanuel Macrón lucha, desde una posición liberal centrista, contra la ultraderechista Le Pen y aguarda el apoyo del populista de izquierdas Mélenchon, para evitar el triunfo de la extrema derecha. A Macron le sobran élites liberales a su lado y le faltan asesores conectados a las realidades sociales de una Francia desigual, donde su aún poderoso Estado no es capaz de esquivar la pobreza en algunas partes del país. Fue algo que ya quedó de manifiesto, dentro y fuera de Francia, con la crisis de los chalecos amarillos de 2018.

Camaleónico, como lo apodó Le Monde, y europeísta, Macron tiene algo en común con Pedro Sánchez –un país muy endeudado, por ejemplo–, pero también diferencias: es más centrista que socialista, aunque fue ministro de Economía de un gobierno socialista, y sus adversarios están en coordenadas diferentes, ya que el mapa político francés es ahora distinto del español.

Años atrás podía hablarse de una cierta similitud entre el Partido Socialista francés (PS) y el PSOE, así como de posiciones ideológicas comunes entre Los Republicanos (LR) galos –herederos de la UMP de Jacques Chirac– y el PP. Hoy, LR y PS son partidos casi marginales y el juego está entre la EM de Macrón, el RN de Le Pen y la Francia Insumisa del antiguo socialista Mélenchon. Algo así como si en España la alternancia se moviese entre la vieja UCD y Vox, con el regreso de una Izquierda Socialista con ribetes podemitas.

A raíz de la crisis de 2008, en los países democráticos estables también se han producido cambios en sus sistemas de partidos, pero no de tanto calado como en Francia, tal vez la prueba más evidente de que algo va mal al norte de los Pirineos.

Años antes, en EE UU, un estratega del demócrata Bill Clinton pegó en la oficina de campaña del 92 un cartel con tres puntos: 1) Cambio vs. más de lo mismo –léase el republicano Bush padre–. 2) La economía, estúpido. 3) No olvidar el sistema de salud. Se impuso el punto 2, reformulado como “es la economía, estúpido”.

Mar Sánchez –la principal asesora de Alberto Núñez Feijóo– no es James Carville, el autor de la ya histórica frase, pero sabe que aquel punto 2 sirvió para derrotar a Bush, algo impensable poco antes. Basta ver con un poco de atención el discurso de Feijóo posterior a su encuentro de tres horas con Pedro Sánchez para saber dónde está la clave de su política: en la economía. Además, una inflación del 9,8%, su nivel más elevado desde 1985, basta para ser concluyentes en este sentido. 

Es posible que Pedro Sánchez aún tenga margen de reacción, pero si sigue por donde va ­–al estilo del rey desnudo–, Mar Sánchez puede comerle las papas a él y a Nadia Calviño, por muy lista que esta sea. Curiosamente, ambas son coruñesas, tienen formaciones y trayectorias distintas, pero su duelo está servido. @J_L_Gomez


Billetes de euros. / 123rf.com
Billetes de euros. / 123rf.com

AL ALZA

La deuda

Si un país suma mucho déficit público año tras año, termina acumulando una montaña de deuda pública y llega un momento en el que le cortan el crédito y le suben los tipos de interés. Los problemas más graves de España aún están por venir. No es un secreto para nadie, aunque –por ahora– nadie lo diga. España necesita adaptarse a sus ingresos y cambiar su modelo productivo. A ver si viene un Fuentes Quintana que se lo explique a todo el mundo, con un pacto de rentas en la mano.

A LA BAJA

La demagogia

Si España fuese Suiza podría hacer todas las cosas que predica el Gobierno de coalición, y más. Pero no lo es. Por tanto, cuando España cambie su modelo económico y sea tan productiva como Suiza podrá hacer lo que a todos nos encantaría, pero hoy, en 2022, va a ser que no. La demagogia emocional tuvo su tiempo, pero ya no le queda mucho recorrido. El Banco Central Europeo y la Comisión Europea suelen ser suaves al advertirlo, pero implacables cuando se ponen a tomar decisiones. Atentos. @mundiario


Alberto Núñez Feijóo y Pedro Sánchez. / @desdelamoncloa
Alberto Núñez Feijóo y Pedro Sánchez. / @desdelamoncloa

PROTAGONISTAS

Pedro Sánchez

Presidente del Gobierno

Es doctor en economía, pero no lo parece. Arrastrado por sus socios, ha llevado a España a unas cifras macroeconómicas que no son sostenibles. España no va peor que otros socios europeos por casualidad. Le queda poco para corregir el rumbo.

Alberto Núñez Feijóo

Presidente de la Xunta

Hizo campaña interna diciendo unas cosas un tanto extrañas sobre los impuestos, pero al llegar a la rueda de prensa de la Moncloa, tras verse con Sánchez, rectificó e hizo un discurso económico, discutible como todo, pero bien fundamentado.

Nadia Calviño

Vicepresidenta del Gobierno

En un Gobierno socialista de Felipe González hubiese tenido un gran papel y seguramente lo hubiera hecho bien. En este gobierno con minúsculas va camino de terminar mal, maniatada entre los tecnócratas de Bruselas y sus socios de gabinete.

Mar Sánchez

Asesora del Presidente del PP

Con discreción, lleva años manejando los hilos del poder en Galicia y ahora va camino de Madrid con el objetivo de llevar a Feijóo a la Moncloa. Otros asesores siguen inmersos en las fake news. Ella sabe que lo decisivo ya no es eso, sino la economía. @mundiario

 

 

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