El plan de defensa de Sánchez enciende al PP: una “cacicada” sin control parlamentario
La ofensiva política del Partido Popular contra el nuevo plan de gasto en defensa anunciado por Pedro Sánchez no se centra tanto en el contenido como en el procedimiento. El Ejecutivo pretende elevar el presupuesto militar al 2 % del PIB este mismo año, una medida que, aunque alineada con los compromisos adquiridos en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y asumida también por el PP en sus propias filas europeas, ha sido presentada sin pasar por el Parlamento.
Feijóo ha calificado esta maniobra de “cacicada antidemocrática impropia de un país europeo”, recordando que el artículo 4 de la Ley de Defensa Nacional establece que las Cortes deben aprobar las leyes relativas a la defensa y los créditos presupuestarios correspondientes. Aunque el Gobierno se escuda en que el plan no requiere rango de ley, la ausencia de una votación en el Congreso alimenta las críticas de una oposición que se siente despojada de su papel institucional.
El rechazo de Alberto Núñez Feijóo a la forma de aprobación del plan no implica un desacuerdo con sus objetivos. De hecho, el PP se ha comprometido con sus socios europeos a alcanzar incluso un 3 % del PIB en gasto militar. Pero el líder popular ha preferido eludir el debate de fondo y centrarse en la legitimidad del procedimiento, lo que le permite atacar a Sánchez sin renunciar a sus propios compromisos en defensa.
En un contexto político polarizado, esta estrategia permite al PP distanciarse de una medida impopular en parte del electorado, sin romper con el consenso internacional sobre la necesidad de reforzar las capacidades militares de Europa.
Transparencia, calendario y fiscalidad: los puntos ciegos del plan
Más allá del choque político, Feijóo ha señalado varias carencias técnicas del plan aprobado por el Consejo de Ministros. En primer lugar, ha denunciado la “opacidad” de su financiación, que se nutrirá, según el Ejecutivo, de remanentes presupuestarios, fondos europeos y el aumento de la recaudación fiscal. El líder popular ha exigido saber qué partidas se verán afectadas y qué inversiones se cancelarán para liberar los recursos necesarios.
Asimismo, ha criticado la ausencia de un marco plurianual que garantice la sostenibilidad del esfuerzo militar en el tiempo, advirtiendo que compromisos de este tipo no pueden asumirse sin una visión a largo plazo. Y ha planteado que el programa de gasto representa una “presión fiscal encubierta”, al no contar con un nuevo marco presupuestario, sino depender del incremento impositivo indirecto sobre los ciudadanos.
Feijóo ha subrayado también la falta de consenso interno en el propio Consejo de Ministros, donde Sumar, el socio menor de la coalición, mantiene serias reservas sobre el incremento del gasto militar. Esto refuerza su tesis de que se trata de una decisión “personalista” de Pedro Sánchez, más que de un acuerdo gubernamental o nacional. “No es un plan de España, ni del Gobierno, es un plan del señor Sánchez. Que no vincula a España. Es una chapuza marca de la casa”, sentenció.
Con esta afirmación, el líder del PP pretende deslegitimar un programa que, en su opinión, nace sin respaldo institucional ni popular. El mensaje va dirigido tanto a los votantes como a los actores internacionales: España, afirma, no puede presentarse como un socio fiable si sus compromisos no pasan por el tamiz parlamentario.
Una crisis de legitimidad más que de defensa
En paralelo a la disputa sobre el plan de defensa, Feijóo ha aprovechado su presencia en un desayuno con la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Madrid para criticar la ausencia de Sánchez en el funeral del Papa Francisco. Aunque el Gobierno justifica su no asistencia por tratarse de una ceremonia encabezada por los Reyes, Feijóo ha calificado el gesto como “una descortesía difícil de explicar”.
El líder del PP ha aprovechado también para marcar perfil en política internacional, mostrándose contrario al proteccionismo de Donald Trump y abogando por un nuevo tratado de comercio entre la UE y EE UU. Su discurso ha sido una combinación de defensa del libre mercado y de crítica a la falta de liderazgo diplomático del Ejecutivo actual.
Con un Gobierno en minoría, apoyado en alianzas frágiles, y una oposición que no renuncia a marcar territorio en temas de Estado, el plan de defensa se ha convertido en el último campo de batalla de una legislatura en permanente tensión. El problema, una vez más, no es la política de defensa, sino la defensa de la política. @mundiario