Nudo gordiano

Ignacio Camuñas. / TV
Ignacio Camuñas. / TV
Nudo gordiano

Muchos españoles siguen con el corazón helado sufriendo el infortunio de lo injusto, a la espera de que se desate, cortándolo, el nudo del yugo y las flechas. La inacabable Transición, supuestamente modélica,  perpetúa la farsa de una piadosa reconciliación a la brava, entre vencedores y vencidos. Construir la convivencia, desde una reconciliación sin término,  remite su cumplimiento ad calendas grecas, como de hecho se ha comprobado tras 45 años de repetir machaconamente el mantra de la divina transición.

Para restablecer la coexistencia entre diferentes que han sido víctimas y victimarios se precisa reconocer y aceptar previamente el mal causado, pidiendo  perdón y reparando a los perjudicados por el daño sufrido. Digan lo que dijeren, los autores del sedicioso golpe militar del 36 son los únicos verdugos, y a ellos y solo a ellos, corresponde expiar la culpa. 

Esos verdugos de antaño y sus herederos de hoy perpetúan el discurso y lenguaje justificador del golpe de Estado y subsiguiente guerra civil, manteniendo dividida artificialmente a una sociedad que permanece en la más severa ignorancia histórica. Mantener la narrativa de los vencedores solo es posible por la complicidad de los poderes públicos y buena parte de la clase política, que estimula esa suerte de  analfabetismo infamante en escuelas e instituciones.

El atropello histórico por boca del ex ministro franquista Camuñas refleja claramente la posición inamovible de los ganadores de la guerra civil. Con tímidas leyes  de memoria o traslados de restos humanos de asesinos no se hace justicia ni pedagogía, en una suerte de gatopardismo de opereta.  

El régimen del 78 sigue impunemente transitando por la ruta del tardofranquismo, y es hora de asumir que la verdadera soberanía reside en el pueblo y no en la Constitución de 1978, y es a los ciudadanos a quienes corresponde dar voz para decidir sobre su destino. Un referéndum que inicie un proceso constituyente no debería demorarse por más tiempo. O siervos o libres.

¿Quousque tandem la monarquía abusará de los españoles? Su permanencia está asegurada en tanto la regeneración política no sea una prioridad. Como muestra, el rechazo del Congreso a la comparecencia de Felipe VI y a la comisión para investigar a su padre, el emérito.

Una monarquía que amordaza al Parlamento no es parlamentaria. Vergonzoso para esos diputados  y humillante para la dignidad de los ciudadanos.  Mientras se ocultaban los enredos del emérito –golpe del 23-F a lo Primo de Rivera, o sus chanchullos financieros–, se encomiaba lo mucho que Juan Carlos I hizo por el país. Y al efecto se procuraba levantar un muro sobre su legitimidad de origen (franquista), elogiando su legitimidad de ejercicio. Y, ahora ¿de qué ejercicio hablamos?

Delenda est monarchia, clamó Ortega. La monarquía debe ser destruida, repetimos nosotros. Por una república de todos y para todos. @mundiario

                                                                   

Nudo gordiano