Kenia, en vilo por el regreso de la violencia étnica en las elecciones

Raila Odinga ejerciendo el voto en Kenia. / @RailaOdinga
Raila Odinga ejerciendo el voto en Kenia. / @RailaOdinga

El país se sumerge en una estresante espera de varios días para conocer quién será su presidente, apostando porque la violencia sea cosa del pasado.

Kenia, en vilo por el regreso de la violencia étnica en las elecciones

La jornada de elecciones en Kenia ha concluido “sin mayores incidentes”, según lo atestiguado por las misiones de observación internacionales desplegadas en el país, incluyendo la de la Unión Europea. Todo pareció fluir con normalidad en el país más estable y democrático del este de África, pero todo eso podría cambiar en los próximos días.

Hasta 22 millones de ciudadanos estaban convocados a las urnas para renovar la totalidad de los cargos de elección pública. Alrededor de 16.000 candidatos a nivel nacional para optar por un asiento en la Asamblea Nacional, el Senado, las cámaras regionales, los gobernadores de los 47 condados y el quinto ocupante de la presidencia.

Los resultados no se conocerán hasta que hayan pasado al menos unos tres días, como mínimo, entre tanto la población está sumida en una estresante espera llena de tensión por lo que vaya a continuar después. Kenia no atesora buenos recuerdos de los anuncios de los resultados electorales, no desde que en 2007 se exacerbaran las denuncias de fraude y se desatara una serie de conflictos interétnicos contra la comunidad del ganador de esa contienda, los kikuyu.

Pese a que ninguno de los principales candidatos pertenece a esa etnia, el margen de victoria podrá ser decisivo. La Comisión Nacional de Cohesión e Integración (NCIC) prevé que las probabilidades de que se desate la violencia en el país tras el anuncio del ganador sean del 53 %, una cifra que el ente comicial ha temido y por el que se apresuró para robustecer buena parte del proceso electoral.

Más de 40 etnias distintas

La ola de violencia étnica de 2007 acabó con la vida de unas 1.200 personas y provocó unas 600.000 desplazadas. La competencia entre las 46 etnias que habitan el país ha marcado ese capítulo de la historia contemporánea, pero buena parte de la población y de la clase política está dispuesta a pasar página, por lo que es un factor que hay que tomar en cuenta, aunque haya perdido fuelle.

Por primera vez desde la llegada de la democracia en 1991 ninguno de los principales candidatos (Raila Odinga y William Ruto) pertenece a los kikuyu, el mayor grupo étnico y al que pertenece el presidente saliente, Uhuru Kenyatta, que tradicionalmente ha sido acusado de acumular el político y económico de Kenia. Pero ello ha dado pie a que una ficha cambie las reglas del juego: la lucha de clases.

Tanto Odinga como Kenyatta son descendientes de personajes esenciales en la época de la independencia. El primero es hijo del primer vicepresidente del país y posterior líder de la oposición, Jamarogi Oginga Odinga, y el segundo es hijo del primer presidente de la República, Jomo Kenyatta. Por otro lado, Ruto tiene orígenes humildes, su padre fue campesino y se ganaba la vida vendiendo pollo a los conductores que transitaban las carreteras del valle de Rift.

La labor de Ruto en esta campaña ha sido identificarse con ese aproximadamente 83 % de la población keniata que trabaja desde la informalidad y vive del día a día sin derechos laborales, trabajos duros y esporádicos mal remunerados. Pero él mismo pertenece a esa acaudalada élite política que tanto critica, siendo uno de los muchos multimillonarios que desdeña en sus mítines.

La lucha de clases en Kenia

La presión étnica se ha reducido, pero los sondeos auguran una reñida victoria para Odinga. Un apretón de manos hace un par de años enterró una de las mayores rivalidades políticas, entre Odinga y Kenyatta, quien pasó a aliarse con su principal opositor y a apoyar su candidatura, dándole la espalda a Ruto, quien le ayudó a ganar dos elecciones seguidas y es su vicepresidente en esta legislatura.

Ruto se ha sentido traicionado por las actuaciones del jefe del Estado, pero Odinga sigue a la cabeza por un estrecho margen de seis puntos porcentuales, según las encuestas recientes. De cumplirse los pronósticos, ninguno conseguiría hacerse con más del 50 % necesario para ganar la primera vuelta, por lo que habría que recurrir a una inédita segunda ronda, pues nunca ha ocurrido en Kenia.

Todo dependerá de si alguno de los dos candidatos ha podido convencer al 9 % de indecisos que juega un rol importante en el padrón electoral, que podría facilitar a Ruto dar una vuelta a la tortilla y alzarse con la victoria, pese al riesgo que supone contradecir los sondeos, pues parte de la población podría sentir que las elecciones estuvieron arregladas, abriendo la puerta a la violencia como en 2007. @mundiario

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