Elecciones en Kenia: el bastión democrático del África Oriental es puesto a prueba

Fila para votar en Gilgil, Kenia. / RR.SS.
Fila para votar en Gilgil, Kenia. / RR.SS.

La estabilidad de este motor económico es crucial para el bienestar de una de las regiones más conflictivas del mundo, donde los efectos de la guerra en Ucrania solo han comenzado.

Elecciones en Kenia: el bastión democrático del África Oriental es puesto a prueba

La lupa de la comunidad internacional está puesta en Kenia, este país de 55 millones de habitantes que elegirá este martes a su presidente y otros cargos, en unas elecciones generales empañadas por la carestía de la vida como consecuencia de la guerra de Ucrania, la tensión política y el riesgo de que se revivan oscuros capítulos del pasado con la violencia interétnica.

Se trata de un principal aliado de Occidente en la convulsa región del Cuerno de África, el motor económico de la costa oriental africana y el sexto de todo el continente. A diferencia del resto de sus vecinos, Kenia se ha caracterizado por conservar una cierta estabilidad, avances infraestructurales y progresos empresariales y financieros desde la instauración de la democracia multipartidista en 1991.

Pese a que es un claro ejemplo para sus vecinos, sigue siendo un país que corre el riesgo de caer en la violencia. La población ve progresos, pero los kenianos viven en una sociedad muy desigual, con una élite política hegemónica adinerada mientras que el 83 % de los ciudadanos vive de la economía informal, sin salario fijo. Además, Kenia ostenta el puesto 128 de 180 en el último informe de percepción de corrupción de la ONG Transparencia Internacional.

La inflación de Kenia ha alcanzado su punto más alto en cinco años, con un 8,3 % en julio y un 15 % más respecto al año anterior. La carestía de la vida inició como consecuencia de la pandemia, pero se ha exacerbado gracias a la guerra en Ucrania, de donde importa alrededor del 22 % de sus cereales, cuyos puertos están bloqueados por los rusos en el Mar Negro, de quienes adquieren el 67 % de sus granos, pero que debido a la prohibición temporal de Rusia no pueden obtener. Dicho sea de paso, la agricultura local está en cuidados intensivos tras la sequía sin precedentes que se ha esforzado en asolar los cultivos.

Los candidatos a la presidencia keniana

Estas elecciones son de una renovación total. Se eligen a los miembros del Parlamento nacional, los gobernadores y los miembros de las asambleas regionales de los 47 condados del país. Pero el puesto supremo es el que aspiran cuatro candidatos, entre los que no figura el actual presidente, Uhuru Kenyatta, quien agota su segundo mandato tras gobernar por dos periodos de cinco años, consecutivos desde 2013, y está inhabilitado por la Constitución para una tercera presidencia.

Raila Odinga, de 77 años y William Ruto, de 55, son los únicos con posibilidades reales de hacerse con el poder. El primero es el eterno opositor que ha concurrido cinco veces ya a las elecciones, se prevé que esta sea su última oportunidad en las boletas. Mientras que Ruto es el vicepresidente de la actual administración de Kenyatta, pero no es respaldado por el oficialismo, después de que el mandatario le diera la espalda, apoyando inesperadamente a su principal rival.

El líder opositor ha sido parte de otros Gobiernos, incluso uno de coalición en 2007, es el hijo del primer vicepresidente de Kenia, Jaramogi Oginga Odinga, quien ocupó el cargo durante el mandato de Jomo Kenyatta, primer presidente del país y padre de quien ostenta hoy en día el cargo de jefe de Estado.

En cambio, Ruto tiene orígenes humildes, su padre fue campesino y ha basado su campaña acuñando la frase “La nación de los buscavidas”, pese a que hoy en día es uno de los políticos más ricos del país con una mala reputación por corrupción. De todas maneras, ello no ha evitado que los dos principales candidatos se acusen de malversación mutuamente.

La pesadilla de los conflictos étnicos

El país viene de unas pasadas elecciones en las que, por primera vez en la historia, el Supremo anuló los resultados por denuncias realizadas por Odinga, alegando fraude. En lo que se realizaba una segunda vuelta hubo fuertes protestas reprimidas, pero al final Odinga boicoteó las elecciones, permitiendo que Kenyatta permaneciera en el poder.

Pero ese no es el único precedente, los 22 millones de votantes habilitados aún recuerdan los días oscuros entre 2007 y 2008, cuando unas 1.100 personas murieron y 600.000 desplazadas como consecuencia de enfrentamientos interétnicos debido a, de nuevo, denuncias de fraude presentadas por Odinga y Ruto, cuando aún en aquel entonces no eran enemigos, contra el recientemente fallecido presidente Mwai Kibaki, para su segundo mandato consecutivo.

Kenia es un país bastante complejo, con hasta 46 etnias diferentes que adquiere una gran importancia en la sociedad. La pertenencia comunitaria ha sido instrumentalizada desde la época colonial británica, y ha originado buena porción de los conflictos internos. En 2007 el estallido social ocurrió entre las etnias a las que pertenecen Odinga y Ruto, luo y kalenji, contra la comunidad mayoritaria, los kikuyu, a los que Kibaki pertenecía. @mundiario

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