Junts pierde capacidad de bloqueo en el Congreso tras la salida de Ábalos y el Gobierno gana margen
La dimisión definitiva del exministro José Luis Ábalos como diputado abre la ventana a nuevos aires a una legislatura asediada por la fragilidad de las mayorías. En el bloque de investidura que sostiene al Gobierno de coalición de Pedro Sánchez, donde cada voto cuenta, la recuperación de un solo escaño por parte del PSOE tiene un efecto directo: diluye la capacidad de presión de Junts per Catalunya y concede a La Moncloa un margen de maniobra que había perdido desde la entrada en prisión del exsecretario de Organización de los socialistas.
Hasta el encarcelamiento de Ábalos el pasado 27 de noviembre en la prisión de Soto del Real, el bloque de investidura mantenía de facto 179 apoyos potenciales. Aunque el exdirigente socialista había pasado al Grupo Mixto meses antes, su alineamiento con el PSOE se había mantenido en las votaciones. Su suspensión como diputado y la posterior pérdida efectiva de ese voto redujeron el bloque gubernamental a 171 escaños, los mismos que suma la oposición formada por PP, Vox y UPN.
Ese empate estructural alteró profundamente la dinámica parlamentaria. En ese escenario, la abstención de Junts —siete diputados— se convirtió en instrumento de bloqueo automático, bastaba con no votar a favor para que cualquier iniciativa del Ejecutivo decayera
Con la renuncia formal de Ábalos y la entrada de la siguiente candidata socialista por Valencia y alcaldesa de Llaurí, Ana María González, el PSOE recupera ese escaño perdido. El bloque gubernamental pasa así a contar con 172 diputados frente a los 171 de la oposición, siempre que el resto de socios mantengan su apoyo.
El cambio es sutil pero decisivo. A partir de ahora, la abstención de Junts deja de ser suficiente para tumbar iniciativas del Gobierno. Si los posconvergentes quieren frenar una ley o un decreto, deberán votar abiertamente en contra y asumir el coste político de esa decisión. La abstención, hasta ahora una forma de presión de bajo perfil, pierde su eficacia como arma parlamentaria.
Junts, de árbitro a actor condicionado
Este nuevo equilibrio reduce el margen de maniobra de Junts, que en los últimos meses había intensificado su estrategia de confrontación tras romper relaciones con el Ejecutivo a finales de octubre. La formación de Carles Puigdemont había aprovechado la extrema debilidad aritmética del Gobierno para elevar el precio de cada negociación y exhibir su capacidad de bloqueo.
El episodio del decreto ómnibus que incluía la revalorización de las pensiones y el escudo social ilustra bien este contexto. Junts optó por votar en contra para denunciar la inclusión de otras medidas, como la prórroga de la moratoria de desahucios. Hasta ahora, ese “no” tenía el mismo efecto práctico que una abstención. Con la nueva aritmética, esa equivalencia desaparece.
La recuperación del escaño no garantiza al Ejecutivo mayorías estables ni elimina la dependencia de sus socios. Podemos, ERC, EH Bildu o el PNV siguen siendo imprescindibles, y cualquier fisura en ese bloque puede volver a dejar al Gobierno en minoría. Pero sí reduce la centralidad de Junts como actor decisivo en cada votación.
Desde Moncloa se insiste en que la renuncia de Ábalos no cambia la relación política con los aliados, aunque en privado se reconoce que el nuevo reparto de fuerzas permite afrontar las negociaciones con menos urgencia y menor riesgo de bloqueo automático. @mundiario


