El adiós al Congreso no cambia el destino judicial de Ábalos
La dimisión de José Luis Ábalos como diputado no supone, ni mucho menos, un punto final en su frente judicial. Lejos de diluir el caso, su salida del Congreso reordena el mapa de la investigación, pero mantiene intacto el proceso penal más delicado: el juicio por la trama de contratos de mascarillas durante la pandemia seguirá en el Tribunal Supremo.
La clave está en el momento procesal en el que se encuentra cada parte del procedimiento. La causa principal —la relacionada con la compra de material sanitario y la presunta red de comisiones y contratos irregulares— ya fue enviada formalmente a juicio por el instructor del Supremo en diciembre. Ese paso fija la competencia del alto tribunal, incluso aunque el acusado pierda la condición de aforado. Es decir, aunque Ábalos ya no sea diputado, el Supremo conserva el control del procedimiento y será quien celebre el juicio, previsiblemente en primavera.
Este escenario deja sin recorrido la estrategia que durante meses planeó la defensa: que la renuncia al acta provocara el traslado de toda la causa a la Audiencia Nacional. Esa opción habría abierto la puerta a dilaciones, cambios de tribunal y una instrucción más lenta. Pero llega tarde: el procedimiento ya está jurídicamente “anclado” en el Supremo.
Donde sí habrá cambios es en la segunda gran línea del caso: la investigación sobre presuntos amaños en adjudicaciones de obra pública. Esa pieza se encuentra aún en fase inicial, sin procesamiento ni apertura de juicio oral. En este punto, la pérdida del aforamiento sí tiene consecuencias reales: el magistrado del Supremo deberá revisar su competencia y todo apunta a que esa parte de la investigación será enviada a la Audiencia Nacional, donde ya se instruyen otras ramificaciones del caso Koldo.
De este modo, el procedimiento se fragmenta en dos grandes vías judiciales:
-El núcleo del caso (mascarillas y contratos pandémicos): se queda en el Tribunal Supremo y avanza hacia juicio.
-La trama de obra pública: pasará previsiblemente a la Audiencia Nacional, donde continuará la instrucción desde una fase embrionaria.
Este reparto no es menor. El Supremo implica un proceso más rápido, con menos instancias de recurso y una estructura judicial mucho más ágil. En cambio, la Audiencia Nacional es un tribunal saturado, con macrocausas que se prolongan durante años, lo que puede traducirse en investigaciones largas y procedimientos dilatados en el tiempo.
Además, hay un elemento procesal decisivo: las sentencias del Supremo prácticamente no admiten recursos ordinarios, mientras que las dictadas por la Audiencia Nacional sí pueden ser recurridas en varias instancias, lo que alarga de forma notable los procesos y retrasa la firmeza de las condenas.
En la práctica, la renuncia de Ábalos produce un efecto paradójico: no le libera del juicio más grave ni del escenario penal más inmediato, pero sí desplaza parte del caso a un tribunal donde los tiempos son más largos y los procedimientos más complejos.
El resultado es un proceso judicial a dos velocidades: un juicio inminente en el Supremo por la trama de las mascarillas, y una investigación prolongada en la Audiencia Nacional por los presuntos amaños de obra pública.
Lejos de cerrar la causa, la salida de Ábalos del Congreso abre una nueva fase del caso Koldo: menos política, más técnica, más judicial… y con un horizonte penal que sigue plenamente activo. @mundiario


