Jimmy Morales, candidato presidencial guatemalteco: ¿es realidad o ficción? (III)

Jimmy Morales.
Jimmy Morales.

Guatemala no es un chiste, y sí tuvo exterminio sistemático y organizado de un grupo social, eso se llama Genocidio y quien lo niegue no merece gobernar.

Jimmy Morales, candidato presidencial guatemalteco: ¿es realidad o ficción? (III)

Guatemala no es un chiste, y sí tuvo exterminio sistemático y organizado de un grupo social, eso se llama Genocidio y quien lo niegue no merece gobernar.

Las masas que hoy alimentan la figura de Jimmy son las mismas que llevaron al poder en elecciones pasadas a, los ahora privados de libertad, Pérez Molina y Baldetti Elías, y estas mismas masas, a pocos días de las elecciones aún no han notado que el candidato de FCN-Nación no encarna ni simboliza a la Guatemala Profunda de la provincia, allí no le conocen, a lo sumo le ubicarán como “Black Pitaya” o diciendo “¿va-querer? Manzana güeeena” cuando les ridiculiza impunemente en la televisión; misteriosamente, aún siendo nadie para ese segmento poblacional, las urnas parecen decir lo contrario porque aventajó a los otros candidatos “socialistas y democráticos”, surge entonces la pregunta: ¿habrá habido artimaña para llevarlo al primer lugar en las votaciones?, con las irregularidades y conflictos durante los referendos pasados se puede pensar que sí.  Pero su crecimiento antes de la segunda vuelta continúa ¡Cómo es posible que un violento misógino que, ante cámaras, reacciona con violencia contra su contrincante fémina, vaya aventajando las encuestas con más de un 60%! Solo es posible en un país tan espectacularmente violento como el nuestro, un fiel reflejo de nuestra sociedad machista.


Bajo todas estas premisas, votar por este personaje, sería un “Hara-Kiri” en una época de despertar a la que tanto nos costó llegar, como echar en canasto roto los gritos y carteles de los meses de lucha y manifestaciones desde las plazas; y no es suicidio colectivo por elegir a un comediante, sino por inexperiencia completa al servicio la Cosa Pública, su práctica está en las siete películas que ha hecho con su hermano, que dicho sea de paso, son de las más populares para el vulgo guatemalteco, quizá eso explique el fanatismo desmedido de sus defensores, los “Jimmyliebers” como se les llama en las redes sociales.

Por último en este soliloquio analítico que busca encontrar las razones tras el personaje que nos imponen, ¿qué nos mueve a votar? La cabeza tristemente no, estadísticamente hablando es comprobado que nos llevan a las urnas: Corazón, hígado y estómago. Entonces, desde MI corazón, MI hígado y MI estómago, comparto que: Yo no votaré por Jimmy Morales, porque no me creo el largometraje que montan él y su equipo, porque no me parece suficiente, porque si dice una mentira (como la de tener una Maestría, cosa que la Universidad niega), dirá mil más.

Desde mi asiento de periodista tuve que oír las suficientes historias de vida del Genocidio y no puedo ignorar ni olvidar las cientos de lágrimas que vi rodar en rostros tristes cuando me contaban los horrores y atrocidades vividos por ellos y sus familias; porque no puedo ignorar el juicio en el que estuve presente oyendo testimonios directos y donde se dictó prisión a un ex militar por el crimen de Desaparición Forzada de más de una docena de campesinos que solo luchaban por sus ideales; porque esas familias aún siguen buscando entre las raíces de la tierra los restos de sus hijos, padres, esposos y abuelos, porque no tienen tumbas donde ir a dejar flores cada uno de noviembre (día de los muertos), porque ya un tribunal guatemalteco aceptó el genocidio del Conflicto Armado Interno, porque la sangre que corrió impunemente en las masacres de los departamentos Quiché, Alta Verapaz e Izabal no se puede ignorar, porque 25mil asesinatos no se pueden desconocer,  porque Guatemala NO es un chiste, porque sí hubo exterminio sistemático y organizado de un grupo social, porque eso se llama: Genocidio y quien lo niegue no merece gobernar.

Jimmy Morales, candidato presidencial guatemalteco: ¿es realidad o ficción? (III)
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