El debate república-monarquía no está ni mucho menos zanjado en España

Felipe VI y las infantas Leonor y Sofía. / Casa Real
Felipe VI y las infantas Leonor y Sofía. / Casa Real

El futuro de la Corona sigue siendo una cuestión mucho más pendiente de lo que parece para los menores de 40 años. La campaña de imagen de la monarquía pretende conjurar este debate.

El debate república-monarquía no está ni mucho menos zanjado en España

El futuro de la Corona sigue siendo una cuestión mucho más pendiente de lo que parece para los menores de 40 años. La campaña de imagen de la monarquía pretende conjurar este debate.

 

A partir de noviembre de 2011, tanto las encuestas oficiales del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), como de otros consultores privados vinieron reflejando una grave caída de la aceptación de la Monarquía entre los españoles. En la fase final del reinado de Juan Carlos I, la recuperación fue levísima, casi irrelevante. Lo más llamativo de estos datos es que se rechazo es muy elevado entre los menores de 40 años, precisamente el segmento que no conoció la llamada “Transición política” ni el papel que se atribuye al ex rey Juan Carlos I en este proceso.

Al margen de los avatares personales y de su familia que estos últimos años han colocado la mirada crítica de los españoles sobre la Corona (tradicionalmente protegida de la curiosidad de los medios por un “pacto de silencio”), los recientes episodios pasados llevaron a los analistas a referirse a la crisis coyuntural de la institución; pero nivel de los problemas que acucian a la Monarquía parecen responder a una causa más grave, lo que genera una crisis estructural que la institución trata de superar.

Las medidas anunciadas para regenerar la institución responden a una necesaria estrategia de recuperación de imagen, mientras se trata de ignorar un hecho de mayor calado: Las contradicciones y cuestiones apenas tratadas o conjuradas durante la “Transición” parecen haber estallado al tiempo, afectando a diversas instituciones y situaciones de facto del Estado, entre ellas la Monarquía y la propia articulación del Estado. Son precisamente los jóvenes, menores de 40 años, quienes reclaman ejercer los derechos hurtados o mermados a sus padres y que hacen que el futuro de la Corona siga siendo una cuestión mucho más pendiente de lo que parece.

Hay que tener presentes la serie de medidas se tomaron en su momento para evitar que se pudiera planear, ni siquiera intelectualmente, el debate República-Monarquía, entre las que destaca la reforma de la Ley de Prensa de 1966, que mantenía el secuestro administrativo de aquellas publicaciones que abordaran desde perspectivas críticas o meramente disociadas de la postura del Gobierno aspectos tales como la unidad de España, la monarquía o el papel del Ejército.

Tras la desaparición de Franco se desarrolló el proceso de consolidación  de la monarquía hasta llegar a la Constitución de 1978- El fenómeno del “consenso” y la renuncia al voto republicano por parte de la izquierda, durante el debate constitucional, fueron decisivos aliados. Por otro lado, desde la perspectiva de las fuerzas opositoras (Recuérdese el manifiesto de la “Platajunta”) se había venido demandando la celebración de una consulta decisiva al pueblo español sobre  la forma del Estado y su jefatura. Conviene resaltar que, en este sentido, el propio conde de Barcelona llega a pactos con la oposición y asume lo que hipotéticamente pudiera decidir el pueblo español, no obstante lo cual su postura final es inequívoca y contradictoria. Pero ante el incierto resultado, todo eso se olvidó y la monarquía, como parte del paquete total con las autonomías, se metió sin alternativa en la Constitución de 1948.

El  franquismo previamente se había  de eficaces herramientas jurídicas y administrativas para el control de la libertad de pensamiento, el debate democrático y la represión más absoluta o la muerte civil de los discrepantes. Luego, se ha tratado de substraer a Corona frente a toda crítica, pero en la medida que se profundiza en el análisis crítico de monarquía, ésta pierde popularidad. Hasta en la reforma del Código Penal de 1995, el PSOE amplió la protección de la figura del Rey a sus antepasados y sucesores, calificado de “puro dadaísmo” por los historiadores más prestigiosos.

La reforma constitucional, desde tantos sectores demandada, en la medida que madure la sociedad española, tendrá que abordar cuestiones esenciales de la construcción del Estado, tal y como demandan de manera abrumadoramente mayoritaria los españoles más jóvenes. Resolver o simplemente plantear esas alternativas está pendiente desde la “Transición”. En España, el debate república-monarquía no está ni mucho menos zanjado.

El debate república-monarquía no está ni mucho menos zanjado en España
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