Feijóo acusa a Sánchez de “sumisión” a Junts mientras el PP deja en sus manos la moción de censura
Alberto Núñez Feijóo ha convertido el acercamiento de Pedro Sánchez a Junts en su nuevo ariete político. Acusa al presidente del Gobierno de haber “perdido la dignidad” por reconocer los retrasos en las exigencias de la formación independentista e intentar mantener a flote la legislatura. La crítica se endurece a medida que la tensión aumenta entre PSOE y los independentistas, pero el mensaje del PP convive con una realidad incómoda: Génova también busca que los de Carles Puigdemont muevan ficha.
El propio Feijóo abrió esa puerta el viernes al animar a los empresarios catalanes en Foment del Treball a presionar a Junts para apoyar una moción de censura instrumental. Una apelación indirecta que marcó un cambio de tono, pero que el PP ha vuelto a matizar: sin garantías, no habrá iniciativa parlamentaria.
El PP rechaza presentar una moción de censura sin votos asegurados. La posición está cantada y la sintetizó la portavoz popular en el Congreso, Ester Muñoz: “no está en nuestras manos”. La dirección del partido insiste en que no tiene sentido activar un procedimiento condenado al fracaso y responsabiliza a Junts de decidir si desea precipitar la caída del Gobierno.
Las señales de Junts, sin embargo, siguen apuntando al bloqueo. Jordi Turull reclamó a Feijóo que “pida perdón a los catalanes”, y la portavoz posconvergente Míriam Nogueras reiteró que la relación con el Gobierno “está rota” hasta que se cumplan los acuerdos firmados. Ni PSOE ni PP han logrado mover a los independentistas a un terreno más favorable.
Cruzadas paralelas: presión al Gobierno y guiños a Junts
Mientras denuncia la “sumisión” de Sánchez, el PP continúa lanzando propuestas que sintonizan con las demandas de Junts. Feijóo se comprometió en Toledo a impulsar una ley de multirreincidencia y a ampliar la prisión permanente revisable para delitos sexuales, una agenda penal que coincide con las prioridades del bloque independentista.
El objetivo es tensar la posición de Junts, erosionar al Gobierno y mantener abierta la posibilidad de una alternativa parlamentaria si se produce un giro inesperado.
El acercamiento de Sánchez a Junts tampoco está libre de fricciones internas. El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, volvió a marcar distancias y vaticinó que “si vamos con la oferta presumiendo de habernos arrodillado ante Puigdemont, y además se quiere ofrecer seguir así ante la situación política, me parece que nos estamos equivocando”. El barón castellanomanchego advierte del desgaste que causan las concesiones al independentismo y del impacto en un electorado socialista ya erosionado por los casos judiciales que afectan al partido como el caso Koldo.
El propio Sánchez trató de contener ese ruido reconociendo que su exministro de Transportes y exsecretario de Organización, José Luis Ábalos, fue “un gran desconocido” para él tras su ingreso en prisión, pero las críticas internas persisten.
Un bloqueo que se enquista
El Gobierno aprobó un paquete de medidas —flexibilización del uso del superávit local y retraso de Verifactu— con la intención de recuperar a Junts. Pero nada cambió. La legislatura continúa suspendida en un equilibrio precario, con el PSOE buscando aire y el PP aguardando desde la barrera.
En ese contexto, Feijóo insiste en pedir elecciones mientras evita dar el paso que podría precipitar la caída del Ejecutivo. La paradoja se mantiene: el líder del PP acusa a Sánchez de perseguir a Junts, pero su propio futuro político inmediato también depende de ellos.
La política española queda, una vez más, atrapada entre los gestos hacia el independentismo y la imposibilidad de avanzar sin él. @mundiario





