En España, al contrario que en Inglaterra, la Monarquía no es la columna vertebral
Pude hojear detenidamente un ejemplar de "Los guardianes del reino", una publicación editada en Inglaterra para conmemorar el sesenta aniversario de la coronación de la Reina Isabel II, que es un espléndido reportaje fotográfico con imágenes de la soberana, del heredero y otros miembros de la familia real y de "los servidores" del reino que posaron con los uniformes propios del oficio que debían desempeñar al servicio de Su Majestad.
Ahí están retratados el halconero y el arquero reales, los guardianes del bosque con sus perros de caza; el pesador de pan, los probadores de carne y de cerveza, el buscador de fuentes, el pregonero, el maestro de los tapiceros, el mensajero diplomático, el marcador de cisnes, la dama del Rosel encargada de llevar a la Reina hasta la orilla del mar y el guardián de la Torre de Londres.
Así hasta más del centenar de "servidores" de la Casa Real, cargos de cientos de años que no tienen hoy función alguna, tan solo representan una distinción honorífica de la Reina para sus titulares. Pero estos estarían encantados de atender a la soberana si en algún momento requiriera sus servicios.
Lo relevante es que cada "oficio", ilustre o humilde, y cada uniforme forma parte de la historia de la realeza y de Inglaterra que es un país de viejas tradiciones y arraigadas costumbres vertebrado en torno a su monarquía, una de las más antiguas del mundo, y orgulloso de todo el ceremonial que la rodea, que los ingleses saben conservar de forma admirable.
La lectura de este libro y los fastos que organizaron los ingleses para homenajear a su Reina dejan un poso de sana envidia ciudadana y hacen inevitable la comparación con lo que ocurre en nuestro solar patrio. Aquí se restauró la monarquía y en tan solo 37 años los españoles ya aparecemos como cansados y divididos en torno a la primera institución del país, pese a los buenos oficios desempeñados por el Rey en la consolidación de la democracia y a los esfuerzos que está haciendo ahora para favorecer un buen clima político.
Ocurre que en España, al contrario que en Inglaterra, la monarquía no es la columna vertebral que la mantenga unida y puede más el particularismo que un proyecto común en torno a una institución o a un concepto de país. Ángel Ganivet veía a España "como una jaula de locos rarísimos, atacados de la extraordinaria manía de no poder sufrirse los unos a los otros". Que, además, somos muy cambiantes y nos dejamos llevar por las emociones destructivas de la discrepancia.