Distancia con el PSOE: Díaz y Urtsaun se desmarcan de Sánchez en plena crisis del caso Koldo

Sumar muestra cierta distancia del Gobierno después de que la vicepresidenta primera y el ministro de Cultura no acudieran a la sesión de control en el Congreso, a la que solo asistieron García y Bustinduy para responder preguntas.
La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, interviene este miércoles en el Congreso. / @Congreso_Es.
La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, interviene este miércoles en el Congreso. / @Congreso_Es.

En política, los gestos importan. Y en una legislatura marcada por la fragilidad, la corrupción y los equilibrios precarios, la ausencia de Yolanda Díaz y Ernest Urtasun en la sesión de control al Gobierno de este miércoles no ha pasado desapercibida. La vicepresidenta segunda del Ejecutivo y el ministro de Cultura —ambos representantes de Sumar— decidieron no acudir al Congreso de los Diputados precisamente en el día más delicado para Pedro Sánchez desde que estalló el caso Koldo, cuando debía enfrentarse al primer cara a cara con la oposición tras conocerse el contenido del informe de la Unidad Central Operativa (UCO) que salpica directamente a su entorno cercano, incluyendo a su hasta ahora secretario de Organización, Santos Cerdán.

La ausencia, deliberada y coordinada, ha tenido una lectura inequívoca: Sumar quiere marcar distancias con el PSOE y mostrar, ante el electorado progresista, que no está dispuesto a cargar con el coste político de una corrupción que no le pertenece. Aunque desde el espacio de Díaz han evitado verbalizar las razones de esta decisión, el contexto, los antecedentes recientes y el simbolismo del gesto dibujan un claro intento de desmarque estratégico, con la vista puesta en recomponer su perfil propio dentro de una coalición cada vez más tensa.

A diferencia de la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, cuya ausencia respondió a motivos personales previamente justificados, tanto Díaz como Urtasun actuaron de manera claramente política. No tenían preguntas asignadas en el orden del día, por lo que su falta de asistencia no alteró formalmente el desarrollo de la sesión. Pero el hueco vacío en los escaños del Consejo de Ministros, especialmente el de Díaz, y su sustitución por el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ha sido una imagen poderosa: la líder de Sumar no quiere figurar junto al núcleo del PSOE mientras arrecian las críticas por el caso Cerdán.

No es la primera vez que Díaz manifiesta su incomodidad. En su reciente reunión con Sánchez en La Moncloa, la vicepresidenta le trasladó una serie de condiciones para sostener la legislatura. Sumar exige no solo medidas firmes contra la corrupción, sino un replanteamiento profundo de la relación entre los socios de coalición. Pide, en esencia, un “reseteo” de la legislatura, la activación de la agenda social y un cambio en el reparto de poder interno que deje de supeditar las iniciativas de Sumar a los tiempos y prioridades del PSOE.

Sumar exige un nuevo marco de relación con el PSOE

Todo ello debería abordarse en la próxima reunión de la comisión de seguimiento del pacto de coalición, aún sin fecha concreta. Para entonces, Sumar pretende exigir un calendario vinculante, la activación de medidas estancadas y el desbloqueo de iniciativas claves que llevan meses aparcadas. Pero el movimiento de este miércoles demuestra que la paciencia se agota. Díaz parece haber querido enviar un mensaje claro: no cargará con el desgaste político si no hay cambios tangibles.

Desde Izquierda Unida, uno de los espacios integrados en Sumar, el líder Antonio Maíllo ha matizado que la ausencia de Rego no formaba parte de ninguna estrategia colectiva. “Es más, si me pide mi opinión personal es que teníamos que haber estado ahí”, aseguró. Una frase que refleja las tensiones internas también dentro del propio Sumar, donde conviven posturas más pragmáticas con otras claramente dispuestas a confrontar con el PSOE.

La estrategia de desmarque de Díaz y Urtasun llega en un momento clave. El caso Koldo, lejos de disiparse, ha abierto grietas en la mayoría parlamentaria y ha reactivado el malestar en la izquierda alternativa. Mientras Sánchez intenta contener los daños y mantener a flote la legislatura con promesas de endurecer las sanciones contra las empresas corruptoras, su socio minoritario empieza a actuar con autonomía creciente, marcando perfil propio y alejándose del foco de la tormenta.

Más allá del ruido mediático, este plante tiene implicaciones profundas. Revela la erosión de la relación entre los dos pilares del Gobierno de coalición y plantea un nuevo escenario de convivencia en el que Sumar busca reequilibrar fuerzas. La confianza entre ambas partes se ha debilitado y, aunque no hay ruptura en el horizonte inmediato, sí hay una clara voluntad de recalibrar el pacto: menos subordinación, más voz propia y más exigencia.

La legislatura sobrevive, por ahora, pero lo hace entre gestos que hablan más que las palabras. La ausencia de Díaz y Urtasun ha sido uno de ellos. Un aviso a navegantes de que, si no hay cambios de fondo, ni siquiera los aliados más cercanos estarán dispuestos a acompañar al presidente en el tramo final de este ciclo político. @mundiario

Comentarios