El PSOE tiene un problema de liderazgo político y otro de socialismo afectivo
Hace días reflexionaba sobre el PSOE a raíz de una entrevista a Luis Salvador. Poco después, mi ex compañero de Granada dejaba el partido para irse al Movimiento Ciudadano.
Hace días reflexionaba sobre el PSOE a raíz de una entrevista a Luis Salvador. Poco después, mi ex compañero de Granada dejaba el partido para irse al Movimiento Ciudadano.
Como, desgraciadamente, era de esperar, en cuanto se supo la renuncia de Luis Salvador y su marcha, se activó de manera impiadosa el ataque personal al que hasta hacía unas horas había sido nuestro compañero. Una manera torpe de intentar ocultar con supuestas críticas personales el mensaje y la situación que dejaba tras su marcha un socialista que había sido referencia hasta entonces en muchos sectores y militantes del partido y que había luchado, desde la lealtad bien entendida, por cambiar el partido a nivel interno para que pudiese recuperar la confianza y a los ciudadanos a nivel externo. Vaya por delante que yo ni conozco personalmente a Luis ni voy a seguir sus pasos, simplemente defiendo un legado en el partido del que yo he sido seguidor, defensor y aprendiz.
Es verdad que cuando alguien tan relevante deja un partido, en seguida lo aprovechan los tradicionales enemigos para hacer bandera de su causa un abandono que publicitan como prueba de su triunfo. Otra cosa es que los propios socialistas caigamos en la trampa del rival político-mediático como últimamente estamos acostumbrados. Uno de los grandes problemas del socialismo es que hemos interiorizado partes del discurso de la derecha respecto a la culpabilidad de la actual crisis económica y también al odio y persecución a los políticos y funcionarios. Yo he podido asistir a conversaciones con militantes socialistas donde estaban a favor de quitar todos esos "privilegios" que disfrutan los políticos, ennumerando una serie de prebendas que, en la mayoría de los casos, eran totalmente inventadas y falsas. Por no hablar de como muchos agachan la cabeza cuando sus amigos o vecinos fascistas les echan en cara que la culpa de que España esté arruinada es de Zapatero. Hemos dejado que la derecha robe la moral a muchísimos socialistas porque desde el partido no se ha sabido hacer frente a una estrategia de comunicación política del PP basada en la mentira, la manipulación y la propaganda, que quedará para los anales académicos que se estudien en un futuro no muy lejano en las facultades de periodismo y políticas.
Como decía, la marcha de un compañero con nombre, peso y legado, siempre es dolorosa y peligrosa para los que nos quedamos. Hay dos opciones: o respetar la marcha del compañero y valorar su trabajo que deja en la memoria colectiva; o perseguir al ex compañero e intentar destruirlo por lo que pueda en un futuro contar sobre nuestro partido que ya no es el suyo. En el caso de Luis, y creo que no me equivoco, las críticas que pueda hacer al PSOE no serán nuevas de las que ya ha hecho estos años intentando cambiar las cosas que él creía que no funcionaban bien. Es más, en su blog deja claro que, a pesar de su marcha, siempre será un "socialdemócrata convencido". Bien es verdad que esto de la socialdemocracia es un concepto que algunos de los que se quedan y están bien amarrados en el partido socialista no tienen demasiado claro. ¿Cuál es, bajo mi punto de vista, el problema de la marcha de Luis? Al lugar a donde va, el Movimiento Ciudadano, liderado por Albert Rivera, para mí una versión 2.0 de UPyD. Con dos ventajas importantes: que el partido de Rosa Díez ya ha tocado su techo electoral, y que Albert Rivera es mucho más seductor que la lideresa magenta.
Pero es cierto: desconcierta bastante que alguien con 20 años de socialismo, que sigue declarándose socialista, aterrice en un proyecto nuevo, con bastantes tics populistas, y que tiene detrás de su base a personajes como Isabel San Sebastian o Herman Tersch. ¿Cómo creer que una persona puede cambiar tanto como para tener a estos compañeros de viaje y seguir proclamándose socialista? Luego están, a su vez, los que ven intolerable la marcha de Luis Salvador pero justifican cada día, en una especie de nostalgia mesiánica, la marcha de otras personas a Miami durante un año en el peor momento político del partido socialista en nuestra historia democrática. Cuestiones de prioridades y orientaciones, supongo.
Sin embargo es necesario dejar de un lado al mensajero y centrarse en el mensaje que encierra todo lo que está pasando últimamente en el socialismo español: estamos carentes de eso que se llama "socialismo afectivo". Lo que necesita el militante del PSOE no es una conferencia política a la que no ha sido invitado a participar aunque sí a trabajar para mayor gloria de los de siempre, lo que habitualmente se conoce como aquello de que unos desembarquen en Normandía para que otros desfilen en París. Lo que necesitan la mayoría de los militantes es una reactivación de humanidad y sentimiento que vuelvan a situar a los socialistas como ciudadanos orgullosos de sus siglas y comprometidos con sus vecinos y que no entren en las agrupaciones locales como si estas fuesen un campo de minas, donde la palabra compañero no tiene ningún tipo de sentido porque se alimenta, y algunos la hacen muy rentable, la palabra "rival". Sigo insistiendo en que estamos perdidos en las batallas de las etiquetas y los -ismos o -istas, cuando lo único que debemos de ser todos los que formamos parte del partido es socialistas, y nada más.
Hemos llegado a un punto donde se ve normal que si un compañero en cierto asunto opina distinto a ti, o sobre cierta persona habla de una manera diferente a tu percepción, ya es tachado de forma impiadosa como enemigo, fomentando esa desconfianza absoluta entre los militantes y cargos del partido, que ante los ciudadanos y votantes en general no pasa desapercibida. Hay gente que no se ha dado cuenta de que el PSOE puede seguir el mismo camino que el PSC en Cataluña, por algo muy sencillo: se han roto los lazos afectivos entre el socialismo y la sociedad. Toda esa masa de socialistas que crecieron con Felipe González, que abrazaron al PSOE a la muerte de Franco como su alma política, que adquieron un compromiso civil y emocional con el partido socialista a lo largo de los años, cada vez es menor, y casi siempre es la parte más envejecida de nuestra pirámide social. La gente joven, los votantes más cercanos a su madurez con Zapatero, no tienen esos vínculos emotivos con el partido, y por esto mismo la abstención, la desmovilización y la movilidad electoral a otros nuevos partidos o alternativas como IU, son realidades políticas cada lustro más evidentes y más sangrantes para el futuro del socialismo.
Es evidente que todo esto que escribo es una opinión personal que puede no ser compartida por muchas personas, pero el problema actual del socialismo no se va a resolver con una conferencia política para mayor gloria de algunos de la élite del partido. Hay dos problemas mucho más graves y urgentes: el liderazgo político y el socialismo afectivo, que no van a resolver los que no han nacido para ser líderes y se mantienen en sus cargos a base de corromper la vida interna del partido y poner su mediocridad al servicio de otros intereses personales que se consolidan en los cuartos oscuros de la política. @marcial_enacion