Chivite sacude su Gobierno para resistir el final de legislatura bajo la sombra de Cerdán

La presidenta socialista de Navarra ha ejecutado la mayor remodelación de su Ejecutivo desde que llegó al poder en 2019 al cesar a dos figuras clave del ala socialista: el vicepresidente primero, Félix Taberna, y la consejera y portavoz Amparo López.
María Chivite, presidenta de Navarra. / @mavichina
María Chivite, presidenta de Navarra. / @mavichina

La decisión de la presidenta navarra María Chivite de reordenar su Gobierno a apenas 15 meses de las próximas elecciones autonómicas no puede entenderse únicamente como un ajuste rutinario de final de mandato. Aunque la baronesa socialista insiste en desvincular los cambios de la crisis abierta por el caso Santos Cerdán, el movimiento se produce en un clima de desgaste institucional que ha ido ganando intensidad desde que la Guardia Civil situó al exsecretario de Organización del PSOE en el epicentro de una presunta trama de corrupción con ramificaciones en Navarra.

El cese de Félix Taberna, uno de los colaboradores más cercanos de Chivite y figura clave en la arquitectura política del Ejecutivo, supone algo más que un cambio de nombres. Taberna fue promocionado a la vicepresidencia tras la salida de Javier Remírez al Senado y representaba una apuesta por un perfil más técnico y de confianza personal. Su salida, ahora, evidencia una recomposición del núcleo duro socialista en favor de dirigentes con mayor recorrido orgánico en el PSN.

El regreso de Remírez como vicepresidente primero y portavoz del Gobierno refuerza esa lectura. Se trata de un dirigente con amplia experiencia interna y con un estilo político más combativo, que ya ocupó un papel central en la primera legislatura de Chivite. La presidenta lo ha justificado apelando a la necesidad de una comunicación “más didáctica y firme”, una formulación que sugiere la voluntad de blindar el discurso del Ejecutivo en un contexto adverso.

Interior y Justicia, otro frente sensible

La salida de Amparo López de la portavocía y de la Consejería de Interior añade otra capa al movimiento. Interior ha sido uno de los departamentos más expuestos durante la legislatura, tanto por la gestión de emergencias como por el clima de tensión política en torno a las investigaciones judiciales. Su sustitución por Inmaculada Jurío, con experiencia previa en la Administración y en el Parlamento foral, refuerza la idea de un cierre de filas del PSN para afrontar el tramo final del mandato.

Chivite ha subrayado que los cambios no responden a presiones de sus socios de Gobierno de Geroa Bai y Contigo-Zurekin —las marcas del PNV y Podemos en Navarra— ni a discrepancias internas por el caso Cerdán. Sin embargo, la remodelación afecta exclusivamente al cupo socialista del Ejecutivo, lo que apunta a una estrategia de control interno más que a un reajuste de la coalición.

Un cierre de filas para llegar a 2027

Desde que la UCO vinculó a Cerdán con empresas beneficiarias de contratos públicos en Navarra, el Ejecutivo foral se ha movido en una permanente defensiva. La adjudicación de las obras de los túneles de Belate, que situó en el foco al consejero Óscar Chivite —tío de la presidenta—, y el posterior cese del director general de Obras Públicas han alimentado la sensación de turbulencia política.

Aunque Chivite ha reiterado que nunca habló con Cerdán sobre adjudicaciones y que los procedimientos fueron legales, el caso ha erosionado la estabilidad del Gobierno y ha obligado a la presidenta a tomar decisiones que refuercen su autoridad y su capacidad de gestión política.

Con esta remodelación, Chivite se rodea de un equipo de confianza con el que pretende llegar al final de la legislatura sin sobresaltos mayores.  La prioridad es gobernar, no anticipar un relevo. Sin embargo, la operación también refleja la fragilidad del momento político de la baronesa socialista y la necesidad de recomponer equilibrios internos bajo una presión judicial y mediática persistente.

En un contexto marcado por la investigación a Santos Cerdán, la presidenta navarra ha optado por reforzar su control del Ejecutivo y apostar por perfiles con mayor peso político. La incógnita ya no es si estos cambios servirán para dar el “impulso” anunciado, sino si bastarán para disipar la sombra que planea sobre el Gobierno foral hasta el final de la legislatura. @mundiario

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