Carta de un ciudadano colombiano a los negociadores del Gobierno y las FARC

Iván Márquez, líder del equipo negociador de las FARC en La Habana. / Archivo
Iván Márquez, líder del equipo negociador de las FARC en La Habana.

Crece la expectativa en el país ante los eventuales acuerdos del proceso de paz y las elecciones presidenciales de mayo, en las que el presidente Juan Manuel Santos será candidato.

Carta de un ciudadano colombiano a los negociadores del Gobierno y las FARC

Señores negociadores:

 Hace algunas semanas, los ciudadanos que creemos en la paz hemos recibido con esperanza la reanudación de los diálogos que se llevan a cabo en La Habana, Cuba, desde noviembre de 2012. Concretamente, se trata del XXII ciclo de negociaciones, en el que estarán muy presentes los temas del narcotráfico y de la política minera. Y digo con esperanza porque, en medio de todos los obstáculos que el proceso ha debido solventar desde el inicio, la buena noticia es que ustedes continúan sentados a la mesa.

Sin embargo, nos gustaría que éste no fuera un ciclo más dentro de la agenda. No tanto por los temas que se han incluido, sin duda trascendentales para poner fin al conflicto (sobre todo el del narcotráfico, matriz de muchos de nuestros males), sino más bien por el momento que vive el país.

Tras los acuerdos suscritos el año pasado en materia agraria y de participación política, es urgente que ustedes, en su papel de negociadores, traduzcan todo aquello en acciones concretas. La sociedad colombiana necesita saber cómo se llevarán a cabo esas reformas. Sabemos que el pacto mismo ya es un avance, sobre todo si pensamos que hace apenas cuatro años hubiera sido imposible, pero de la misma manera desearíamos que las conversaciones avanzaran a una nueva fase. Nos gustaría ver hechos, propuestas, acciones visibles que suscribieran la voluntad de paz de las partes, incluidas las cerca de 350.000 víctimas de este conflicto. Al fin y al cabo, una idea no es nada si no se materializa, si no cobra forma.

Además, para qué negarlo, en mayo vendrán las elecciones presidenciales y el futuro del proceso puede estar en juego. No queremos ni imaginarnos lo que significaría un eventual triunfo de la derecha más radical, esa derecha intransigente y terca que aún hoy, tras casi 60 años de combates, sigue insistiendo en la vía armada como única salida al conflicto. Eso sería como seguir abriendo heridas. Preferimos una propuesta que garantice la continuidad del proceso, bien sea la del presidente Santos o la de cualquier otro candidato. Alguien que, en últimas, no se levante de la mesa. Y por eso, insisto, es necesario pasar a lo concreto. Por el bien de todos los que deseamos la paz, estos los diálogos no pueden dilatarse más. Sería, además, la mejor prueba de que todo este esfuerzo ha valido la pena.

Se habla de una nueva constituyente, de un nuevo orden social, de un nuevo país. Y sí: así debe ser. Pero no desde la destrucción del actual sistema, de lo que bien o mal hemos construido hasta ahora, sino más bien desde el mejoramiento de lo que ya existe. La idea es renovarlo, hacerlo más funcional, más efectivo. De lo contrario, entraríamos en una espiral de refundaciones que no llevaría a ningún lado.

Por eso, vemos con buenos ojos lo que viene sucediendo, por ejemplo, con la Ley de Restitución de Tierras del Gobierno y con los intentos por establecer el Marco Jurídico para la Paz. ¿Que cada una de las partes debe ceder en sus posturas iniciales? Claro, de eso se trata. No hay negociación sin renuncia. Los pactos se realizan entre dos o más actores y al pactar ninguno de ellos vuelve a ser el mismo. Algo en ellos ha cambiado: su voluntad se ha sumado a la del otro, y ahora son dos posturas en una. Es el mejor camino. Es el camino verdadero hacia la reconciliación, la justicia y la paz. Que así sea.

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