Viejos y nuevos problemas pendientes de solución

Incendios y déficits en los recursos acuíferos remiten a dos denominadores comunes: la minusvaloración practicada por las diversas administraciones y la incidencia novedosa de los primeros efectos de la crisis climática.
Palacio de la Moncloa. / laSexta
Palacio de la Moncloa. / laSexta

En este mes de agosto de 2022, en el ámbito del Estado español y en otros países del entorno europeo, estuvieron convergiendo un conjunto de circunstancias que remiten a problemas de mucha envergadura. Además del que representó la invasión de Ucrania por el Ejército ruso –en el plano de la vulneración de las reglas que deben regir las relaciones entre Estados soberanos y en las importantes consecuencias económicas que provocan en las sociedades de la UE y en el propio cuerpo social de la Federación rusa–, estamos asistiendo a la multiplicación de incendios forestales y a importantes amenazas en el suministro de agua a causa de la intensa sequía que se está registrando en las últimas semanas.

Los incendios y los déficits en los recursos acuíferos remiten a dos denominadores comunes que van mas allá de las especificidades indiscutibles que se presentan en los distintos territorios: la minusvaloración practicada por las diversas administraciones públicas (y la derivada resultante de una insuficiencia de políticas preventivas frente a semejantes fenómenos) y la incidencia novedosa de los primeros efectos de la crisis climática que se viene anunciando desde hace tiempo.

En el caso concreto del Estado español, la distribución competencial entre la Administración central y las comunidades autónomas neutraliza cualquier intento de atribuir, en exclusiva,  las responsabilidades por los errores y deficiencias en la gestión a un determinado equipo gubernamental.

Los graves incendios registrados en Castilla y León y en Galicia, por citar dos ejemplos destacados, interpelan prioritariamente a los ejecutivos que presiden Mañueco y Rueda: en ambos casos, el PP no puede invocar la excusa de una falta de experiencia porque lleva muchas décadas manejando un importante volumen de recursos humanos y materiales para intentar minimizar el desastre incendiario. Pretender reducir las causas explicativas a las acciones deliberadas –o involuntarias– de unas cuantas personas supone, a estas alturas de la historia reciente, un insulto a la inteligencia de quienes sabemos que es necesario integrar en el análisis factores tan relevantes como el abandono del medio rural, las erradas políticas forestales realizadas y el fracaso reiterado de las medidas preventivas.

La política low cost

Los datos sobre la caída de la tasa de natalidad y el informe del Consejo de la Juventud sobre las dificultades de emancipación que padecen las personas menores de 30 años, completaron el cuadro de las dolencias estructurales que ocuparon la atención mediática, aprovechando el relativo descanso proporcionado por el menor consumo de la política low cost. Se sabía, desde hace tiempo, que ambas realidades están conectadas: no es realista pensar en una inflexión de la curva descendente de los nacimientos si, por lo menos, no se varían sustancialmente las políticas (de empleo, salariales, de vivienda, de conciliación...) que inciden en las expectativas de futuro  que maneja la gente joven en nuestra sociedad. También se sabía cuál iba a ser la reacción de la oposición –PP y Vox– aspirante a dirigir los destinos del Estado a partir del año que viene.

A pesar de que no puede alegar ignorancia porque, en los 13 años que presidió el gobierno de la Xunta, conoció la densidad de todas las cuestiones que se hicieron presentes en este mes de agosto, Feijóo y su equipo no tienen propuestas relevantes que aportar. Solo manejan un registro en su táctica partidista: esperar que el proceso inflacionista y las medidas restrictivas dictadas por el Banco Central Europeo alimenten un clima de frustración social que les ayude a conquistar el poder.

Mucho antes, en este septiembre que ahora va a comenzar, Italia pasará por las urnas y tendremos un termómetro de la temperatura política que aguantaremos a partir de ahora en Estados relevantes de la UE. Si los pronósticos de las encuestas se confirman y, finalmente, el partido mas votado es lo de la fascista Maroni, estaremos emplazados, como cuerpo social, a demostrar que no queremos regresar a las dinámicas políticas de hace 100 años para enfrentar los graves problemas que padecemos. @mundiario

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