Unai Sordo y Pepe Álvarez, dos líderes sindicales en su recta final

Pepe Álvarez fue reelegido en noviembre para su último mandato en UGT y Unai Sordo acaba de revalidar en el que será también su último mandato en CC OO.
Unai Sordo, de CC OO, y Pepe Álvarez, de UGT. / Mundiario
Unai Sordo, de CC OO, y Pepe Álvarez, de UGT. / Mundiario

El sindicalismo español encara el comienzo de una fase de transición. Los dos principales referentes de CC OO y UGT, Unai Sordo y Pepe Álvarez, afrontan sus últimos mandatos al frente de las organizaciones que han pilotado en una etapa marcada por transformaciones profundas en el mundo del trabajo y en el propio papel de los sindicatos.

Unai Sordo, de 52 años, acaba de ser reelegido secretario general de Comisiones Obreras en el 13º Congreso de la organización. Será su tercer y último mandato, como establecen los estatutos. Si completa el periodo, permanecerá en el cargo hasta 2029. En este nuevo ciclo, CC OO redobla su apuesta por temas como el derecho a la vivienda, la denuncia de conflictos internacionales como el "genocidio en Gaza" o la ocupación del Sáhara, y un renovado impulso ideológico que intenta contrarrestar el discurso dominante del neoliberalismo.

Sordo, que tomó el relevo de Ignacio Fernández Toxo en 2017, ha liderado el sindicato en años de gran actividad en el diálogo social: la subida del salario mínimo, la reforma laboral que ha reducido la temporalidad a niveles históricos y los acuerdos para reforzar el sistema de pensiones. Bajo su mandato, CC OO también ha tenido que lidiar con un escenario en el que la patronal ha mostrado cada vez más resistencias a alcanzar consensos con el Gobierno y los sindicatos en reformas clave como la reducción de la jornada laboral o el nuevo estatuto del becario.

En paralelo, Pepe Álvarez, de 68 años, también encara su tercer y último mandato como secretario general de UGT, tras ser reelegido en el 44º Congreso de la organización en Barcelona. Con más de tres décadas de trayectoria sindical, primero en UGT de Cataluña y luego al frente de la confederal, Álvarez es uno de los históricos del sindicalismo español. Su etapa actual concluirá en 2028, cerrando así casi cuatro décadas de dirección.

No todo es un problema de salarios

El balance de su mandato es igualmente significativo. UGT ha crecido en afiliación un 20% en los últimos cuatro años y representa a casi un tercio de los trabajadores del país. Bajo su liderazgo, el sindicato ha impulsado avances como la subida del salario mínimo, la reforma laboral o la negociación en materia de pensiones. Además, Álvarez ha puesto sobre la mesa una cuestión que marcará la agenda de los próximos años: la necesidad de aumentar la financiación pública para sindicatos y patronales, como reconocimiento de su papel en la negociación colectiva y en los planes de igualdad en las empresas.

Ambos líderes han coincidido en colocar la reducción de la jornada laboral y el acceso a la vivienda en el centro de sus reivindicaciones. Y ambos parecen haber entendido que el sindicalismo del siglo XXI ya no puede limitarse a la clásica defensa del salario y las condiciones laborales, sino que debe abordar también cuestiones más amplias que afectan a la calidad de vida de la clase trabajadora.

Con Sordo y Álvarez iniciando sus últimos mandatos, se abre inevitablemente el debate sobre el futuro del sindicalismo español. ¿Quién tomará el relevo? ¿Qué tipo de liderazgo emergerá en un contexto marcado por la fragmentación política, el avance de opciones reaccionarias y los cambios vertiginosos en el mundo del trabajo?

El cierre de esta etapa es también una oportunidad para que CC OO y UGT se replanteen su lugar en la sociedad y su capacidad de conectar con nuevas generaciones de trabajadores, especialmente en sectores marcados por la precariedad y la digitalización. Un sindicalismo que quiera seguir siendo relevante deberá, además de defender conquistas históricas, ser capaz de innovar en su discurso y en su acción. Sordo y Álvarez dejarán probablemente un legado que será valorado con el tiempo. Pero ya toca preparar el terreno para un nuevo ciclo, donde los jóvenes pedirán paso. @mundiario

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