Del método científico a las simplezas y paradojas sociales

Hombre mirando una pantalla. / Pexels.com.
Hombre mirando una pantalla. / Pexels.com.

La dificultades actuales del mundo y la de nuestro país, producen en nosotros una gran incertidumbre. Las guerras y las grandes desigualdades las acrecientan.

Del método científico a las simplezas y paradojas sociales

Existe una importante diferencia entre las ciencias de la naturaleza, que tratan de captar la esencia simple de los fenómenos observables y describirlos a través de leyes sencillas, en forma de expresiones matemáticas, y la ciencia política, como ciencia social, que estudia y analiza las relaciones de poder entre la autoridad y los individuos, grupos, organizaciones, estructuras y procedimientos, que conducen finalmente a las decisiones.

Expresado de otra forma, la ciencia: “busca las explicaciones más simples de los fenómenos más complejos” (Whitehead), o siguiendo a Occam: “Si dos fórmulas de distinta longitud explican un mismo fenómeno con igual merito, la más corta es verdadera, la otra falsa “.

Esto, es así en la ciencia, pero no es válido en absoluto como formula general, en el caso de las diferentes relaciones de la organización social.

Sin embargo, nuestra tendencia a buscar igual formulación de los problemas complicados y dificultosos a través de soluciones simples, está fuertemente implantada en la sociedad y es usada e impulsada sobre todo por los populismos imperantes, como forma de convicción colectiva.

Las explicaciones han de darse de la forma más sencilla posible, pero no más sencillas. (Zizek).

La organización de los países es muy compleja y no se pueden entender sus soluciones a partir de sus partes simples como se nos pretende hacer creer o deseamos muchas veces creer.

No se podría comprender la globalidad de nuestra catedral compostelana observando atentamente sus campanas o una vidriera.

En la vida pública, el conocimiento, supone para los políticos, además de un entendimiento racional de los problemas, algo de inspiración, y cierta convicción en determinados valores ideológicos y éticos.

Malo si no saben combinar la razón y el corazón en la toma de decisiones. Peor si no tienen sentido común y sus bolsillos no son transparentes.

Para los ciudadanos, conocer, es, sobre todo, entender su propia realidad y la de su país y apostar por aquello que favorece sus intereses y los de esa comunidad, que, en una sociedad democrática debiera ser interiorizado por todos y en justa correspondencia, supondría apoyar a aquellos que favorecen esos intereses sin caer en contradicciones paradójicas.

La dificultades actuales del mundo y la de nuestro país, producen en nosotros una gran incertidumbre. Las guerras y las grandes desigualdades las acrecientan.

Esta falta de certezas genera miedo, y este sentimiento es usado hábilmente por muchos de los poderes dominantes y por los políticos a su servicio, cuando se empeñan en engañarnos al garantizar seguridades imposibles e indemostrables a través de simplificaciones propagandísticas de nuestra realidad, que lamentablemente aceptamos sin analizar en demasiadas ocasiones.

Hay una clara tendencia del PP y Vox a buscar la víscera más que el cerebro del ciudadano, como mecanismo para alcanzar el poder.

Hoy, y como consecuencia interesada de todo ello, la información que recibimos está llena de virus ideológicos, de noticias manipuladas o de medias verdades.

El ciudadano medio se alimenta de estas noticias basicamente a través de las televisiones, radios y prensa escrita o de lo que recibe por internet.

Es más, se eligen estos medios según los gustos o forma de pensar, asumiendo en muchos casos las patrañas y la posverdad con más atención que los propios hechos, y buscando en todo caso atajos para llegar a conclusiones rápidas pero carentes de reflexión previa.

De no ser asi, no se explicaría que se sigan creyendo sin contrastar múltiples  falsedades con tanta facilidad, con graves consecuencias para la democracia como es el caso de : consentir por parte de la opinión pública, que por la voluntad del PP se mantenga bloqueando el poder judicial, después de haber caducado  constitucionalmente hace cinco años; que la corrupción salga impune electoralmente incluso en los casos flagrantes; que los intereses generales como por ejemplo la sanidad o la educación, se pongan en manos de  gestores de intereses privados, o  que se sigan celebrando por tanta gente, los disparates y el victimismo  de una Ayuso  sin castigo electoral alguno cuando niega evidencias apabullantes con total cinismo.

No es tampoco democráticamente explicable, que pueda volver a gobernar Trump, o que lo hagan Matteo Salvini y Giorgia Meloni en Italia;  Viktor Orbán en Hungría, o Javier Milei en la Argentina, entre otros muchos ultraconservadores, por ser contrarios a los servicios públicos, a las pensiones, o a determinados derechos y libertades conseguidos con grandes esfuerzos.

Y a pesar de ello, los apoyan muchos de aquellos que menos los necesitan y a los que menos les conviene.

Desde siempre, se sabe que la educación y la información veraz e interesada en la defensa de lo público, es el soporte de una sociedad decente.

Desde hace años, sufre nuestra sociedad varios problemas agudos, además de los de sobra conocidos relacionados con las periódicas crisis del capital, con sus reiteradas soluciones de reducir salarios, desregular el mercado, y privatizarlo todo, a la vez que se nos exige un elevado consumo.

Destacaré aquí únicamente dos con especial incidencia en nuestras vidas: de una parte, estamos invadidos por un gran número de medios de comunicación en manos de fuerzas informativas conservadoras que, han pasado de ser liberados de la sociedad para vigilar al poder, a creerse liberados del poder para vigilar a la sociedad, como nos advierte Inaki Gabilondo.

De otra parte, la educación que recibimos nosotros y nuestros hijos, con más información que nunca, pero sin su equivalencia en conocimientos, ha dejado hace tiempo de formar personas aptas para gobernarse por sí mismas, por no haber aprendido a usar la capacidad crítica, asunto este, que nos impide distinguir entre lo necesario y lo trivial, entre una información veraz y otra perjudicial para nuestros intereses.

Estamos hoy concretamente en nuestro país, ante una nueva oportunidad con muy pocas esperanzas de entendimiento político en las cuestiones de Estado, con una sociedad artificialmente polarizada o enfrentada, donde se demoniza por la derecha y la ultraderecha sin descanso al gobierno, y donde de este modo se elimina la posibilidad de cualquier acuerdo común beneficioso.

Solo hay una contradicción mayor que la de negar la democracia a los anti demócratas: aceptar que estos acaben democráticamente con aquella, afirma Wagensberg, y estamos en camino de que esto suceda.

Por lo de pronto, ya han vuelto a aparecer los viejos fantasmas cainitas de las dos Españas.

Mal asunto este. @mundiario

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