Los absurdos y las soluciones de Albert Camus

Alberto Nuñez Feijóo, líder del PP. / @ppopular.
Alberto Nuñez Feijóo, líder del PP. / @ppopular.
No es posible y es muy improbable que aquello que ya está constatado y probado a lo largo de muchos años cambie: el PP nunca favoreció a pensionistas, trabajadores o jóvenes de nuestro país, desde que existe la democracia en el mismo.
Los absurdos y las soluciones de Albert Camus

Casi todos sospechamos que un absurdo en política no es nunca un obstáculo y estamos en camino nuevamente de demostrarlo.

Por ello, antes de nada, definamos que es un absurdo.

Según la RAE (Real Academia Española) es aquello que es contrario y opuesto a la razón; que no tiene sentido. Un dicho o hecho irracional, arbitrario o disparatado.

Otras definiciones son: “aquello que es contrario a la lógica y a la razón”, “querer revivir algo que hemos eliminado por nefasto”, o “querer imitar a aquellos a los que no nos parecemos en nada”.

Hay tres formas - según Camus- de combatir el absurdo, (se refería basicamente a la vida, pero para el caso nos vale también “la vida política”).

Su primera formula es abordarlo a través de la fe, una especie de huida hacia delante, un autoengaño de aquellos que no desean conocer la verdad, o no quieren creer lo que el sentido común y la lógica nos dice que no es cierto, ni posible.

Siempre el que engaña encuentra a quien se deja engañar, como sugería Maquiavelo.

No es posible y es muy improbable que aquello que ya está constatado y probado a lo largo de muchos años cambie: el PP nunca favoreció a pensionistas, trabajadores o jóvenes de nuestro país, desde que existe la democracia en el mismo.

Los avances históricos sociales y en derechos contemporáneos, no se deben a esta formación política; la mejor prueba de ello, es que los ha vuelto a votar en contra en esta legislatura.  

La segunda solución es el suicidio político, que supone negar sin más los problemas complejos, no luchar, no votar, no pensar, y plegarse sumisamente a la propaganda mediática sin contrastar nada.   

Recuerdo aquí a Batrina y uno de sus versos: “si quieres ser feliz como me dices/ no analices muchacho, no analices”.

Y él tercero, es convertirse en héroes trágicos, reconociendo que la política opositora del PP, en esta campaña, basa sus argumentos en absurdos, incoherencias, bulos, y falsedades, pero, a pesar de ello, seguir intentando encontrar un sentido colectivo de lo conseguido y seguir luchando por los ideales de justicia y libertad.

Podemos y debemos convertirnos en unos Sísifos rebeldes para combatir este absurdo global, como un acto de rebeldía y dignidad.

Pueden las palabras que escuchamos contradecir los hechos, y se pueden tirar piedras sobre el árbol que da frutos, como en el proverbio árabe.

Puede, parte del electorado, sacar conclusiones suficientes a partir de datos insuficientes; atender con entusiasmo ingenuo frases simplonas y emocionantes, o usar la secreción de bilis colectiva inducida, como una parte que impulsa este absurdo, que ahora recibe el nombre eufemístico de polarización.

Lo cierto es, que en circunstancias como las actuales, muchas de las soluciones reales alcanzadas por el gobierno de coalición no se podrían haber producido sin irritar y contradecir a ricos y poderosos, y estas decisiones siempre pasan factura.

Estar en contra une más que estar a favor para los ultra conservadores, sobre todo entre determinados financieros, grandes empresarios arcaicos, y por los conocedores del principio que utiliza con gran destreza el PP y que viene a decir: “entre hacer y no hacer, mejor no hacer”.

¿Qué es el “no hacer” para el PP?

Este “no hacer” significa estar solo a disposición del mercado y de estos financieros y empresarios, promoviendo exclusivamente lo que ellos quieran, como por ejemplo: que los errores de este zoco de empresarios casposos, de ciertos bancos y financieros los paguemos  entre todos; que el despido sea más barato; que el empleo sea de menor calidad y más precario; que las pensiones se obtengan, en el futuro, a través de planes privados con las entidades de crédito al cumplir los 72 años, como acaba de manifestar el Circulo de Empresarios, o que la sanidad y la educación públicas se vayan convirtiendo en privadas después de un proceso de lento  deterioro, y  concesiones otorgadas ejerciendo de forma partidista sus competencias autonómicas en ese sentido.  

Es decir, es un “no transformar nada” que perjudique esos intereses privados.

En eso estamos, y se decidirá con nuestro voto personal en unos días, unos a través de la fe, de dogmas fracasados, de lo que indiquen medios de comunicación afines al poder económico; otros, suicidándose e inmolándose al convertir su ideología en “ideolatría”,  aun en contra de sus necesidades, y finalmente, otros buscando cierta explicación con sentido crítico, a toda esta irracionalidad, incoherencia e insensatez, lo que los lleva a convertirse en héroes, que siguen creyendo que es posible un mundo mejor, más igualitario, sostenible, más diverso, y  donde cabemos todos.  

Lo malo es, que en una sociedad donde son necesarios los héroes, ¡algo no va bien! @mundiario

Comentarios