La lucha contra el franquismo y a favor de la democracia merece reconocimiento

Si la puesta en marcha de una serie de eventos bajo el lema España en libertad, con el primero en Madrid, contribuye para dar a conocer a las jóvenes generaciones cómo era España en el año de la muerte de Franco en 1975, bienvenida sea la iniciativa del Gobierno.
Pedro Sánchez, al frente de España en libertad. / X.
Pedro Sánchez, al frente de España en libertad. / X.

He leído un sinfín de opiniones al respecto: desde el argumento que sería suficiente conmemorar el día de su fallecimiento –20 de noviembre–, pasando por la opinión que el verdadero año de la Transición fue 1977, porque fue cuando tuvieron lugar las primeras elecciones generales, hasta el posicionamiento de que a nadie le interesa ya lo que pasó hace medio siglo.

Habiendo sido en esos años corresponsal del semanario alemán Die Zeit, para mí tiene sentido que los que fuimos testigos recopilásemos nuestras propias memorias de 1975. Un año marcado por la gran incertidumbre que vivimos, dada la larga enfermedad del dictador, en primer lugar; la complicada situación política, económica y social en la que se encontraba España, en segundo lugar, y la incertidumbre por el resultado de la batalla de tantos opositores al régimen contra los poderes fácticos dispuestos a torpedear el camino a la democracia, en tercer lugar. 

Porque así, los que no vivieron la Transición, tendrán un recuerdo de primera mano de lo que pasó. Y los que como yo tuvieron la fortuna de ser parte de ella, conocerán los diferentes matices que cada uno de nosotros puede aportar.

Evocaré pues a mi manera el fatídico año hace medio siglo: la agonía de Franco fue lenta. Varias crisis de salud llevaron a intervenciones quirúrgicas innecesarias que le fueron debilitando cada vez más. Lo que no impidió que siguiera firmando sentencias de muerte, las últimas contra tres guerrilleros de los FRAP y dos miembros de ETA, ejecutados a finales de septiembre. El 22 de octubre sufrió un tercer ataque cardíaco. Delante de su residencia en el palacio de El Pardo hacíamos guardia cientos de periodistas y curiosos, para poder dar en el instante preciso la noticia de su fallecimiento. 

Después del 20 de noviembre se celebraron a lo grande el funeral del dictador y la proclamación de Juan Carlos I como Rey de España. Detrás del telón de estos actos públicos las diferentes familias franquistas siguieron disputándose su futuro protagonismo. Mientras que las corrientes opositoras siguieron preparando sus estrategias para la restauración de la democracia. 

A las jóvenes generaciones es bueno recordarles que los partidos políticos estaban prohibidos y que solo a partir de 1974 se les permitió a asociaciones políticas capaces de reunir 25.000 firmas ciudadanas inscribirse en un registro. Cuando Franco murió, su número llegaba a 180. No obstante, para conocedores de la escena como Walter Haubrich, corresponsal del diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung, estaba claro que con el tiempo solo se mantendrían activas cinco tendencias políticas: los franquistas, los conservadores y liberales, los cristianodemócratas, los socialistas, así como los comunistas.

El 31 de octubre de 1975, pocos días antes de que Franco falleciera, el semanario Die Zeit publicaba una crónica mía, que también se encuentra en mi libro ¿Quo Vadis, Europa? (Mundiediciones 2021, 223 pp.): “Los obispos piden que se rece, los generales controlan las medidas de seguridad – y en la Bolsa de Madrid suben los valores cotizados. Mientras más se acerca el día X, por algunos temidos, por muchos añorados, más se discuten en las empresas, en las familias y en los bares la pregunta si, después de la muerte de Franco, España entrará en una etapa más bien parecida a la que está pasando Portugal después de su revolución o si, bajo el reinado de Juan Carlos, podrá llevarse a cabo una transición de la dictadura a la democracia, sin crisis política ni económica. ¿Cómo va a reaccionar el mundo laboral, hasta ahora bastante reprimido? ¿Cómo la economía, llena de inseguridad y con muchos problemas de salud, ante el cambio en la jefatura del Estado?”

La economía mundial estaba desde 1973 en plena “crisis del petróleo”, ralentizando el crecimiento, aumentando el paro y disparando la inflación. También en España. Un país en el que, a pesar de que sindicatos como Comisiones Obreras y UGT estaban prohibidos, se perdían cada año siempre más horas de trabajo por huelgas ilegales de mucho alcance. Lo que me llevó a publicar el 19 de diciembre de 1975 en Die Zeit un perfil de Marcelino Camacho. Líder indiscutible de CC OO, se convirtió, muy a su pesar, en uno de los primeros héroes y villanos de esta nueva era política, económica y social. También está reproducido en mi libro ¿Quo Vadis, Europa?

“Camacho, que ha pasado 14 de sus 57 años en la cárcel, preferiría no ser protagonista. 'Soy un humilde trabajador, que tiene ni más méritos ni más condiciones de liderazgo que mis compañeros. Quizás algunos años más de experiencia. Pero no soy el ombligo del mundo. Ahora, estoy convencido que el movimiento obrero está cada día más fuerte y que nuestra lucha por mejorar las condiciones de la clase trabajadora tiene que seguir', se sinceraba.

Los pasados días son un vivo ejemplo de las dificultades con las cuales Camacho tiene que convivir. La amnistía parcial que se decretó después de asumir Juan Carlos I el trono, había beneficiado, entre muchos otros, también al líder sindical. Después de haber sido condenado cinco años atrás por dirigir la ilegal Comisiones Obreras, salía de la cárcel de Carabanchel el 1 de diciembre. 

La libertad solo le duró 177 horas, llenas de reuniones, entrevistas y contactos para planificar las actividades del sindicato y de la oposición, que tuvieron su fin el 7 de diciembre a las nueve horas y quince minutos. La razón que le dieron para su nueva detención, mientras que iba al quiosco para comprar prensa, fue el fomento de manifestaciones ilegales y su participación activa en la preparación de una conferencia del cristianodemócrata Joaquín Ruiz-Giménez, prohibida a última hora. Al juez, encargado del caso, estos argumentos de la policía le parecieron demasiado vagos y llenos de insinuaciones, por lo que decretó su nueva libertad...

Tolerancia y reformas (democráticas) son las dos condiciones que muchos españoles reclaman a sus dirigentes políticos. También a Marcelino Camacho, para quien la Guerra Civil es una cosa del pasado: 'No hay ni vencedores ni vencidos. Todos los españoles sin excepción deben tener la oportunidad de dar a conocer su opinión en elecciones libres. No soy un revanchista ni un radical ni un extremista, ni tengo odio. Todo lo contrario. Aceptaré la opinión de la mayoría ciudadana'.

Los próximos meses dirán si la guerra contra él también pertenece al pasado. En caso de que el nuevo Gobierno encarcele nuevamente a Camacho, defraudará a los muchos españoles para los que el líder sindical es un símbolo de libertad y democracia”.

Los siguientes meses de 2025 determinarán si la idea del actual Gobierno de poner en marcha una serie de eventos bajo el lema España en libertad ha sido buena o solo ha servido para aumentar la crispación política. Conmemorar la muerte del dictador es para la ex directora de El País Soledad Gallego-Díaz una pérdida de tiempo. Pero recordar a los que se empeñaron en recuperar la democracia, sí tiene mucho sentido y debería contar con el apoyo de una mayoría amplia. @mundiario

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