Para muchos extraña celebración del cincuentenario de Franco y el efecto serendipia
La crítica y valoración de la ocurrencia del Gobierno de celebrar el 50 aniversario del fallecimiento de Franco, además de la oposición, se está produciendo en ámbitos de analistas e historiadores. Estos últimos consideran que, como ya se hiciera al cumplirse los 40 años de la muerte del “caudillo”, es más lógico, en todo caso, examinar aquel periodo de la historia con la perspectiva que brinda el avance de la investigación y los documentos adecuados para enriquecer la historia. Esa crítica ponderada usa la expresión que, en casos semejantes, empleaba Norberto Bobbio para referirse a iniciativas parecidas de políticos, quien recordaba aquella famosa frase de Einstein de que hay dos realidades infinitas: “el Universo y la estupidez”. Estas cosas producen a veces el efecto serendipia, o se encuentra lo que no se busca, por casualidad, o lo contrario de lo pretendido, según se planteen.
La resistencia del Rey Felipe VI a involucrarse en estos actos se comprende. Ya su padre, en un documental de la televisión francesa sobre cómo llegó a ser Rey de España dijera que en su presencia (aparte de los elogios que dedicó al dictador tras su muerte), no permitía que se hablara mal de Franco y rubricaba: “El me puso”. Y Felipe es consciente del origen de la situación que él mismo protagoniza. Conviene recordar que Laureano López Rodó en su libro “La larga marcha hacia la Monarquía” escribe que el primer acto para restaurarla fue la guerra civil. Y que el propio Franco, al anunciar a quien designa como sucesor, ante las Cortes del momento, el 22 de julio de 1969 lo deja claro: “En este orden creo necesario recordaros que el Reino que nosotros, con el asentimiento de la Nación, hemos establecido, nada debe al pasado; nace de aquel acto decisivo del 18 de julio, que constituye un hecho histórico trascendente que no admite pactos, ni condiciones. La forma política del Estado nacional establecida en el principio 7º. de nuestro Movimiento, refrendada unánimemente por los españoles, es la Monarquía tradicional, católica, social y representativa”. O sea, una monarquía de estilo visigótico, ex novo, que él mismo instaura. Y esto añádase que se pasó del franquismo a la monarquía parlamentaria, sin el referéndum previo que se demandaba.
Sánchez y su equipo han programado 50 años, visitas y otros eventos para recordar al franquismo y a quienes lo combatieron. Pero el asunto viene a revivir viejos sentimientos que creíamos superados, y entre quienes más se esforzaron en ello fuera el propio Marcelino Camacho, comunista, en su defensa de la amnistía de 1977, que fue un ejemplo de generosidad y perspectiva hacia el futuro que, desde entonces otros, que son socios del Gobierno de progreso del doctor Sánchez, pretenden desmontar y al que califican de “régimen del 78”, con evidentes y rebuscadas coincidencias, como si la Transición fuera la mera transformación del franquismo vigente.
La opinión de Stanley Payne
Los historiadores más solventes, como Stanley Payne, cuando analizan la figura de Franco concluyen que, si bien es cierto que aborrecía la democracia liberal en todos los sentidos, del mismo modo aborrecía el comunismo y que guste o no evitó que la deriva de la II República hubiera llevado a una dictadura patrocinada por Stalin. Cuando yo entrevisté al general Enrique Líster (grabación que se halla en el Arquivo Sonoro de Galicia y en la colección de la “Hoja del Lunes de Vigo”), además de defender la figura de Stalin, me dijo que él luchaba por la República como camino para alcanzar la dictadura del proletariado. Ahondando en los perfiles de la figura de Franco, los historiadores más solventes coinciden y matizan aspectos diversos. Su régimen surgió a raíz de una cruenta guerra civil, como consecuencia del fallido golpe de estado del 17/18 de julio de 1936. Hubo una brutal represión. Fue un estado totalitario durante 39 años, basado en un régimen eminentemente personalista, en su primer tiempo plenamente fascista y fue un estado teocrático hasta la aprobación en referéndum de la ley de libertad religiosa en 1966. El catolicismo primaba en la educación y en cualquier asunto de orden público y privado. No existía libertad de prensa. Se fomentó el desarrollo industrial de determinadas regiones, mientras que se abocó a otras a mantener una arcaica estructura agrícola. No existía ningún tipo de libertades, de asociación, de sindicación, o de formar partidos políticos.
Hay un aspecto curioso cuando, por parte de algunos se alaba y otros critican el célebre asunto de la construcción de los pantanos. Los segundos recuerdan que todos ellos formaban parte de un plan hidrológico incluso anterior a la II República, pero los primeros dicen que, por lo menos, los hizo. En esa línea, se considera un aspecto positivo que evitó que España se convirtiera en un país comunista, a elevado precio. Pero tampoco se puede negar, con el hándicap de la emigración de algunas regiones como Galicia, el desarrollo económico y social de España, sobre todo en la segunda etapa de la dictadura (1957-1975). En ese sentido, se considera que en ese periodo surge en España la clase media, que asumía su responsabilidad, y que luego sería la base que sustentó la transición en España. Una medida poco conocida fue la Ley de Ordenación Bancaria de 1962 estipulaba que los Bancos debían entregar el 20 % de su beneficio anual para financiar los Planes de Desarrollo, que a partir de los años 60 jugaron un importante papel en la política económica, dirigiendo inversiones públicas hacia provincias desfavorecidas y sectores industriales necesitados. Por cierto, que ni alcaldes y los concejales no cobraban un sueldo público. Se crearon el IRYDA y el ICONA, organismos públicos activos en el desarrollo agrario y la protección medioambiental.
Con más precisión, el historiador Jesús Palacios señala como el gran lastre de Franco la represión, basada en una victoria absoluta de una guerra civil de exterminio del enemigo, dialéctica largamente mantenida Y, por otro lado, que no se retirara antes del poder, de la dictadura personal. Un momento oportuno para dejar la Jefatura del Estado podría haber sido 1969, cuando designó a D. Juan Carlos como sucesor con el título de Príncipe de España. Pero tampoco hay que negarle el ya señalado desarrollo económico y social de España, sobre todo en los últimos años de la dictadura (1957-1975). También señala que se rodeó de colaboradores buenos y malos
La guerra entra las dos Españas
Su virtud como político. Franco elegía a sus colaboradores (buenos o malos) y aceptaba las propuestas que estos le hacían, digamos que era consciente de sus carencias en ciertas materias. Para José María Marco lo peor de Franco fue mantener durante 40 años la idea de la guerra entre las dos Españas. También para Bardavio en el balance de Franco fue positivo el desarrollo de las clases medias. Y lo peor obviamente la represión mantenida en todos los órdenes. Esa misma idea positiva de la creación de la clase media la comparte el historiador Luis Eugenio Togorés, experto en historia militar y en historia de las relaciones internacionales. Su último libro es “Historia de la Guerra Civil Española”. Llega a decir que Franco era consciente de que, tras él, las cosas tendrían que cambiar. También anota los logros sociales, en especial la construcción de la Seguridad Social, del desempleo, y el seguro sanitario algo que no tiene EEUU. Antonio Canellas también le da valor positivo su capacidad para neutralizar la acción del comunismo totalitario en España, evitando que el país corriera la misma suerte que las naciones del Este europeo al concluir la Segunda Guerra Mundial.
En la aparición de la clase media anota el profesor Canellas que se modernizó el país, a partir de los años sesenta con la adopción de una política económica atenta a las directrices del FMI y del Banco Mundial, que permitió la atracción de inversiones extranjeras con el aumento de la industrialización, la apertura al turismo y la mejora generalizada de las infraestructuras. Si a ello se añade el establecimiento de un Estado del bienestar con un sistema de salud público, de pensiones y prestaciones sociales, similar al adoptado por los demás países del occidente europeo, se entiende la creación de una amplia clase media. Pero se mantuvo como un lastre el no fomentar la reconciliación sincera de los españoles según la dicotomía vencedores-vencidos, en que todos los analistas coinciden.
Lo que queda por saber si el mejor modo de afrontar estos 50 años es el modo que propone Pedro Sánchez. ¿ es que tiene una obsesión con él? @mundiario.