Yo, Leire: del anonimato institucional a fenómeno mediático

Durante años fue una figura clave en la trastienda del poder socialista: negociadora, gestora, sombra fiel de Santos Cerdán y persona de confianza de Pedro Sánchez. Pero Leire pasó desapercibida. Hasta ahora.
Leire Díez, exmilitante del PSOE. / RR SS.
Leire Díez, exmilitante del PSOE. / RR SS.

Después de tantos años siendo la mano derecha de Santos Cerdán, responsable del voto por correo, encargada de las negociaciones sobre las centrales nucleares con la empresa del uranio y persona de la máxima confianza de Pedro Sánchez —que no es poca cosa—, lo mínimo que una espera es que alguien te reconozca en el ascensor. O en el pasillo. O al menos en la cafetería del Congreso. Pero no. Nadie me conocía.

Así que, como dijo Andy Warhol, decidí ejercer mi derecho a mis quince minutos de fama. Y tengo que decir que me he pasado : llevo ya casi dos semanas de éxito.

¿La razón? Sencilla. Bastó con que se publicara que yo estaba buscando información sobre ciertos personajes —nada del otro mundo, un poco de investigación institucional rutinaria, como quien revisa la lista de invitados a una boda—, incluyendo a un teniente coronel de la UCO, y ¡pum! Portada. En plural. Portadas. Con fotos mías, algunas que ni yo recordaba haberme hecho. Datos de mi vida que desconocía, y eso que he vivido conmigo misma todos los años. Me enteré por un digital que una vez fui monitora de campamento en 1998. No me acordaba. Ellos sí.

Hasta el prestigioso periodista Bertrand Ndongo, tuvo que dar codazos con más ímpetu del habitual para ponerse en primera línea, micrófono en mano, por si se me escapaba un no comment que pudiera analizarse durante 48 horas en tertulias radiofónicas y televisivas.

Pero lo que verdaderamente marca un antes y un después en la vida pública es el reconocimiento nominal. He entrado, con esfuerzo y algo de escándalo, en ese exclusivo club de los que ya no necesitamos nombre y apellido para ser reconocidos. Me refiero a los Aznar, Feijóo, Ábalos, Zaplana... y ahora, Leire. Como Madonna, pero en versión institucional y con menos purpurina.

El lunes me llamó una editora de Esfera de los Libros. El martes firmé. El miércoles me ingresaron el adelanto: 200.000 euros, más la promesa de gestionar una serie para televisión. El título está claro: Yo Leire

Lo he tomado prestado de Robert Graves, que dedicó su Yo Claudio a aquel emperador tartamudo que sobrevivió a las traiciones palaciegas simplemente porque nadie le consideraba relevante. Me siento comprendida. Aunque en mi caso, el pasar desapercibida fue tan eficaz que durante una década no me mencionaron ni en los corrillos de las recepciones del Senado adonde ahora me llaman apresuradamente. La situación ha cambiado tanto que hasta los camareros de la Moncloa me dicen: ¡Buenos días, Leire! con una sonrisa cómplice.

Y mientras mi nombreocupa portadas, los tuiteros se lanzan a buscar mis antiguos tuits como si fueran arqueólogos del escándalo y los programas matinales montan mesas redondas para analizar mi proyección política ,el empleo ha alcanzado máximos históricos, y el paro mínimo... pero a nadie le importa. Ni una mención. Solo Leire. Yo. Yo Leire

No se engañen: no ha sido fácil. La fama repentina tiene efectos secundarios. Por ejemplo, ahora tengo que ir maquillada hasta a por el pan, porque los paparazzi se esconden detrás de los buzones. Uno me abordó mientras recogía una bolsa de reciclaje. Lo que no sepa el periodismo de investigación, lo completa la prensa rosa con hipótesis creativas. Un suplemento dominical me adjudicó un romance con un diplomático esloveno. No le conozco. De momento.

También ha aparecido una coach de Miami asegurando que compartimos retiro espiritual en Ibiza. Me encantaría, pero lo más místico que he hecho últimamente ha sido leer el BOE en ayunas.

Y sin embargo, debo reconocerlo: me lo estoy pasando en grande. Porque hay algo profundamente liberador en que te hagan memes. Significa que ya formas parte del imaginario colectivo. Cuando mi sobrino de ocho años me mandó uno por WhatsApp con la frase cuando Leire investiga, tiemblan los móviles, supe que había triunfado.

Por supuesto, ya están apareciendo los Leire believers y los Leire haters. A los primeros, gracias por el entusiasmo; a los segundos, os leo con atención: algunas críticas me están dando ideas para la segunda temporada de la serie.

Y mientras tanto, sigo cumpliendo con mis funciones. Porque sí, en medio de este torbellino mediático, sigo trabajando, pero ahora con más seguidores en X (antes Twitter) que el Museo del Prado. El otro día me escribió una señora desde Zamora diciendo que por fin alguien en política le caía auténtico. Me emocionó. Aunque también me preguntó si tenía algo que ver con los OVNIS. En fin, hay gente para todo.

No sé cuánto durará esto. Tal vez pronto vuelva al cómodo anonimato institucional. Tal vez no. En cualquier caso, estoy preparada.  Yo seguiré. Yo miraré. Yo actuaré. Yo, Leire. @mundiario

Comentarios