Historias retrasadas condicionan el futuro de un presente inestable

Tanto en el plano internacional, como en el más cercano, vuelven a imponer la atención tendencias nunca desaparecidas.
El centro metropolitano de Tel Aviv, Israel, bajo ataque iraní. / RR.SS
El centro metropolitano de Tel Aviv, Israel, bajo ataque iraní. / RR.SS

Por si fuera poco lo que acontece en Palestina y Ucrania, el paisaje se ha complicado con lo que está sucediendo a Irán. Su añadido de conflictividad a la escena internacional tiene  capacidad para contaminar no sólo lo que denominábamos “Oriente Medio”, sino también el resto del mundo. A las  formulaciones del colonialismo después de la Primera Guerra Mundial en el territorio del antiguo Imperio Persa y a sus intentos de independencia económica en 1953,  y a las acciones y reacciones en la etapa del Shá y  Jomeini, se sobrepone ahora, en la república islámica instituida en 1979, una prevalente atención neocolonial a cargo del vigilante de la zona desde 1948, oficio que Lawrence Durrel ya comentó en El Cuarteto de Alejandría en 1957.  El control del flujo del petróleo y del comercio marítimo en la zona siguen siendo pieza fundamental para los grandes intereses económicos, mientras la vida humana sufre un “enorme sobrecogimiento” y la mayoría de sus habitantes –con o sin burka o velo- “vive de milagro”, como decía Valle en Luces de Bohemia.

En la otra punta del mundo, el ejército imperial cumple 250 años y lo celebra con un desfile en honor de su comandante en jefe, Mr. Trump, aunque la situación interna del país americano no sea la deseable. La intranquilidad ronda las calles con redadas policiales y militares sobre los inmigrantes; se suceden enfrentamientos, manifestaciones y protestas, en particular, las de los empleadores de mano de obra barata que no pueden dar cobertura a miles de trabajos de menor cualificación. Hay, además, componentes que, obstinados en solucionar problemas existenciales con la vuelta a valores tradicionales del pasado, enturbian más la situación. Lo muestra la persecución particular que, en universidades relevantes,  están teniendo proyectos de investigación punteros, que los negacionismos no entienden. Los primeros en sufrir estas censuras son los estudiantes extranjeros, y no les van a la zaga los ciudadanos que tengan un conocido pensamiento político, distinto del gobernante.  En este sentido, lo acontecido en Minnesota –dos asesinatos y otros dos intentos- aventura que los investidos de supuesta misión redentora de la humanidad empiezan a andar más sueltos y, de modo impredecible para los militantes del partido demócrata. Una vez que se desparrama el odio, lo difícil es restablecer como norma de convivencia el respeto mutuo. Antes de cometer una amplia gama de disparates, este tipo de reacciones no suele ir a menos; quienes pretenden ser reconocidos como reyezuelos de un territorio  no cesan de provocar a sus supuestos vasallos. La megalomanía de Nerón tocando la lira en el año 64 mientras ardía Roma, tan propagada después de Suetonio, se repite como plagio en Washington desde hace algún tiempo, y tiene cuerda para rato.

Inconsistencias domésticas

El poder, y las formas de alcanzarlo y ampliarlo, no cesan en mostrar mil caras para expresar la ansiedad por tenerlo algún día. En lo que toca a la vida cotidiana de los españoles, cada día que pasa las historias mal cerradas o simplemente atrasadas prosiguen, aunque la larga lista de antecedentes de cuanto  merodea últimamente al Gobierno y al PSOE tiene abundante material documental en las hemerotecas para el interminable discurso del “y tú más”. En Ferraz compiten con el principal partido de la oposición, heredero de AP y sus esencias preconstitucionales. Los episodios con que replicarse mutuamente no son precisamente ejemplares  para los militantes leales de ambas formaciones. En los momentos previos a las alternancias de Gobierno, siempre acumularon motivos de corrupción que corroyeron su imagen respectiva. Por los datos que  en este momento dominan la escena, parece tocarle al PSOE no sólo “pedir perdón”, sino hacer penitencia por un tiempo. La información de los Koldo, Aldama y Cerdán puede ir a más y la indecisión sobre lo que suceda está servida. Los informes de la UCO establecen sentencia de culpabilidad sin juicio alguno, y todo aventura que las próximas elecciones –más o menos adelantadas- decidirán si el país cambia su pareja de baile.

En todo caso, lo sorprendente es, en sí mismo, el reiterativo juego de unos y otros personajes y personajillos por lograr poder dirimidor de recursos económicos y soñar que los beneficiarios serán, en adelante, amigos que les ayudarán a ser alguien de peso en un palco VIP.  Desde mucho antes de la CE78, este clientelismo de influencias y corrupciones a cuenta del erario público no ha cesado. En cualquier ciudad española, hay sensibles ejemplos de su existencia en su urbanismo. Expropiaciones, obra pública de carreteras y ferrocarril, y obra privada diversa, son un campo bien abonado para la corrupción. Siempre ha tenido conseguidores listos y subalternos en múltiples facetas: sobredimensiones de superficies edificables, retranqueos, recalificaciones de suelo y concesiones de suelo público -y hasta de servicios- en que los beneficiarios directos son personas, empresas e instituciones de rentabilidad absolutamente privada. Cada una de estas vertientes es uno de los muchos capítulos -nada secretos- de la vida nacional desde antes de “La escopeta nacional” (Berlanga, 1978): aquel emprendedor que viajaba a Madrid, a una cacería que él mismo financiaba para ver si lograba ampliar su negocio, es todo un símbolo que, en puro esperpento, podría considerarse un “gusano burocrático” por lo incrustado que está en la pertinaz tarea roedora de muchos oficiantes. Tantos son que sus grados de inocencia o culpabilidad son proporcionales a los cómplices que les proponen la coima y el cohecho, entre la anomia, la ilegalidad y el silencio.

Los partidos políticos españoles no han sido capaces de poner freno en sus núcleos cordiales a tan intensa obsesión por la pasta y las manifestaciones demostrativas de estatus de nuevos ricos.  Se vuelve a hablar estos días de “regeneración” democrática y “transparencia” que, al parecer, no existen. Quienes avizoran “un nuevo tiempo de decencia” para gobernar “con honestidad”, avanzan algunos pasos al frente aunque, siendo realistas, no “les dan los números”, como dice Almeida. A sus costados resuenan, una vez más, viejas proclamas del “Santiago y cierra España”, por ver si dilucidan –como en EE UU- qué sea la Patria, el civismo y la decencia. En tales asuntos, decenas de cuestiones  pendientes en los tribunales –sin contar las que les han sido sobreseídas- no les conceden autoridad. La ciudadanía que observa y toma nota, tiene pocas alternativas. Los puritanos de conducta tal vez ya estén subvencionados, y los más fariseos saben más de picaresca que el Lazarillo. Razones que  podrían explicar que los estoicos estén de moda están de moda: Marco Aurelio y Séneca consuelan un poco. @mundiario

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