Expulsión de niños al país de procedencia

Las recientes deportaciones de niños migrantes en Estados Unidos han destapado una cruel realidad: la captura de menores en escuelas, iglesias y hospitales, lugares que históricamente han sido refugios de seguridad y protección.
Donald Trump, presidente de EE UU. / RR SS.
Donald Trump, presidente de EE UU. / RR SS.

Estos días los medios de comunicación nos informan sobre la expulsión de niños al país de su origen. Un Trump convulso, firma decretos sin parar para cumplir su promesa electoral de expulsar a migrantes, sin la correspondiente documentación, a su país de origen. Los exhibe como ganado, entrando en el avión, para que la gente los vea y tome buena nota.

Sin embargo, lo que raya en el sadismo más cruel es la búsqueda de niños por parte de la policía en iglesias, escuelas y hospitales. Las capturas tienen lugar diariamente. Las iglesias siempre se han considerado lugares de hospitalidad, por lo que han sido respetadas durante siglos. Las escuelas enseñan y; mediante ellas, los niños van adaptándose a la comunidad a la que pertenecen, inculcando el respeto y el trato humano con los demás. Aquí se sienten acogidos mientras sus padres trabajan para ganarse la vida.

¿Qué decir de los hospitales? Ahí se curan de sus enfermedades, sean leves o graves. Sienten las manos adultas sobre ellos y el cariño de los profesionales sanitarios. Aquí también ha ido la policía a buscarlos para expulsarlos a su país, que no es Estados Unidos. Aquí no los necesitan.

La angustia y el miedo psicológico de un niño que es encontrado por la policía en una escuela, hospital o iglesia para ser expulsado a su país debido a la falta de documentación de entrada de sus padres es una experiencia profundamente traumática. Profundicemos algo más en cómo podría sentirse un niño en esta situación y las posibles secuelas psicológicas.

El niño, que probablemente se sentía seguro en su entorno escolar o en la iglesia, de repente se enfrenta a la presencia intimidante de oficiales de policía. El ambiente familiar se transforma en un escenario de confusión, caos y miedo.

No entiende por qué están ahí, lo que genera una sensación de confusión abrumadora.

La policía, con sus uniformes y armas, representa una autoridad desconocida y aterradora para el niño. El miedo de ser llevado por extraños se intensifica.

La separación potencial de sus amigos, maestros o figuras de apoyo en la iglesia añade una capa adicional de pánico.

Ser separado de un entorno seguro y familiar provoca una angustia extrema. El niño puede llorar, gritar, o quedarse en estado de shock.

La incertidumbre sobre su futuro inmediato y la ausencia de sus padres o cuidadores contribuye a un sentimiento de desesperación.

La ausencia de una figura de apoyo durante el proceso intensifica el sentimiento de abandono. Se siente solo y desprotegido en un sistema que no entiende. Cuando le sacan del hospital, dónde le estaban curando, seguro que puede pensar fácilmente que le llevan a que muera.

Si preguntáramos a los profesionales de Psicología nos ofrecerían detalles más concretos, empezando por el

Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), que consiste en revivir el evento traumático en sueños y recuerdos intrusivos. Puede experimentar pesadillas y un miedo constante a que algo similar vuelva a ocurrir.

Los sonidos fuertes o la presencia de autoridades pueden desencadenar reacciones de pánico.

Desarrollan ansiedad generalizada, con miedo constante a ser separado nuevamente de su familia. La incertidumbre y la inseguridad se convierten en compañeras constantes.

Sentimientos de tristeza profunda y desesperanza pueden llevar a la depresión, especialmente si la separación es prolongada.

Presentan desconfianza hacia las figuras de autoridad y puede tener dificultades para establecer relaciones significativas. La traición percibida en un entorno seguro afecta su capacidad para confiar en otros.

La inseguridad emocional aparece en sus relaciones con amigos, maestros y futuras figuras de autoridad. En cuanto puedan actuaran rabiosos contra ellos y este sentimiento permanece durante toda su vida.

Por eso necesitaran Apoyo Psicológico permanente y terapéutico para procesar el trauma y poder sobrevivir y adaptarse a la sociedad cuanto antes. La intervención temprana puede ayudar a mitigar las secuelas a largo plazo.

Terapias como la cognitivo-conductual (TCC) o la terapia de juego pueden ser efectivas para ayudar al niño a expresar sus emociones y superar el trauma.

La experiencia de ser encontrado por la policía en un entorno seguro y ser expulsado debido a la falta de documentación puede causar un daño psicológico significativo a un niño. La confusión, el miedo y la sensación de abandono pueden llevar a secuelas graves como el TEPT, la ansiedad y la depresión.

Es fundamental proporcionar apoyo psicológico adecuado para ayudar al niño a sanar y reconstruir su sentido de seguridad y confianza. Hay que poner en duda que todo esto se lo puedan proporcionar en el país de origen. Es más que probable que acaben en la delincuencia, a la que otros los han empujado directamente. Esto resulta una auténtica pesadilla. Se convertirán, como poco en rebeldes con causa.

Hay que pararlo o lo tendremos que lamentar durante toda la vida. Hacen falta escuelas y no cárceles. Es lo que nos hace falta cada día más. Será bueno para todos.

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