La polarización como amenaza a la salud democrática
Se trata de temas preocupantes en España. La situación actual de la democracia es deficiente y podría empeorar. Esto se debe a la falta de responsabilidad y liderazgo que promueva un ambiente de respeto y diálogo constructivo. En lugar de ello, se observan ataques polarizadores para ganar el apoyo de las bases.
En el Parlamento, cada vez que surge un problema los debates se centran en culpar al otro, sin asumir responsabilidades. La comunicación de lo que ocurre fuera de la Cámara se distorsiona en las redes sociales, que amplifican los mensajes sin cuestionar su veracidad.
Las afirmaciones falsas se presentan cada vez más, lo que podría llevar a una explosión de respuestas negativas. La insistencia en estos comportamientos es constante. Basta con visitar Twitter por la mañana para ver a los seguidores del líder atacando al adversario, una práctica que continúa durante todo el día. Día tras día, la misma historia. ¿No se agotan? Terminan por aburrir incluso a las ovejas. Todo termina en los tribunales y las sentencias judiciales obligan a compensar lo que se dice.
Como han tenido que pagar una multa considerable, se piensa que callarán unos días por si acaso. Sin embargo, nada cambia. Al día siguiente, todo sigue igual en su programa de radio. ¿Es posible que las multas las pague la propia emisora para incentivarlos a que sigan atacando, porque eso es lo que hacen con más vehemencia y odio?
Las nuevas narrativas de la radio polarizan durante horas, sin descanso, ocupando las mañanas enteras, todas sincronizadas solo para los anuncios. Los que más atacan, ¿son los que más publicidad reciben? Lo que más molesta en televisión es cómo se interrumpen unos a otros sin respeto alguno, buscando que unos se corten entre sí o pierdan el hilo, hasta que el espectador no se entere de los temas que tratan.
La inmediatez y el alcance en las redes sociales parecen dar prioridad a las relaciones más intensas, consiguiendo exponer opiniones más influyentes y extremas. Todo se mueve según los intereses políticos, como una estrategia de apoyo de los seguidores, desviando la atención de problemas internos.
Esto genera una creciente desconfianza en las instituciones, que ya no interesan. Se busca información en fuentes poco fiables y dudosamente veraces. Eso es lo que buscan lograr para introducir en el debate cualquier cosa que entre, rompiendo así la salud democrática.
Las consecuencias de esto son inmediatas, resultando una de las sociedades más divididas. Es triste ver a las familias incapaces de mantener una conversación tranquila. Luego está el fenómeno del 'cuñadismo', que es aún peor.
Uno puede acabar tan desinformado que, a veces, se dice que prefiere apagar la televisión. En cualquier caso, escucha algunos programas de radio. ¿Son las redes sociales peores? Tenemos más información que nunca y, sin embargo, estamos más desinformados que nunca. ¿Qué se puede hacer al respecto?
No es un debate democrático constructivo que busca soluciones. Lo que tenemos ahora son debates polarizados. No se discuten políticas y propuestas, sino que se busca desacreditar al otro.
Los ataques implacables contra el adversario son muy dañinos. Se debería dialogar para encontrar soluciones en beneficio del bien común. Sin embargo, lo que prevalece es la confrontación.
La falta de respeto es tal que uno podría levantarse de la mesa de debate y marcharse, dada la naturaleza de lo que se dice y cómo se dice. Lo más irónico es que, cuando alguien se va, los que quedan dentro se burlan de él. ¿Para qué viene? Sabe que nosotros estamos acostumbrados a dar mucha tralla, pobre desgraciado.
Los momentos difíciles pueden conducir a modificaciones positivas, pero aquí no. Aquí lo que se llevan son respuestas odiosas y descalificadoras. ¿Podremos cambiar alguna vez? Sí, pero es muy difícil, por no decir que parece imposible. Se busca la división, la hostilidad entre los grupos. ¿Cuándo se han visto algunos debates constructivos? Se sabe quién saltará, si habla uno, o a quien no dejarán terminar si interviene el otro, que empieza a hablar.
También se sabe a quién se debe tratar con guante de seda, porque si no te arrean un insulto gordo sin que se note. No existen debates intelectuales, y esto hace escuela. Se sabe imitar bien con voces, exabruptos, palabras malsonantes esa realidad, o con peleas más propias de animales que de seres humanos.
Al otro se le machaca como sea, ya que es un enemigo, hasta que te tumbe o tú le tumbes a él. Entre los grupos pasa algo parecido. Además, el vencedor es el que gana apoyos y se convierte pronto en líder.
El ambiente de respeto y amistad se queda muy escondido y oculto, no se atreve a salir, porque ya no se lleva. Ahora es común lanzarse a una pelea de bestias, porque uno ha manchado las zapatillas al otro, o porque le parece que le miran mal.
Nos queda mucho por recuperar y nos interesa avanzar en ello por salud democrática. @mundiario


