Europa, pendiente de España

Sería un desastre mayúsculo que las derechas extremas (PP/VOX) llegaran al Gobierno. No exagero si auguro nuevos incendios sociales, como el que actualmente golpea duramente a Francia.
Sede de la Comisión Europea, en Bruselas. / Pixabay
Sede de la Comisión Europea, en Bruselas. / Pixabay

Hay algo de lo que apenas se habla, mucho menos se reflexiona, que es sobre el impacto que en la Unión Europea pude tener el hecho de que, en España, como resultado de las últimas elecciones generales, lleguen al gobierno las derechas extremas (PP/VOX). Un hecho político no menor sino de una enorme relevancia tanto para el presente como para el futuro de la democracia en Europa y, por tanto, del propio proyecto de la Unión Europea.

Una Unión a la que la pandemia de la covid-19 y la guerra en Ucrania desnudaron aún más poniendo en evidencia tanto los errores de su constitución (como, por ejemplo, el propio euro) como lo equivocado de las políticas económicas adoptadas con motivo de la crisis bancaria (austeridad compulsiva, recortes salariales, expansión monetaria, endeudamiento público y privado….) que convertirían lo que era una crisis bancaria en una larga recesión (realmente una depresión) en la que aún estamos inmersos: como prueba, por ejemplo, la situación actual en la “ejemplar” Alemania.

Una recesión que, además de crear un horizonte lleno de incertidumbres, está disparando aún más las desigualdades sociales y territoriales. Algo que ha provocado un profundo malestar en las mayorías sociales, al comprobar éstas cómo la crisis no golpea de la misma manera a todo el mundo, pues mientras las clases de rentas medias y bajas (la mayoría) ven reducido su nivel de bienestar y de calidad de vida (aumentando la pobreza y la desigualdad), las grandes rentas (bancos, fondos de inversión, oligopolios) obtienen unas ganancias extraordinarias. Un malestar que, ante la falta de respuesta por parte de los partidos europeos tradicionales (liberal/conservadores y socialdemócratas), se ha canalizado hacia los partidos de derecha extrema de tal forma que en la actualidad, bien ya forman parte del gobierno (Italia, Hungría, Finlandia, Polonia, Letonia), bien le prestan apoyo parlamentario (Suecia), quedando fuera del Parlamento solo en cinco países (Croacia, Irlanda, Lituania, Malta y Luxemburgo). Una presencia que se puede incrementar peligrosamente si estas derechas extremas llegan al gobierno en España.

Una posibilidad que, vistos los precedentes, ha sembrado gran inquietud en las propias instituciones de la Unión Europea e incluso entre las élites políticas y gobernantes liberal/conservadoras, pues éstas son conscientes de que, de producirse, contribuirá a que crezcan aún más los impulsos centrífugos y las políticas racistas, homófobas, totalitarias y aislacionistas. Impulsos que pondrían en riesgo no solo la Unión sino la propia democracia en Europa como podemos comprobar por lo que está pasando con los países en cuyos gobiernos estas derechas extremas están presentes.

En la actualidad, la Unión Europea está necesitada de grandes cambios estructurales y políticos, incluso culturales. Cambios que implican a la propia gobernanza y frente a las cuales España está ante la gran oportunidad de liderarlos. Este último semestre (1 de julio, 31 de diciembre) España asume la presidencia rotatoria del Consejo de la Unión Europea, una coyuntura muy oportuna para que el gobierno español de turno (PSOE/UP) abra un debate sobre el presente y el futuro de la Unión. Algo no solo necesario y oportuno sino también urgente. Necesario porque, por las razones anteriormente citadas, está en juego el futuro de la Unión Europea. Oportuno por que España es, hoy por hoy, una potencia que políticamente va ganado peso y credibilidad políticas dentro de la Unión y de sus órganos de gobierno. Urgente por que los problemas se acumulan y cada vez resulta más evidente que, o bien la Unión se dota de principios y políticas auténticamente democráticas, progresistas y solidarias que, visto el rotundo fracaso del neoliberalismo, solo las fuerzas de las izquierdas parecen capaces de liderar, o el futuro europeo se presenta cada vez más negro. La marcha de la guerra en Ucrania, con una Europa cada vez más vasalla de los Estados Unidos, es el último ejemplo de lo que señalamos.

Por estas razones, y otras que darían para más artículos, Europa se juega su futuro en España. En este marco sería un desastre mayúsculo que las derechas extremas (PP/VOX) llegaran al gobierno. No exagero si afirmo que nuevos incendios sociales, como el que actualmente golpea duramente a Francia, pueden extenderse por toda Europa. Una Europa que, hoy por hoy, con la guerra en Ucrania se ve también amenazada por el riesgo de un conflicto nuclear que sería definitivo. @mundiario

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