Cuando tienes “un nopal en la frente” en un México racista y polarizado: los chicken wings vs “lo mexicano”
La construcción social de los estereotipos estéticos en el México reciente, ha sido un proceso histórico dentro del cual la modernidad ha tenido acomodos irregulares pero, al mismo tiempo, contribuido de manera particular a transfigurar las preferencias de los productos culturales. Esto ha transcurrido tanto en términos de cambios económico-estructurales, que influyen sobre las imágenes estéticas, como de los discursos sociales y políticos que se enfrentan de manera poco armoniosa. El resultado de dicha integración cultural ha supuesto un cambio gradual y, en ocasiones, híbrido en relación con el ejercicio de los modos y las modas estéticas y artísticas en México. Los impactos de dicha integración son de distinta naturaleza y muchas veces se han ido acoplado violentamente a su entorno. La música regional mexicana se instala en la creencia de su mexicanidad, como rasgo sustantivo. De este tipo de música se han desprendido géneros como los corridos mexicanos, los cuales daban cuenta de las epopeyas de la Revolución Mexicana, y; ahora se han convertido en narco-corridos, los cuales hablan de las aventuras del narcotráfico. Pero esta narrativa musical actualmente se reconstituye muchas veces sin los atuendos tradicionales como lo son el sombrero y las botas vaqueras. Irónicamente, el principal exponente de este género musical, es un chico, poco más que adolescente. Un muchacho rubio con outfits californianos y de ascendencia libanesa, el cual termina sus conciertos envuelto en la bandera de México.
I
Los episodios racistas en México, como en muchos otros países, en ocasiones lucen anecdóticos y sirven para dar nota a los medios. Como en el 2007, cuando la Premio Nobel, Rigoberta Menchú fue expulsada de un Hotel lujoso en Cancún, México. Sin embargo, las anécdotas nos recuerdan aquella vieja canción española, en donde dice: “Las carcajadas, nos harían llorar.” En el año de 2018, en la afamada película mexicana Roma, actuó una chica de la provincia mexicana que no era actriz y que interpretaría a una trabajadora domestica. Esta actriz lucía un genotipo marcadamente indígena. El director de cine buscó ex profeso a una mujer con estas características físicas. En la controversia mediática y digital, los medios registraron distintas inquietudes clasistas y racistas. En realidad, este tipo de noticias son recurrentes en la prensa nacional. Hace unos días se desató un evento de naturaleza racista y xenófoba. En esta ocasión un grupo de chicos americanos de ascendencia mexicana expresaron y ventilaron con desparpajo, su supina ignorancia sobre el país de donde emigraron sus padres. Esto llamó la atención ipso facto debido a que estos muchachos interpretan música regional mexicana. Es decir, profesionalmente interpretan el folclor mexicano pero en lo profundo prefieren la salsa picante de Washington y las chiken-wings de Estados Unidos, como advertían en una entrevista. Y es en este contexto en el que la agrupación, Yahritza y su Esencia, en el que tres hermanos americanos de padres americanos, se dieron a conocer por el talento para cantar y componer música regional mexicana, la cual, dicho sea de paso, ahora está de moda. Estos hermanos, hijos de inmigrantes mexicanos vinieron a Ciudad de México. Nadie les explicó cómo son entendidos, esta versión de mexicanos pochos, como les llaman despectivamente los mexicanos a sus paisanos que no dominan el español.
Los representantes de la agrupación México-americana, no les advirtieron que un visitante de marcados rasgos indígenas, es tratado con rudeza si éste habla con acento gringo. De inmediato les cancelaron las presentaciones y su carrera musical sufrió un duro revés. Otros artistas México-americanos ya han pasado por esto mismo. Una hermosa chica, Ángela Aguilar, después de comentar en las redes de su ascendencia argentina, justo cuando México había sido abatido por este equipo durante el mundial de futbol, su carrera se fue a pique. Esta artista cantaba el himno nacional durante importantes gestas deportivas y, aunque había nacido en Estados Unidos, a nadie importaba. La sociedad mexicana es muy susceptible con estos temas. Y cada mañana desde el púlpito presidencial se atiza este tipo de susceptibilidades. Como cuando se le pide al Rey de España que pida perdón por la Conquista y otro tipo de ocurrencias con el que un presidente populista construye una retórica para ganar el aplauso fácil de los mexicanos menos escolarizados e informados. La pregunta importante que debería de plantearse la sociedad mexicana es: Por qué razón este tipo de anécdotas de farándula logran indignar tanto a un segmento importante de todo un país?
Para los mexicanos que hemos vivido en el extranjero, lo mexicano es un asunto que no se toma a la ligera. Los México-americanos son una minoría en los Estados Unidos con un valor de mercado muy importante. En realidad, es a través de lo mexicano, como interactúan y entienden el mundo hispano, los americanos anglosajones y las otras minorías. Si siete de diez latinos, en este país norteamericano son de origen mexicano, es un tanto obvio que así sea. Si los latinos en Estados Unidos fueran un país, serían la octava economía del mundo. Este dato no es menor. Otro dato importante, es que sólo después de China, México es el país que más remesas recibe en el mundo. Millones de mexicanos de primera y segunda generación envían miles de millones de dólares a México de manera fiel y sistemática.
Hay más mariachis en Estados Unidos que en México y, también se bebe el doble de tequila. Los lazos comunicantes entre México y Estados Unidos no pudieron interrumpirse, ni siquiera en los momentos más álgidos de la pandemia del COVID. Las fronteras nunca se cerraron completamente. Simplemente era técnicamente imposible. Es fácil adivinar que los productos culturales de lo mexicano en Estados Unidos tienen una demanda muy poderosa. Durante las olimpiadas o los mundiales de futbol, los mexicanos de México y de Estados Unidos flamean la misma bandera tricolor y suelen ser los extranjeros más numerosos, en cualquier país sin importar el continente. México es el principal socio comercial de Estados Unidos, por encima de China o Canadá. Después de todo, una parte del territorio estadounidense también fue México.
Dicho lo anterior es comprensible que los Méxicoamericanos de segunda o tercera generación sigan los vínculos culturales con el país de sus padres. Para algunos de ellos, México es un país que les causa sentimientos ambivalentes. Quiero suponer que esta mirada depende mucho del México que hayan vivido y abandonado sus padres cuando migraron sin papeles al país del norte. No es difícil encontrarse con americanos de ascendencia mexicana que no hablan español. Especialmente aquellos que emigraron en la década de los ochentas. Muchos mexicanos abandonaron un México en franca crisis económica crónica y con pocas oportunidades. Era la década perdida para América Latina. Muchos hijos de esta generación de mexicanos entendieron una narrativa de lo mexicano bastante pesimista. Y si sus padres aprendían inglés, entonces no había necesidad de aprender español porque después de todo era un país al que no podían ni querían regresar, a menos que en desafortunado accidente, fueran deportados por las autoridades migratorias americanas. Muchas historias se han escrito y producido por este hecho. Muchas familias se han mutilado.
En 2008, fue el primer año en el que, regresaban más mexicanos a México voluntaria o involuntariamente, aquellos que migraban de México a Estados Unidos. Esta curva se mantuvo así hasta la pandemia del COVID. Luego entonces, cada vez menos mexicanos intentaban o lograban migrar al norte.
De los encuentros y desencuentros entre mexicanos de Estados Unidos y mexicanos de México se han construido muy distintas retóricas. Es un lugar común decir en México que causa indignación encontrarse con “mexicanos con el nopal en la frente,” quienes no quieren hablar español. Hay que decir que nopal o cactus es una planta muy emblemática y popular en México. Pero no sólo eso, también significa ser mexicanos con marcados rasgos indígenas. Y aquí comienza un problema de racismo aún no superado por la sociedad mexicana. Problema que el actual gobierno mexicano ha aprovechado y fomentado, ya que no es fortuito que el partido en el poder se denomine MORENA. La virgen que se “apareció” en México, apenas pocos años después de la conquista española era morena. Muy parecida a los autóctonos. No podría ser de otra manera.
Los rasgos y el color de piel, así como la altura y el lenguaje son marcadores sociales muy poderosos en un país mesoamericano como México. una sociedad con un doble discurso para atender y entender los fenotipos prehispánicos. En donde por un lado, se lanzan airadas loas retóricas a favor del mundo indígena; pero al mismo tiempo, palideces ante la idea de que una de tus hermanas o hijas se matrimonien con parejas que posean rasgos indios.
II
Si asumimos como cierto, que dentro de la cosmogonía de los aztecas, la llegada de Hernán Cortés fue interpretada por los naturales como el regreso del Dios Quetzalcóatl, es sensato creer que la conquista era un proceso casi inevitable entre vencedores y vencidos. Cuando Moctezuma reconoció en Cortés al Dios blanco –como lo prometía la leyenda azteca- degollaron un prisionero, cuya sangre arrojaron sobre el conquistador, como un gesto para reconocerle como deidad. La apariencia física del conquistador en este sentido no es mera anécdota. Blanco, barbado y de cabello rubio sería el somatotipo de los “conquistadores”. Este rasgo no es menor y quedaría sellado, hasta el día de hoy, en el adn de los mexicanos. Esta es la génesis del pretty privilege que prevalece con fuerza hasta hoy.
Sin embargo, Cortés a quien en realidad agradecería el “gesto” de La Conquista no era a su leyenda, sino a Doña Marina. Mejor conocida como La Malinche. Desde entonces se denomina como “malinchismo” al comportamiento servil hacia lo extranjero. Malinchismo expresa lo exógeno sobre lo local, sin ambages y sin muchos rubores.
La historia de México está llena de episodios en los que, pendularmente, se promueve desde el poder lo nacional o lo que proviene de afuera, según la mirada y la carga ideológica del gobernante en turno. No siempre de manera simétrica, ya que ni todos los conservadores del siglo XIX simpatizaban con la Corona; ni todos los liberales veían en los Estados Unidos el modelo a seguir. De hecho, muchos de los personajes presentan esas contradicciones. En este caso, Porfirio Díaz luchó y combatió denodadamente contra las invasiones francesas. Sin embargo, la arquitectura y la estética que promovió lucían sobradamente galos. Lo interesante es que se exilia y fallece en Francia, lugar en donde se le brindaron honores.
La Revolución Mexicana estalla en 1910 y, es un alzamiento contra la dictadura de Díaz. Una vez concluido del movimiento armado, el país inicia un proceso de reconstrucción nacional e institucional. Se lleva a cabo un proceso de reinterpretar “lo mexicano”. Se reinventa en el imaginario social el sentido y el significado de ser mexicano.
En el expediente mexicano José Vasconcelos promovió el primer programa cultural del México postrevolucionario. Los ecos de este programa aún resuenan en el México del Siglo XXI. Vasconcelos se inspiró en algunas de las propuestas soviéticas de Anatoli Lunachersky y Máximo Gorki. Más de un 20% del presupuesto nacional se destinó a la educación y a la cultura. Este sería el costo de construir el nacionalismo mexicano. La idea era afianzar un sentido de unidad nacional. Y esta vez el mundo indígena sería el componente conspicuo de ese esfuerzo por unificar México, después del trauma de haber “perdido” la mitad del territorio nacional. Más de la mitad de México.
Para este propósito, Gerardo Murillo, mejor conocido como Dr. Atl (Nombre náhuatl que adoptó el artista) promovió una plástica antagónica a la que se había instaurado durante la dictadura contra la que se esforzaba en romper. Los murales de Orozco, Siqueiros y Rivera darían fe de esta nueva narrativa. Los grabados de José Guadalupe Posada aún se representan en el muy mexicano Día de Muertos. Sin embargo, este emblemático día se ha yendo hibridizando con el muy americano Halloween. Y hay que decir, en este sentido, que ya existe un desfile de Día de Muertos en Ciudad de México, a raíz de una película del personaje británico James Bond: 007.
Durante el Gobierno del General Lázaro Cárdenas el régimen 1934-1940 se promueve un discurso ideológicamente de izquierda. Y se expropia la industria petrolera. Esta sería la política pública más emblemática del siglo XX, hasta la instauración del Tratado de Libre Comercio en 1992. Con Cárdenas se profundiza un discurso nacionalista en el que se enarbolarían los valores nacionales y la vida rural mexicana. Los exiliados de la república española encontrarían refugio en México.
III
Durante y después del gobierno cardenista, México se mantuvo del lado de los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial. Esto promovió la sustitución de importaciones y el desarrollo de una industria doméstica. Durante la gestión del nuevo gobierno dio inicio la etapa conocida como el Desarrollo Estabilizador. Es un periodo de alrededor de treinta años 1940 – 1970 en donde el país crecería a tasas de entre el 6.1% y el 6.3%. Este “Milagro Mexicano” cambiaría a la sociedad mexicana. El país dejaría de ser una sociedad preponderantemente rural para convertirse en una mayoritariamente urbana. Gradualmente se dejaban de usar botas y sombrero.
La imagen de la patria estaba plasmada en la portada de todos los libros de texto gratuito. La iconografía correspondía al de una atractiva indígena de 18 años, quien había sido modelo del pintor González Camarena. Y es que a nadie extrañaba que la patria mexicana fuera imaginada con una imagen muy ad hoc a la narrativa oficial.
Sin embargo, era otra imagen mexicana la que arrancaría suspiros debido a su fuerte carga erótica. Muchos años después se sabría que la modelo correspondía al de una secretaria de 16 años. Y es que la ciudad de México sería adornada en 1942 con la una sensual escultura que fue conocida como la Diana Cazadora. Esta obra no correspondía al somatotipo de la mujer indígena que hasta entonces había pregonado el discurso oficial.
Así pues, los estereotipos sexuales de las mujeres mexicanas se representaban en el cine de rumberas de la época. Siempre eran mujeres en desgracia, sin muchas expectativas pero con un cuerpo que de ninguna manera correspondía al cuerpo femenino que había sido exaltado por el muralismo mexicano años atrás. La televisión mexicana, que pronto se convertiría en una poderosa industria en idioma español, también promovería en la pantalla, a una imagen de claros rasgos mediterráneos. En sus programas las mujeres de somatotipo indígena siempre representaban a la servidumbre, a las pobres, a las desposeídas o en el mejor de los casos, a las chistosas o a las protagónicas en los programas de comedia.
Durante las últimas administraciones “revolucionarias” como les agradaba auto-proclamarse, surgió el cine de ficheras (1970 -76) (1976-1982). Especialmente durante la gestión del presidente José López Portillo. Irónicamente, su última esposa sería una de las vedetes más emblemáticas de este género cinematográfico. Al gusto del populacho. Era el porno light mexicano que continuaría durante toda la década de los ochentas y comienzos de los noventa. El cine de ficheras retomará como añoranza y evolución al cine de cabareteras y de rumberas. Decía el escritor mexicano Carlos Monsiváis que a las putas no se les verá en el cabaret sino en los cines. Y es que el eje narrativo siempre corresponderá a los placeres visuales del cuerpo de la mujer. Cuerpo siempre cosificado y reducido a mercancía disponible. Cuerpo que no correspondía en absoluto al cuerpo de las mujeres indígenas mexicanas. Porque hay que decir que la mujer es representada bajo la pedagogía de una mujer siempre en disposición de ser poseída y deseada. Siempre ávida del placer sexual y con poco compromiso con el entorno. Muy en sintonía con el México de aquellos días. Con una terrible crisis económica y una crisis social que había obligado a migrar a un segmento importante de quienes vivían en el campo o en pequeños poblados. La prostitución callejera se pauperizó aceleradamente y eran mujeres de claros rasgos indígenas quienes esperaban clientes en launas avenidas de las grandes urbes mexicanas..
IV
La apertura comercial que se inició en México a mediados de la década de los ochenta, tuvo un impacto de distintas maneras en la sociedad mexicana. El ingreso de México al GATT (1985) supuso un golpe de timón para una economía que había sido gestionada preponderantemente por el Estado. Ese mismo año un terrible terremoto azotó a la Ciudad de México. Cuando se instrumentaron las labores de rescate, se descubrieron cuerpos de mujeres costureras que trabajaban en la completa vulnerabilidad legal. Mujeres pobres provenientes del México “profundo”, del México rural. Del México no occidental. Pero ese mismo año Mc Donald´s abriría su primera franquicia en Ciudad de México. La cola de autos alcanzó los 5 kilómetros con el propósito de degustar una big mac. Las clases medias urbanas, que ya conocían estas hamburguesas en sus viajes de shopping a Estados Unidos querían degustar en su propio país, ésta muy americana fast food.
Es en este contexto en el que, tras una muy controvertida elección, accede al poder la administración de Carlos Salinas de Gortari (19881994). Este mandatario pertenecía a una generación con un proyecto de nación que no entendía ya al mercado ni al capital privado como los enemigos del Estado. El ingreso de México a la OCDE, si bien parecía una decisión voluntarista, supuso también que la economía nacional estaba arrojando resultados positivos, al menos para una parte de la clase política y empresarial. Había un clima de optimismo en el que se creía que la incorporación al TLCAN acercaría y conciliaría a México con la modernidad y, para ir más lejos, con la democracia.
La historia oficial tenía que ser reinterpretada. Los libros de texto oficial, que para entonces ya no desplegaban la imagen de una indígena en su portada, ya no podían seguir sugiriendo que nuestros ahora socios nos habían arrebatado la mitad del territorio hacia 1847. Sin embargo, el mundo indígena le declararía la guerra en los altos de Chiapas. El Subcomandante Marcos, voz del Ejército Zapatista para la Liberación Nacional reclamaría que los indígenas mexicanos no podían quedar ajenos ni olvidados por la modernización económica nacional. Ni tampoco podían sacrificar ni secularizar sus usos y costumbres. En este contexto, e reescribiría la historia oficial en donde los españoles ya no eran tampoco los villanos de la historia. Ni los americanos serían nuestros enemigos, pues se convirtieron en nuestros principales socios.
La retórica del actual gobierno obradorista ha intentado construir una nueva narrativa instalada en el nacionalismo, la yuxtaposición de valores religiosos católicos y protestantes y, una izquierda panfletaria la cual descansa en el narcisismo presidencial. Con todo propósito, a su fuerza política la denominó MORENA. Como la icónica virgen morena o la Virgen de Guadalupe. En el discurso enaltece y romantiza la figura del pueblo. Como si el pueblo fuera un ente uniforme y único. En los hechos sus hijos viven en Estados Unidos e Inglaterra. Muy lejos del pueblo al que se refiere el presidente con letras mayúsculas. También en los hechos denota las contradicciones y ambivalencias identitarias que prevalecen en la sociedad mexicana. El capital sexual (Hakim, 2012) de los mexicanos se explica en la medida en la que, se denoten o no, los rasgos indígenas. Las teorías pigmentocráticas explican como marcador social el tono de piel. Esto es reduccionista y sesgado. Si fuera así, a la famosa actriz mexicana Salma Hayek hubieran discriminada en México como muchos otros artistas de tez morena. El nopal en la frente lo tienen aquellos mexicanos con somatotipo indígena. Es doloroso y muy complicado para sociedades como la turca, Koreana, Iraní o la mexicana. Sociedades en donde sus fenotipos, para ciertos segmentos de la población, corresponden a su idea de modernidad. El volumen de cirugías plásticas de nariz u ojos, son sólo una de muchas otras variables que tratan de occidentalizar los somatotipos. Por eso, los cantantes México-americanos criticaron la comida y el estilo de vida de los mexicanos fueron valpuleados en redes sociales. En el inconsciente colectivo de los mexicanos, estos americanos con rasgos “tan mexicanos” lucen como traidores, al renegar de sus propias raíces. La figura de la Malinche se ha resemantizado, al menos para una parte de la población.
En el actual contexto, el gobierno edita libros de texto gratuito, los cuales hablan de lucha de clases. En las miles de conferencias mañaneras del presidente se promueve el resentimiento social como estrategia electoral. La polarización social que padece el país es posible observarla también en estas pequeñas anécdotas. Difícilmente los mexicanos volverán a escuchar la música de estos México-americanos, los cuales habían encontrado en Estados Unidos, el sueño americano componiendo música mexicana; música del país al que sus padres habían abandonado. Al parecer ahora este país, los abandonó a ellos. Un país en el que el racismo se mimetiza en desafortunada mímesis con la modernidad. @mundiario


