José Luis Méndez Romeu: "Los problemas políticos no se pueden resumir en un comentario en las redes sociales"

El autor del libro España en discordia reflexiona sobre cómo el país ha pasado del llamado “bipartidismo imperfecto” a una política de bloques muy rígida donde lo peor ha pasado, la guerra civil y la dictadura, son arma arrojadiza diaria.
José Luis Méndez Romeu, autor del libro España en discordia, editado por Mundiediciones. Mundiario
José Luis Méndez Romeu, autor del libro España en discordia, editado por Mundiediciones. / Mundiario

José Luis Méndez Romeu considera que lo que más distingue a las sociedades avanzadas es la calidad de sus instituciones. Y que en España, desgraciadamente, dicha calidad está hoy severamente cuestionada. La politización de la justicia, el sometimiento de las instituciones de control a los intereses partidistas, el control de los medios de comunicación o la degradación del sistema de salud, son algunos de los problemas que cita como ejemplo de lo anterior. 

Doctor en Estudios Literarios, licenciado en Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación y columnista de MUNDIARIO, fue diputado y portavoz parlamentario del PSdeG - PSOE, conselleiro y secretario de Estado del Gobierno de España. Es el autor de España en discordia, editado por Mundiediciones, un interesante ensayo histórico escrito desde el rigor que pretende diseccionar "las motivaciones de las posturas políticas ante los principales problemas, que frecuentemente son más complejas que las explicaciones que nos ofrecen sus protagonistas". 

- ¿Qué se propuso contar al escribir España en discordia?

- He intentado explicar las motivaciones de las posturas políticas ante los principales problemas. Motivaciones que frecuentemente son más complejas que las explicaciones que nos ofrecen sus protagonistas. Los problemas políticos no se pueden resumir en un titular o en un comentario en las redes sociales.

- ¿Siente que quedó algún tema pendiente? Si tuviese que escribir una segunda parte de España en discordia, ¿en qué se centraría?

- Sin duda en la extrema polarización de la política española en este momento. Una tendencia que conduce directamente a la parálisis pues aunque el Gobierno tiene mayoría suficiente para aprobar lo que se propone, la falta de consenso aboca a que un futuro Gobierno derogue normas que por su importancia deberían de haber sido pactadas al menos en sus aspectos principales. No es una hipótesis pues el PP ya ha anunciado su propósito derogatorio de varias leyes y acuerdos.

Dice el autor del prólogo, Francisco Vázquez, que la actual política española ha caído en "continuada deriva suicida, empeñada en destruir los fundamentos institucionales que permitieron construir el más dilatado tiempo de progreso y bienestar de toda la historia moderna del país"...

- Es evidente. Cualquier comparación con momentos anteriores de la democracia sólo produce melancolía. Hemos pasado del llamado “bipartidismo imperfecto” a una política de bloques muy rígida donde además nuestro peor pasado, la guerra civil y la dictadura, son arma arrojadiza diaria.

- ¿Se ha convertido España un Estado fallido?

- No. La sociedad española es mucho más dinámica que nuestro pobre mundillo político. Ante las grandes crisis, de la pandemia a la crisis económica, la sociedad ha reaccionado con madurez y prudencia. No se puede decir lo mismo de las instituciones políticas. Ahora bien, nada es estable si no hay voluntad política. Lo que más distingue a las sociedades avanzadas es la calidad de sus instituciones. En España, desgraciadamente, dicha calidad está hoy severamente cuestionada. Algunos ejemplos, la politización de la justicia, el sometimiento de las instituciones de control a los intereses partidistas, el control de los medios de comunicación o la degradación del sistema de salud.

José Luis Méndez Romeu, autor del libro España en discordia, editado por Mundiediciones. Mundiario
José Luis Méndez Romeu, autor del libro España en discordia, editado por Mundiediciones. /  Mundiario

- ¿Cree que hay condiciones para que los partidos intenten hallar puntos de encuentro en lugar de chocar cada día?

- En este momento es imposible. Mientras los dos grandes partidos sean tan débiles electoralmente como ahora, tan necesitados de otros apoyos para lograr mayorías, no será posible que se centren en los principales problemas del país para ofrecer soluciones estables. Si lo hiciesen serían cuestionados precisamente por sus actuales aliados con el consiguiente riesgo electoral.

-Citando sus propias palabras, España tiene ahora el mayor pluralismo político desde el inicio de la Transición. ¿Ha sido esto contraproducente para la democracia?, ¿cómo es que hemos llegado a un punto en el que, como bien ha dicho usted, las posturas se agrupan "en dos bloques absolutamente irreconciliables que no se ponen de acuerdo en lo importante ni en lo secundario"?

- El problema no es la pluralidad que representa al cuerpo social, hoy más heterogéneo que nunca. El problema principal es la debilidad de los principales partidos en torno a los cuales pueda vertebrarse un Gobierno estable.

La crisis de 2008 puso en cuestión el sistema político, se llevó por delante al Gobierno socialista y debilitó al Gobierno popular que le sucedió mientras aparecían los nuevos partidos con una crítica frontal a los dos mayoritarios. Con la cuarta parte de la población en paro y con una devaluación salarial salvaje, la desafección social hacia la política tradicional se multiplicó. A lo cual se sumó la corrupción que evidenciaba la falta de control interno.

Faltó la visión de Estado para plantear las reformas institucionales necesarias tras cuarenta años de democracia exitosa pero cuyas deficiencias ya eran conocidas. Se optó por la política de bloques, muy emocional pero menos efectiva. Y cuyos precedentes en la sociedad española fueron fatídicos.

- En entrevistas previas y columnas para MUNDIARIO ha apelado a la importancia de la centralidad política, que ofrece espacio suficiente para la convivencia de las dos grandes fuerzas políticas de España, PSOE y PP, que ha juzgado "necesaria y conveniente" para la propia democracia. ¿Qué papel juegan entonces el resto de partidos en esta lucha?

- Sumarse a la centralidad. Hoy está ocurriendo lo contrario, los grandes partidos se dejan seducir por los extremos de su respectiva tendencia. Vemos al PP a través de Díaz Ayuso compitiendo en radicalismo con Vox y al PSOE dejándose arrastrar por los nacionalistas. Cuando España necesitaría una agenda de compromisos básicos para el progreso y la igualdad sin perjuicio de que cada Gobierno desarrollase luego otras políticas sectoriales propias.

Con la política actual hemos cronificado tres millones de parados, el doble de la UE, y unos niveles salariales que obligan a multiplicar ayudas y subsidios sociales que, como sabemos, pueden paliar pero no resolver la desigualdad que no ha dejado de crecer. Es un fracaso colectivo.

- ¿Los partidos democráticos no saben todavía cómo frenar al ascenso de la extrema derecha o no les interesa? ¿Qué es entonces lo que se debe hacer?

La extrema derecha como la extrema izquierda forman parte de ese fenómeno de polarización. Son pulsiones iliberales, con soluciones simplistas en inmigración, instituciones o derechos civiles, carentes de un proyecto global. Crecen sobre el vacío de ideas y propuestas de los partidos tradicionales, como hemos visto en Francia e Italia.

Lo que deben hacer los partidos que se autodenominan democráticos (pero cuya democracia interna es mejorable), es tratar a los ciudadanos como adultos, ofreciendo explicaciones racionales y no argumentarios propagandísticos, porque cuando simplifican ganan los radicales. Y desde luego abordando las políticas estructurales siempre menos agradecidas: acceso a la vivienda, mejora de la sanidad, corrección de la desigualdad, etc.

- ¿Considera que la crisis política y económica ha provocado que más personas en España caigan víctimas de los extremismos?

- Como he dicho la crisis está en el origen pero la actitud pasiva del mundo político ha sido determinante. Sólo ha reaccionado, con más ruido que eficacia, cuando los extremismos han alcanzado una representación electoral notable y lo ha hecho con planteamientos a veces directamente antidemocráticos, como el llamado “cordón sanitario”.

- El delito de sedición protagoniza ahora la batalla política. ¿Cree que la decisión de suprimir el delito y crear un tipo agravado de desórdenes públicos tendrá un coste electoral para Pedro Sánchez?

- Es probable. Se presenta como el precio a pagar por el apoyo nacionalista a los Presupuestos Generales del Estado. Se le añade la modificación del delito de malversación. La suma final es la práctica amnistía de los hechos juzgados tras la intentona secesionista de 2017.

Lo cual es independiente de que el Código Penal deba ser reformado, para dichos delitos y para otros muchos. El Código Penal no ha dejado de endurecerse en delitos y penas durante las últimas décadas.

- La reforma de la sedición beneficia a los independentistas condenados por el Tribunal Supremo e indultados por el Gobierno y favorece las condiciones del regreso de los huidos a España. En su opinión, ¿reforma “a la carta” de los líderes independentistas -como ha asegurado el PP- o una acertada iniciativa del Gobierno para homologar el tipo penal a los países del entorno europeo -como defienden el PSOE y Unidas Podemos-

- La homologación no está clara. En otros países, si bien con otros nombres, existen delitos y penas de prisión para quienes desarrollen conductas como las de 2017, cuyo objetivo es precisamente prevenirlas, disuadir de su realización.

Si el momento de la reforma no coincidiese con la necesidad de votos parlamentarios, podría ser mejor explicada y comprendida.

Y Alberto Núñez Feijoo ha aprovechado la ocasión para lanzar a los españoles una promesa: si llega a la Moncloa en 2023 recuperará el delito de sedición… 

- El PP siempre es partidario de un Código Penal duro, como se vio con la prisión permanente revisable. Considerando que en España la lealtad constitucional está muy devaluada, será necesario que el Estado disponga de tipos penales específicos y adecuados, precisamente como en Francia o Alemania. La solución del artículo 155 de la Constitución, extrema, no es exactamente lo mismo.

- Parece seguro que la economía definirá las elecciones del próximo año. ¿Qué pasa entonces con la política?

- Hace muchos años que la economía es autónoma de la política en gran medida. Si la inflación se mantiene muy alta, los convenios salariales bajos y los precios al alza, tendrá un coste electoral para el Gobierno. Si por el contrario se reduce el coste será menor.

Ahora bien, previamente, en mayo, tendrán lugar las elecciones municipales y elecciones autonómicas en doce Comunidades. Ahí no se juzgará solamente a los candidatos, sino que influirá la percepción general de la política y la economía españolas. Ya ha ocurrido en anteriores elecciones territoriales, por muy injusto que sea. Será una primera vuelta de las elecciones generales y su resultado influirá en estas. @mundiario

 

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