Dorada medianía, el ameno repaso de Consuelo Jiménez de Cisneros a los tópicos
La posición de Jiménez de Cisneros es la de quien repasa, glosa e ilustra unas sentencias breves originarias que, luego, otros autores han corroborado en expresiones más elaboradamente literarias.
Dorada medianía. Esplendor y decadencia del tópico (El Cantarano, 2021), de Consuelo Jiménez de Cisneros, es un ensayo ameno, didáctico, que nos puede servir tanto para descubrir algunas de las más logradas observaciones sobre la vida, las de los escritores o los filósofos antiguos, como para recordar todo aquello que algún día supimos y ya habíamos olvidado, esas perlas del pensamiento que denotan una sabiduría que apenas ha podido ser rebatida por la voracidad de los tiempos.
La posición de Jiménez de Cisneros es la de quien repasa, glosa e ilustra unas sentencias breves originarias que, luego, otros autores han corroborado en expresiones más elaboradamente literarias. A través del análisis y, alguna vez, de alguna crítica matización, la autora se aproxima a cuestiones fundamentales como: la amistad, el amor, la vida, la ética, el conocimiento, y la muerte. Y lo hace a partir del tópico original latino, recorriendo su posterioridad, muchas veces llegando hasta nuestros días, haciendo hincapié entonces en cómo se han banalizado algunos, en cómo se mercadea con esas perennes sabidurías, o cómo se malinterpretan.
El repaso de la evolución de estos tópicos se realiza a través de la literatura clásica. La Celestina, Don Quijote, el Lazarillo de Tormes, las Coplas de Manrique, son algunas de las obras recurrentes que sirven para ejemplificar esas sentencias cortas que invitan a ser glosadas o ilustradas. La lectura de este libro me ha recordado la de un ensayo de Aurelio Arteta, Tantos tontos tópicos, en el que criticaba las frases hechas que hemos incorporado como muletillas a nuestro lenguaje, a nuestro pensamiento, sin haberlas pasado por nuestro examen, aceptándolas de manera que la sociedad acaba envolviéndose en unas cómodas certezas, que en realidad son una mentira moderna, consensuada. Aquí, Jiménez también se “moja” con algunas opiniones sobre la actualidad o discutiendo frases lapidarias que no siempre resultan irrebatibles, sino más polémicas. Por ejemplo, cuando habla del tópico: “Vox populi, vox Dei” (voz del pueblo, voz de Dios), “una extraña invocación que no siempre funciona”, pues, como bien dice: “Las masas son manipulables, la gente se equivoca y es engañada”. Y más en estos tiempos de redes sociales, de fake news, de posverdad, que no sabemos ya dónde está lo cierto. El pueblo eligió a Hitler, pero tampoco es cuestión de facilitar que un nuevo Hitler pueda arribar al poder directamente. Hay que enseñar al pueblo el pensamiento crítico, en la medida en que este pueda aceptarlo.
Hay otros tópicos que sobreviven, como ese “mens sana in corpore sano”, aunque se hayan convertido en un negocio para los autores de libros de autoayuda o para los gimnasios. Algunos son revisables debido a los métodos modernos, como el “omnia mea mecum porto” (llevo conmigo todas las cosas), que viene a decir que lo más valioso — y lo más seguro, más protegido— son los propios pensamientos y la propia identidad. Pero “todavía no se había inventado el famoso lavado de cerebro, mediante las técnicas psicodélicas y científicas mediante las cuales parece que sí podrían despojarnos de nuestros pensamientos o alterarlos”.
Cuando la autora habla de la amistad no puede contenerse y lo hace también de la enemistad: “¿Qué decir pues de la enemistad, esa plaga de baba maligna que invade los hogares, los centros de trabajo, las asociaciones, incluso las benéficas? ¿Cómo protegerse de esa maldad encubierta que no llega a ser delito…?” Hablando de ese mal que es la envidia, los celos, cita a Cervantes: “Es raíz de infinitos males y carcomas de las virtudes”. Y a Quevedo: “La envidia está flaca porque muerde y no come”.
Consuelo Jiménez llega a una conclusión: “Así pues, no se puede creer que los tópicos valen para todos igual ni al mismo tiempo. Como dice el salmista, y dice bien, hay un tiempo para todo y para cada cosa”. No obstante, la mayoría de los tópicos han sobrevivido, los hemos incorporado a nuestro lenguaje, nos hablan de que apenas somos hoy distintos, en lo esencial, de aquellos precedentes nuestros de hace ya miles de años. Dorada medianía nos acerca a profundas y duraderas constataciones, a través de unas páginas sin desperdicio que nos sirven para aprender y para reflexionar sobre aspectos fundamentales de nuestra condición humana. @mundiario


