Ucrania inicia nuevas conversaciones con EE UU: territorios y la central de Zaporiyia en la mesa
Ucrania se sienta en la mesa con Estados Unidos para tratar sin rodeos los puntos más espinosos de unas negociaciones que, hasta ahora, avanzan con dificultad. Territorios ocupados y la central nuclear de Zaporiyia —la mayor de Europa— se han convertido en los ejes de una nueva ronda de conversaciones celebradas en París, en un contexto marcado por la presión internacional para explorar una salida al conflicto y por la persistente ofensiva rusa sobre infraestructuras clave ucranianas.
El presidente Volodímir Zelenski ha querido subrayar el mensaje de apertura: Kiev no pretende bloquear un eventual acuerdo, pero tampoco está dispuesta a aceptar fórmulas que comprometan su soberanía o su seguridad futura. Ese equilibrio entre flexibilidad diplomática y líneas rojas políticas define el tono de las conversaciones actuales.
El debate territorial sigue siendo el principal escollo. Estados Unidos ha planteado distintas “opciones de tierras”, según reconocen fuentes de ambas partes, buscando un posible compromiso que facilite un alto el fuego. Sin embargo, Ucrania mantiene su negativa a retirarse de las zonas de Donetsk que aún controla, una región estratégica tanto por su peso industrial como por su valor defensivo.
Entre las ideas exploradas figura la creación de una zona económica especial si Kiev cediera parte del territorio, una propuesta que ilustra hasta qué punto Washington intenta introducir incentivos económicos en un conflicto profundamente político y militar. Para el Gobierno ucraniano, el riesgo es evidente: cualquier concesión territorial podría sentar un precedente difícil de revertir y generar tensiones internas en un país que ha hecho de la defensa de su integridad territorial un elemento central de su resistencia.
La central nuclear de Zaporiyia se ha consolidado como el segundo gran nudo de la negociación. Ocupada por Rusia desde 2022 y gestionada por la corporación estatal Rosatom, su futuro combina cuestiones de soberanía, seguridad nuclear y suministro energético. Aunque existe un amplio consenso internacional en que la planta pertenece a Ucrania, Moscú insiste en tratarla como un activo ruso.
Estados Unidos ha puesto sobre la mesa fórmulas de gestión compartida, incluida una operación trilateral con supervisión estadounidense. Kiev, por su parte, propone un modelo de uso conjunto ucraniano-estadounidense, con Washington decidiendo el destino de una parte de la energía producida. El Kremlin, según la prensa rusa, no descarta un esquema diferente de cooperación con Estados Unidos, lo que refleja que la planta se ha convertido en una ficha clave del tablero negociador.
Más allá de la diplomacia, el estado real de Zaporiyia añade incertidumbre. Expertos ucranianos advierten de que se desconoce el grado de deterioro de las instalaciones y que, incluso recuperando el control, serían necesarios años para devolverla a pleno funcionamiento. En un país con un déficit energético significativo tras meses de ataques rusos, la central representa tanto una necesidad urgente como un riesgo potencial.
Today, Rustem Umerov has already delivered an initial report on the work of the Ukrainian negotiating team in France. Another session of talks with envoys of the President of the United States will take place, and this will already be the third such session in two days. We…
— Volodymyr Zelenskyy / Володимир Зеленський (@ZelenskyyUa) January 7, 2026
Garantías de seguridad: la pregunta sin respuesta clara
Zelenski ha insistido en que cualquier acuerdo debe ir acompañado de garantías de seguridad creíbles a largo plazo. Kiev plantea compromisos que se extiendan más de una década, conscientes de que un alto el fuego sin mecanismos de disuasión podría convertirse en una pausa temporal antes de un nuevo conflicto.
Sin embargo, la respuesta de los aliados europeos sigue siendo ambigua. Aunque se discute el despliegue de fuerzas multinacionales tras la guerra, los números que manejan países como Francia y Reino Unido están muy por debajo de las expectativas iniciales. Esta indefinición refuerza la dependencia de Ucrania respecto a Estados Unidos y explica el interés de Zelenski en mantener un canal directo con el presidente Donald Trump.
Las reuniones de París se inscriben en una diplomacia acelerada, con intercambios constantes entre Kiev, Washington y las capitales europeas. Estados Unidos se presenta como un mediador activo, convencido de que existe margen para avanzar, mientras presiona a Ucrania para que explore compromisos y, al mismo tiempo, trata de medir la disposición real de Rusia a negociar.
Por ahora, los avances son parciales y frágiles. Territorios y Zaporiyia concentran dilemas que van más allá de un simple reparto de activos: redefinen el equilibrio de poder en Europa del Este y el marco de seguridad posterior a la guerra. @mundiario


