Trump abre la puerta a que Hungría se salte las sanciones a Rusia para importar petróleo

El encuentro con Viktor Orbán en la Casa Blanca marca un nuevo viraje en la política energética y diplomática estadounidense, con consecuencias directas para la guerra en Ucrania y la unidad europea frente a Putin.
Viktor Orbán, primer ministro de Hungría y Donald Trump, presidente de EE UU. / @WhiteHouse
Viktor Orbán, primer ministro de Hungría y Donald Trump, presidente de EE UU. / @WhiteHouse

El presidente de EE UU, Donald Trump, ha señalado una vía que podría reconfigurar el equilibrio energético y diplomático en Europa: se ha mostrado dispuesto a permitir que Hungría continúe importando petróleo y gas rusos, una de las principales demandas del primer ministro húngaro, su aliado ultranacionalista Viktor Orbán.

El anuncio, realizado tras una reunión en la Casa Blanca, supone el enésimo giro de Washington en su postura frente a Moscú por la guerra en Ucrania desde que el republicano regresó a la presidencia estadounidense, y podría abrir una fisura en el régimen de sanciones internacionales contra el Kremlin.

Trump justificó su apertura alegando las limitaciones geográficas de Hungría, país sin acceso al mar y dependiente casi en un 90 % del crudo ruso. “Es muy difícil para él recibir gas y petróleo desde otras áreas”, afirmó, aludiendo además a la “hipocresía” de otros países europeos que continúan comprando energía rusa de forma indirecta. Según el mandatario, la administración estadounidense “estaba analizando” que Budapest sea la excepción en comparación con el resto de países europeos porque a Hungría, que podría quedar al margen de las sanciones energéticas impuestas a Rosneft y Lukoil.

El gesto representa un respaldo político y económico de alto valor para Orbán, quien enfrenta unas elecciones complicadas el próximo abril y busca mostrarse ante su electorado como un líder capaz de defender los intereses nacionales frente a las presiones de Bruselas y Washington. De hecho, el propio primer ministro anunció en medios húngaros que había obtenido un “acuerdo general y sin límite temporal” para continuar recibiendo suministros a través de los oleoductos Turco y Druzhba, aunque la Casa Blanca no ha confirmado todavía ese acuerdo.

Más allá del terreno energético, la cita entre Trump y Orbán sirvió para reafirmar una sintonía ideológica que se extiende desde la política migratoria hasta la visión del orden internacional. El presidente estadounidense elogió la “firmeza” del líder húngaro ante la inmigración irregular y lo puso como ejemplo para el resto de Europa. “Les dije que debían respetar a este hombre. También pueden aprender de Victor.”, afirmó, en una clara alusión a su política de “excelente gestión”.

Orbán aboga por Rusia desde la UE

Orbán, por su parte, aprovechó el encuentro para reavivar su discurso euroescéptico contra Bruselas y afín al Kremlin respecto a Ucrania, asegurando que tanto su Gobierno como el de EE UU “los únicos en favor de la paz””. En su visión, la prolongación del conflicto responde a una “mala interpretación” de las posibilidades de Kiev de ganar la guerra. Sus palabras reflejan la posición que ha sostenido durante los últimos dos años: bloquear o retrasar medidas de apoyo a Ucrania en el seno de la Unión Europea, y abogar por un alto el fuego inmediato, aunque suponga ceder territorio a Rusia.

El encuentro también sirvió para resucitar la posibilidad de una cumbre entre Trump y Vladímir Putin en Budapest, iniciativa que el presidente estadounidense había anunciado y cancelado el pasado octubre por “falta de avances sustantivos”. “Me gustaría mantener la reunión en Hungría, en Budapest. Acabé decidiendo que no quería celebrarla porque me dio la impresión de que fuera a ocurrir nada importante en ella. Pero si la celebramos, me gustaría que fuera en Budapest”, declaró Trump ante la prensa.

La reunión entre ambos líderes, dos de los mayores defensores del nacionalismo ultraconservador en Occidente, llega en un momento de redefinición de la política exterior estadounidense. Mientras Trump busca un perfil de “mediador pragmático” capaz de acercar posiciones entre Moscú y Kiev, sus críticos advierten que los gestos hacia Orbán y la posibilidad de suavizar las sanciones a Rusia podrían socavar la credibilidad internacional de EE UU y debilitar el frente común occidental que ha sostenido a Ucrania desde 2022.

Hungría depende del crudo ruso

En términos económicos, la decisión de abrir una excepción para Hungría tendría consecuencias directas en el mercado energético europeo. Budapest importa cerca del 86 % de su petróleo desde Rusia, según el Atlantic Council, y cualquier ruptura abrupta del suministro afectaría a su PIB hasta en un 4 %, según reconoció el propio Orbán. Su Gobierno defiende que la dependencia es “estructural y no ideológica”, pero la exención supondría una fisura significativa en el régimen de sanciones diseñado por Washington y Bruselas.

Para Trump, el acercamiento a Hungría ofrece una doble ventaja: proyectar una imagen de líder negociador en el ámbito internacional y enviar una señal política al electorado republicano antes de la campaña presidencial. Sin embargo, analistas advierten que este viraje podría interpretarse como un debilitamiento de la presión sobre Rusia, justo cuando el Kremlin intenta consolidar sus posiciones en el este de Ucrania.

Así, la foto de Trump y Orbán en la Casa Blanca trasciende el simbolismo bilateral: encarna una reconfiguración de las alianzas en la ultraderecha global y un cambio de enfoque en la política estadounidense hacia Europa del Este. En un tablero geopolítico donde cada gesto cuenta, permitir a Hungría seguir comprando petróleo ruso podría ser más que una excepción técnica: un mensaje claro de que, bajo la nueva administración republicana, la línea dura contra Moscú comienza a desdibujarse. @mundiario

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