Hungría rompe la unidad europea, una vez más, y amenaza con vetar la adhesión de Ucrania a la UE
La reunión informal de ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea, celebrada en Copenhague, ha vuelto a evidenciar la fractura interna en torno a Ucrania. Hungría fue el único país que se desmarcó de la declaración conjunta de condena a Rusia por los bombardeos indiscriminados en Kiev. En palabras del ministro de Exteriores, Péter Szijjártó, Hungría se negó a aprobar nuevas sanciones, a incrementar el apoyo militar a Kiev y a aceptar el inicio de negociaciones para la adhesión de Ucrania al bloque comunitario.
El discurso húngaro se articuló en torno a una crítica frontal a Bruselas. Szijjártó acusó a la Comisión Europea de actuar “como la Comisión Ucraniana”, defendiendo intereses ajenos a los de los Estados miembros. Según el funcionario, el envío de decenas de miles de millones de euros para sostener el Estado ucraniano y financiar a su Ejército supondría un uso indebido de los recursos comunitarios.
Al rechazar el documento, Hungría también se opuso a la condena del ataque ruso contra la sede de la UE en Kiev, un gesto simbólico que el resto de socios comunitarios consideraron imprescindible. Para Budapest, insistió el ministro de Defensa Kristóf Szalay-Bobrovniczky, la prioridad no debe ser intensificar la confrontación militar, sino abrir espacio a soluciones diplomáticas.
El Gobierno del primer ministro Viktor Orbán había insistido en negociar unilateralmente con Moscú, sin el aval de Bruselas. Sin embargo, con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en enero, esas iniciativas personales han sido desplazadas para dar paso a los esfuerzos de Washington. No obstante, los intentos del presidente estadounidense por poner fin a la guerra han flaqueado, en medio de múltiples prórrogas para comprobar si el presidente ruso, Vladímir Putin, está realmente comprometido con la paz.
El rechazo a Ucrania como candidato a la adhesión se ha convertido en otro eje de la postura húngara. Szijjártó reiteró que la entrada de Kiev en la UE “destruiría a los agricultores húngaros, la seguridad alimentaria del país y abriría la puerta a la mafia ucraniana”. Bajo esa lógica, Budapest ha bloqueado repetidamente cualquier avance en el expediente de adhesión desde principios de 2025, consolidando su papel de freno dentro del bloque.
Este veto no es un episodio aislado. El primer ministro Orbán ha calificado a Ucrania de “entidad incierta” y “Estado tapón”, llegando a advertir que su ingreso equivaldría a situar a la UE en un “estado de guerra con Rusia”. La narrativa oficial húngara presenta la guerra como un conflicto donde Bruselas se ha alineado con una estrategia de prolongación, en lugar de buscar la paz inmediata.
Los socios europeos, sin embargo, interpretan estas posiciones como una concesión a Moscú. Desde el inicio de la invasión a gran escala, Hungría se ha convertido en el miembro de la UE y de la OTAN más reticente a las sanciones, protegiendo sus vínculos energéticos con Rusia y utilizando su derecho de veto como herramienta de negociación política.
Además, Budapest defiende que las sanciones contra empresas energéticas rusas comprometerían su seguridad energética y encarecerían el suministro. A esto se suma un discurso centrado en la protección de los sectores productivos nacionales, en particular la agricultura, que Orbán y su gabinete presentan como los más expuestos a la apertura de mercado con Ucrania.
La retórica diplomática húngara contrasta con la urgencia expresada por otros líderes europeos, que consideran vital mantener la presión sobre Rusia para asegurar una apertura al diálogo efectiva. La falta de consenso en torno a la estrategia hacia Moscú revela que, más allá de la unidad formal, la política exterior común de la UE sigue sujeta a tensiones internas difíciles de resolver.
Al situarse en el centro de la controversia, Hungría proyecta una imagen de resistencia frente a la corriente dominante en Bruselas. Sus vetos no solo ralentizan la definición de la política comunitaria hacia Ucrania, sino que también abren un debate sobre hasta qué punto la cohesión europea puede sostenerse cuando un Estado miembro convierte su posición en un obstáculo recurrente a la seguridad europea. @mundiario


