Hungría, la discordante de la UE con Ucrania, vuelve a complicar la unidad frente a Rusia

Budapest vuelve a colocarse en el centro de la discordia europea al demandar a la UE por destinar activos rusos congelados a la ayuda a Kiev y vetar la entrada en el espacio Schengen a un comandante ucraniano responsable de ataques contra un oleoducto ruso.
El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán. / Consejo Europeo
El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán. / Consejo Europeo

Hungría ha vuelto a tensionar sus relaciones con Bruselas y con Kiev en dos frentes simultáneos. Por un lado, el gobierno de Viktor Orbán presentó una demanda contra la Unión Europea ante el Tribunal General (TGUE) por la decisión de utilizar los intereses generados por los activos rusos congelados para financiar la ayuda militar a Ucrania. Por otro, anunció la prohibición de entrada al espacio Schengen del comandante de las fuerzas de drones ucranianas, tras los ataques de drones contra el oleoducto Druzhba que suministra crudo ruso a Hungría y Eslovaquia.

La demanda contra la UE se centra en el funcionamiento del Mecanismo Europeo de Apoyo a la Paz (EPF, por sus siglas en inglés). Según Budapest, la decisión de transferir el 99,7% de los ingresos de los activos rusos bloqueados a Ucrania se tomó “ignorando” su derecho de veto. Hungría argumenta que su abstención no puede interpretarse como consentimiento y denuncia una vulneración de la igualdad entre Estados miembros. Para Orbán, el fondo, que entrega entre 3.000 y 5.000 millones de euros anuales a Kiev, carece de legitimidad sin su aval.

Desde la óptica húngara, esta batalla judicial es también política. Funcionarios de Budapest aseguran que el caso podría sentar un precedente en la defensa del veto como herramienta de equilibrio institucional dentro de la UE. Sin embargo, el procedimiento judicial podría prolongarse durante años y, mientras tanto, el flujo de recursos hacia Ucrania tendrá que continuar a través del EPF o del nuevo instrumento denominado “Ukraine Facility”.

El otro frente de fricción es aún más delicado. El ministro de Exteriores húngaro, Péter Szijjártó, anunció que el comandante ucraniano al mando de las operaciones de drones, Robert Brovdi, ha sido sancionado con la prohibición de entrada en Hungría y en todo el espacio Schengen. La medida llega tras tres ataques contra el oleoducto Druzhba en territorio ruso, infraestructura que Budapest considera “estratégica” para su seguridad energética. “Este ciudadano ucraniano no podrá entrar a Hungría ni al espacio Schengen en los próximos años”, declaró Szijjártó.

Cuando Budapest establezca la prohibición de entrada, esta se registrará en el Sistema de Información de Schengen, por lo que, al intentar Brovdi ingresar a algún Estado miembro de la zona de libre tránsito, dichos países recibirán una notificación con la prohibición correspondiente. Sin embargo, el Código de Fronteras Schengen establece que se pueden conceder excepciones en caso de razones humanitarias o intereses nacionales.

“Las autoridades húngaras han llegado incluso a intentar discriminar a miembros de la comunidad húngara en Ucrania por su participación en la defensa de nuestro Estado y de nuestro pueblo”, declaró Zelenski. El mandatario ucraniano afirmó que, si Hungría ha cerrado efectivamente la entrada a su territorio y a todo el espacio Schengen a uno de los comandantes militares de Ucrania, que además es de etnia húngara, solo puede provocar indignación. De todos modos, la decisión puede impugnarse ante los tribunales.

La reacción de Kiev fue inmediata. El ministro ucraniano de Exteriores, Andrii Sybiha, tachó de “vergonzosa” la posición húngara y anunció contramedidas. En un mensaje directo a su homólogo, afirmó: “Si el oleoducto ruso es más importante para ti que los niños ucranianos asesinados esta mañana, eso es decadencia moral”, subrayó el funcionario en referencia al bombardeo ruso sobre Kiev de este jueves, en el que han muerto al menos 23 personas. Por su parte, el presidente Volodímir Zelenski reforzó la crítica acusando a Budapest de situarse “del lado equivocado de la historia” y de intentar responsabilizar a Ucrania de una guerra iniciada por Rusia y que Budapest evita condenar.

Estas tensiones no son nuevas. Hungría importa todavía crudo ruso a través del Druzhba y se ha negado a cortar esa dependencia pese a los esfuerzos europeos por reducirla o sustituirla. Para Orbán, garantizar el flujo energético sigue siendo una prioridad estratégica que justifica incluso confrontar a sus socios. Para Ucrania, en cambio, la posición húngara constituye una señal de complacencia hacia Moscú, más aún cuando financia la maquinaría bélica que ha lanzado los mayores bombardeos rusos sobre Kiev en meses.

El caso revela la complejidad de la ecuación política que enfrenta la Unión Europea. Mientras la mayoría de sus miembros busca acelerar la ayuda a Ucrania y reforzar la unidad interna, Budapest (a veces en armonía con Eslovaquia) actúa como freno y plantea batallas legales que podrían limitar el margen de acción comunitario. Al mismo tiempo, los vetos a los paquetes de sanciones europeas contra Moscú y el bloqueo activo a la candidatura de Kiev a la UE añaden un componente bilateral explosivo en un momento de máxima vulnerabilidad para el país invadido.

La pugna jurídica sobre los activos rusos congelados y la disputa por el Druzhba confirman que Hungría ha decidido asumir un rol de disidencia dentro de la UE. Una postura que, aunque refuerza su imagen de independencia en política exterior, la sitúa en un lugar incómodo frente al consenso europeo y multiplica las tensiones con sus vecinos y con Ucrania. @mundiario

Comentarios