El espionaje húngaro sacude a la UE: nueva fricción entre Bruselas y el Gobierno de Orbán
La Comisión Europea ha anunciado la apertura de una investigación formal para esclarecer las acusaciones de que los servicios secretos húngaros habrían operado durante años en Bruselas bajo la apariencia de diplomáticos. Según varias investigaciones periodísticas publicadas por medios como Direct36, De Tijd y Der Spiegel, agentes del servicio de inteligencia exterior húngaro, el Információs Hivatal (IH), intentaron reclutar a empleados de las instituciones comunitarias para obtener información sensible sobre políticas europeas.
Los reportes apuntan a que la red habría funcionado desde 2012 y operado desde la Representación Permanente de Hungría ante la UE. Su objetivo, de acuerdo con los medios, era infiltrarse en los equipos que gestionaban expedientes de relevancia estratégica para el Gobierno de Viktor Orbán, especialmente en momentos de fricción con Bruselas por cuestiones de Estado de derecho y libertades democráticas.
Uno de los nombres mencionados en las revelaciones es el del actual comisario europeo Olivér Várhelyi, quien entre 2015 y 2019 dirigió la representación húngara en Bruselas. Según las investigaciones, durante ese periodo habría mantenido contacto directo con la cúpula del IH y participado en reuniones donde también estaban presentes responsables de inteligencia. La Comisión Europea, no obstante, ha aclarado que cuando Várhelyi fue nombrado comisario, en 2019, no existían pruebas ni acusaciones formales en su contra.
El portavoz de la Comisión, Balázs Ujvári, declaró que las acusaciones se toman “muy en serio” y anunció la creación de un grupo interno para analizar la información publicada. Subrayó además que la institución “permanece comprometida con la protección de su personal y de sus redes frente a cualquier intento ilícito de espionaje”. La presidenta Ursula von der Leyen ha sido informada personalmente del caso, aunque el Ejecutivo comunitario ha preferido mantener la prudencia y no divulgar detalles por motivos de seguridad operativa.
Desde el Parlamento Europeo, las reacciones fueron más contundentes. Algunos eurodiputados calificaron las revelaciones de “alarmantes” y pidieron una investigación formal independiente. El político belga Elio Di Rupo describió el caso como “uno de los escándalos más graves en la historia de la Unión”, mientras otros parlamentarios advirtieron de que un episodio así podría socavar la confianza que sustenta el funcionamiento interno del bloque.
El Gobierno de Hungría, por su parte, ha rechazado categóricamente las acusaciones. Su portavoz, Zoltán Kovács, las calificó de “absurdas e irresponsables”, asegurando que los diplomáticos húngaros “defienden los intereses legítimos del país y de la Unión”. En medios afines al partido oficialista Fidesz, la narrativa oficial apunta a una “campaña de difamación” orquestada por “las élites liberales de Bruselas”, supuestamente irritadas por la posición independiente de Budapest en temas como Ucrania o las sanciones contra Rusia.
En Hungría, la oposición ha exigido explicaciones al Ejecutivo y propuesto la creación de una comisión parlamentaria para investigar la posible implicación de funcionarios del Gobierno en una red de espionaje. La tensión política crece en paralelo a un deterioro prolongado de las relaciones entre la Comisión y Budapest, marcadas por la congelación de fondos europeos y los constantes cuestionamientos al Estado de derecho húngaro.
Más allá del escándalo puntual, los analistas interpretan este caso como un nuevo síntoma de la erosión de confianza entre las instituciones comunitarias y un Estado miembro cada vez más distante del consenso europeo. Si las sospechas se confirman, Hungría podría enfrentarse a sanciones y a un aislamiento político mayor dentro de la UE.
En un contexto geopolítico sensible —con la guerra en Ucrania, las tensiones energéticas y la expansión de la desinformación rusa—, la posibilidad de una red de espionaje interna adquiere un significado inquietante. Bruselas busca esclarecer los hechos sin precipitación, pero consciente de que el caso pone en juego no solo la seguridad institucional, sino también la cohesión política del bloque frente a quienes cuestionan su integridad desde dentro. @mundiario


