Trump saca pecho de su “fantástica relación” con Xi tras haber atiborrado a China con aranceles

El presidente de EE UU asegura haber resuelto los principales puntos de fricción comercial y abre la puerta a una nueva etapa de cooperación con Pekín tras la guerra arancelaria y las tensiones tecnológicas.
Donald Trump, presidente de EE UU y Xi Jinping, mandatario de China. / Ministerio de Relaciones Exteriores de China
Donald Trump, presidente de EE UU y Xi Jinping, mandatario de China. / Ministerio de Relaciones Exteriores de China

La esperada reunión entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y su homólogo chino, Xi Jinping, celebrada en la ciudad surcoreana de Busan, ha supuesto un nuevo intento de encauzar las relaciones entre Washington y Pekín tras meses de tensiones.

En un encuentro que duró alrededor de hora y media, ambos líderes anunciaron avances significativos en varios frentes clave: las exportaciones de tierras raras, los aranceles estadounidenses y el comercio agrícola. Trump definió el resultado como “un gran éxito” y subrayó que la cita había permitido “arreglar los puntos de fricción económica” entre las dos potencias.

El mandatario republicano aseguró que China ha accedido a retrasar durante un año las restricciones a la exportación de tierras raras —minerales esenciales para la industria tecnológica y de defensa—, lo que calificó como “una solución para todo el mundo”. “Ya no hay obstáculos”, afirmó Trump a bordo del Air Force One tras concluir el encuentro. A cambio, Washington reducirá del 20 % al 10 % los aranceles sobre productos chinos vinculados al tráfico de fentanilo.

Además, Pekín habría prometido reanudar la compra de soja estadounidense, suspendida en el marco de la guerra comercial. Este gesto, simbólico y económico, fue recibido con optimismo por los mercados internacionales: el yuan se fortaleció frente al dólar y las bolsas chinas alcanzaron su máximo, reflejando las expectativas de una distensión duradera.

Trump aprovechó el encuentro para proyectar una imagen de cooperación y respeto mutuo. “Es un gran honor estar con mi amigo, el muy distinguido y respetado presidente de China”, declaró con tono conciliador. “Vamos a tener una relación fantástica durante mucho tiempo.” Xi respondió en un tono similar, destacando la importancia de mantener el rumbo pese a las diferencias inevitables: “Es normal que las dos principales economías del mundo tengan fricciones de vez en cuando”, dijo el mandatario chino, según la agencia Xinhua.

El tono cordial contrasta con los meses previos de confrontación. Desde su regreso a la Casa Blanca, Trump había endurecido la política comercial hacia China, reactivando una guerra de aranceles que afectó gravemente a las cadenas de suministro globales. La disputa se agravó con los controles cruzados sobre tecnologías estratégicas —como los semiconductores o las aplicaciones digitales— y las acusaciones de que China promovía la exportación de precursores químicos del fentanilo hacia Estados Unidos.

La reunión de Busan también incluyó un apartado geopolítico. Trump reveló que ambos líderes hablaron sobre la guerra en Ucrania y se comprometieron a “trabajar juntos para ver si podemos hacer algo”, sin ofrecer más detalles. Xi, por su parte, elogió los esfuerzos de Washington en favor del alto el fuego en Gaza y subrayó la necesidad de que ambas potencias “demuestren su responsabilidad compartida ante los desafíos globales”.

El contexto de la cita no fue casual. Coincidiendo con la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), el encuentro bilateral acaparó la atención internacional y relegó a un segundo plano el resto de los temas regionales. Trump anunció además su intención de visitar China en abril, un gesto que busca consolidar el deshielo diplomático y avanzar hacia un marco más estable de relaciones económicas.

En los días previos, los equipos negociadores de ambos países habían allanado el terreno con un marco de entendimiento que evitó la aplicación de nuevos aranceles del 100 % a las importaciones chinas. El acuerdo, que incluye la suspensión de las restricciones a las exportaciones de tierras raras y el compromiso estadounidense de moderar sus medidas punitivas, fue interpretado como una señal de pragmatismo por ambas partes.

La nueva etapa que Trump y Xi dicen inaugurar aún deberá ponerse a prueba. Si bien los compromisos anunciados parecen aliviar temporalmente la presión sobre las economías globales, persisten diferencias estructurales sobre tecnología, seguridad y gobernanza global. Aun así, la reunión de Busan puede considerarse un punto de inflexión simbólico: un intento de reconciliar los intereses nacionales de dos gigantes que, pese a sus divergencias, reconocen la necesidad de cooperar para preservar la estabilidad mundial. @mundiario

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