Los factores que agravan el conflicto en el Congo: una guerra étnica y la lucha por recursos

Los rebeldes del M23 han capturado la estratégica ciudad de Goma, un enclave clave en el este del país que amenaza la estabilidad de la República Democrática del Congo.
Violencia en la República Democrática del Congo. / RR.SS
Violencia en la República Democrática del Congo. / RR.SS

En las últimas semanas, la República Democrática del Congo ha sido testigo de una escalada significativa en la violencia, impulsada por la ofensiva del grupo rebelde M23. Este resurgimiento del conflicto ha generado preocupaciones tanto a nivel nacional como internacional sobre la estabilidad de la región y el bienestar de la población civil.

El M23, que se formó en 2012 y aceptó a entablar negociaciones de paz con Kinshasa en 2013, ha vuelto a tomar las armas, alegando que el gobierno congoleño no ha cumplido con los acuerdos de paz y que no se han abordado las preocupaciones de la comunidad tutsi en el este del país. Desde el inicio de su ofensiva, el grupo ha capturado varias localidades estratégicas en la provincia de Kivu del Norte, lo que ha llevado a un aumento en el número de desplazados internos y a una crisis humanitaria en la región.

El domingo, los rebeldes del Moviemiento 23 de Marzo, apoyados por tropas ruandesas, afirmon haber capturado la estratégica ciudad de Goma, un importante enclave en el este del Congo. Esta región es clave no solo por su posición geopolítica sino por contener riquezas minerales valoradas en 24 billones de dólares, que en gran medida permanecen sin explotar.

El control de Goma, una ciudad de aproximadamente 2 millones de habitantes, representa una seria amenaza para la estabilidad de la RDC y ha desatado manifestaciones violentas en la capital, Kinshasa, donde varias embajadas han sido atacadas por ciudadanos exigiendo intervención internacional para frenar a los insurgentes.

Este martes, una fuente de seguridad confirmó que el M23 y las tropas ruandesas tomaron el aeropuerto de Goma, donde "más de 1.200 soldados congoleños se rindieron y fueron confinados en la base de la MONUSCO (Misión de la ONU)".

El avance rebelde ha obligado a miles de personas a huir, sumándose al millón de desplazados que ya se encontraba en Goma. Los hospitales están colapsados, con cientos de civiles heridos que quedaron atrapados en el fuego cruzado.

Las fuerzas armadas congoleñas (FARDC) han respondido con operaciones militares para intentar repeler a los rebeldes, pero los enfrentamientos han resultado en numerosas bajas y han exacerbado la situación de seguridad. La población civil se encuentra atrapada en medio del conflicto, con informes de ataques a aldeas y violaciones de derechos humanos.

El M23, formado principalmente por personas de etnia tutsi, es una de las 100 facciones armadas que operan en el este del Congo. Su insurgencia comenzó en 2012 y, aunque permaneció inactivo durante una década, resurgió en 2022.

Las tensiones en la región tienen raíces profundas en el genocidio de 1994 en Ruanda, donde las milicias hutus asesinaron a entre 500.000 y 1 millón de tutsis y hutus moderados. Tras el conflicto, casi 2 millones de hutus cruzaron al Congo, lo que reavivó las disputas étnicas.

El M23 sostiene que defiende a los tutsis y congoleños de origen ruandés de la discriminación. Sin embargo, críticos argumentan que es un pretexto para que Ruanda mantenga influencia política y económica sobre la región.

El este del Congo es una región rica en metales y minerales de tierras raras como cobre, cobalto, litio, oro y el coltán, esenciales para la fabricación de productos electrónicos. La demanda mundial de estos recursos ha elevado su importancia geopolítica, atrayendo intereses de potencias como Estados Unidos y China, así como de los vecinos Ruanda y Uganda que se hacen con gran parte de los minerales extraídos de las minas congoleñoas que capturan las milicias que respaldan, según reporta la ONU y la ONG especializada Global Witness.

A pesar de la inmensa riqueza mineral estimada en 24 billones de dólares, el 60 % de los 100 millones de habitantes del Congo vive por debajo del umbral de pobreza. Las luchas por el control de los recursos han perpetuado la violencia y la desestabilización del país.

El Congo, Estados Unidos, el Reino Unido y la ONU acusan al Gobierno del presidente ruandés, Paul Kagame, de respaldar al M23. Aunque Ruanda niega estas acusaciones, reconoció el despliegue de tropas y sistemas de misiles en el este del Congo supuestamente por razones de seguridad. Expertos estiman que hay hasta 4.000 efectivos ruandeses en la región.

El control de Goma otorgaría a los rebeldes una posición estratégica clave en las rutas de suministro de Kivu del Norte. Analistas señalan que podrían utilizar la ciudad como moneda de cambio para negociar con el gobierno congoleño.

La caída de Goma tendría un "impacto devastador en cientos de miles de civiles", advirtió Ravina Shamdasani, portavoz de la oficina de derechos humanos de la ONU. Desde 2021, el gobierno congoleño y fuerzas aliadas habían mantenido a raya al M23, pero la situación actual parece mucho más crítica.

La ONU estima que hay 4 millones de desplazados en el este del Congo, y solo en 2023 más de 400.000 personas han huido de sus hogares. Las condiciones desesperadas en los centros de desplazados se agravan con brotes de cólera. @mundiario

Comentarios