Petro agita la tensión con Perú por la isla de Santa Rosa, pero no logra encender el nacionalismo

El presidente de Colombia enarbola la bandera de la soberanía nacional en la conmemoración de la Batalla de Boyacá, pero la oposición evita mojarse en su reclamo por la isla de sedimentos en el río Amazonas.
Gustavo Petro, presidente de Colombia en Leticia, Amazonas. / @infopresidencia
Gustavo Petro, presidente de Colombia en Leticia, Amazonas. / @infopresidencia

La disputa territorial entre Colombia y Perú por la isla de Santa Rosa, en pleno río Amazonas, ha pasado de un asunto técnico y ambiental a un pulso político que pone a prueba la diplomacia regional. El presidente Gustavo Petro ha colocado el tema en el centro de la agenda nacional, pero su llamado a la unidad en defensa de la soberanía no ha logrado el eco esperado en la oposición ni en amplios sectores políticos.

La controversia se reavivó en julio, cuando Perú promulgó una ley que crea un nuevo distrito en la isla de Santa Rosa, que Lima considera parte de su territorio. Bogotá, en cambio, sostiene que no existe asignación formal por tratado y que la delimitación debe ser discutida por una comisión bilateral, tal como estipulan los acuerdos de 1922 y 1929.

El trasfondo es geográfico y estratégico: el cauce del río Amazonas se ha desplazado hacia territorio peruano, reduciendo el caudal de los brazos que conectan a Leticia, capital del departamento del departamento del Amazonas colombiano, con el afluente principal. Si la isla queda bajo soberanía peruana y el brazo colombiano se seca, el país perdería su acceso directo al río más caudaloso del mundo.

El 7 de agosto, fecha en la que Colombia conmemora la Batalla de Boyacá, Petro trasladó la ceremonia desde el histórico puente de Boyacá hasta Leticia, a escasos kilómetros de la isla en disputa. Allí, acusó a Perú de “violar el tratado” y declaró que Colombia “no reconoce la soberanía peruana sobre Santa Rosa ni a sus autoridades de facto”.

El presidente aprovechó la efeméride para envolver su discurso en un tono nacionalista: “claro que los ríos cambian, porque están vivos, porque el planeta es un fluir. El río ha cambiado, y lo preveía el tratado. No se ha cumplido el tratado, Perú lo violó”. Sin embargo, la jugada política parece no haber generado la ola de respaldo interno que podría esperarse de un tema de soberanía.

La oposición no baja a la arena

Paradójicamente, las figuras más visibles del uribismo y de la derecha —habituales críticas de Petro— han evitado pronunciarse. Líderes como las senadoras del Centro Democrático, Paloma Valencia o María Fernanda Cabal, estaban concentrados en marchas de apoyo al expresidente Álvaro Uribe, condenado a 12 años de prisión domiciliaria por presunta manipulación de testigos.

El mutismo se extiende al centro político: ni Claudia López, ni Sergio Fajardo, ni Juan Manuel Galán han fijado posición. Tampoco voces de derecha no uribista como Juan Daniel Oviedo, Germán Vargas Lleras o Enrique Peñalosa. Así, Petro se ha quedado prácticamente solo en el debate, salvo contadas excepciones.

En la izquierda, el exalcalde de Medellín Daniel Quintero fue más combativo, incluso declarando que “no dudaría en ir a la guerra” si Perú insiste en la soberanía sobre Santa Rosa, aunque sin profundizar en los aspectos legales y geográficos de la disputa. El resto de precandidatos progresistas tampoco fijaron posición en la reclamación de Petro.

El intento de Gustavo Petro de ondear la bandera de la soberanía nacional frente a Perú ha elevado el perfil de la disputa por Santa Rosa y reactivado un tema que permanecía latente desde hace décadas. Sin embargo, la falta de acompañamiento de la oposición y del centro político revela que, en Colombia, la causa nacionalista no siempre se convierte en terreno común. @mundiario

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