El funeral del Papa Francisco: un adiós que convoca a una cumbre al planeta entero

Con la presencia de líderes mundiales de toda ideología, religión y continente, el último adiós al pontífice argentino se perfila como una radiografía del orden internacional en plena transición.
El papa Francisco sale del hospital Gemelli en Roma, Italia. / RR.SS.
El papa Francisco sale del hospital Gemelli en Roma, Italia. / RR.SS.

El testamento espiritual del Papa Francisco, en el que ofreció su sufrimiento por la paz mundial y la fraternidad entre los pueblos, ha encontrado eco en la despedida que le brindará el planeta este sábado. Su funeral será también una de las mayores concentraciones de líderes globales en tiempos recientes, superando incluso muchas citas formales de la diplomacia multilateral.

Con jefes de Estado, primeros ministros, monarcas y representantes de organizaciones internacionales, Roma se convertirá por unas horas en el epicentro de un mundo que, pese a sus profundas fracturas, no puede ignorar la figura de Francisco ni su legado. La asistencia masiva no solo honra su papel como líder espiritual, sino que también reconoce su influencia política y moral en la escena internacional.

El funeral será testigo de contrastes notables. El expresivo respaldo de Estados aconfesionales o que no comparten la fe católica —como el príncipe Guillermo del anglicano Reino Unido o el presidente de la Francia laica, Emmanuel Macron— refleja el respeto transversal que el Papa supo cultivar. Francisco fue un puente: entre credos, entre culturas, entre extremos ideológicos. Su vocación de diálogo, incluso con regímenes autoritarios o líderes populistas, se verá reflejada en la heterogénea composición del cortejo de despedida, que incluye también líderes democráticos de todo el globo, así como monarquías de cualquier signo y religión.

Sin embargo, las ausencias también hablarán por sí solas. El presidente Pedro Sánchez no estará presente en Roma, una decisión que contrasta con la presencia de los Reyes de España, varios ministros (María Jesús Montero, Yolanda Díaz y Félix Bolaños) y el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo. Más notoria aún es la ausencia del presidente ruso Vladimir Putin, requerido por el Tribunal Penal Internacional (TPI), lo que subraya las tensiones insalvables en el conflicto ucraniano, pese a los constantes llamamientos del Papa al diálogo y al cese de hostilidades.

El Papa, interlocutor universal de la era del conflicto

En un mundo fragmentado por guerras, populismos y crisis de gobernanza global, Jorge Mario Bergoglio se erigió como una de las pocas voces capaces de sentarse a hablar con todos sin perder su coherencia ética. Desde la mediación entre EE UU y Cuba, hasta su persistente denuncia de la “III Guerra Mundial en pedazos”, su Pontificado estuvo marcado por una diplomacia de gestos, silencios calculados y palabras incómodas.

Su último encuentro de alto nivel, con el vicepresidente estadounidense J.D. Vance el Domingo de Resurrección, precede la llegada de Donald Trump al funeral, un político con quien mantuvo más de una discrepancia pública. Del otro lado del espectro, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva también asistirá, acompañado por otros líderes latinoamericanos como el ecuatoriano Daniel Noboa y el argentino Javier Milei quien, pese a sus roces con el Papa, ha confirmado su presencia. Un gesto que refuerza la universalidad de la figura papal.

Una cita irrepetible con la historia

La despedida de Francisco cristaliza la complejidad del actual escenario internacional: un mundo multipolar, inestable, donde el viejo orden liberal aún no cede del todo su lugar al nuevo mosaico de potencias emergentes y alianzas alternativas. La presencia conjunta de mandatarios de la UE, del G7, de América Latina, de Oceanía e incluso de Estados asiáticos marca un momento de alto simbolismo: todos juntos, aunque sin un foro formal, reunidos en torno a un mensaje común.

En ese sentido, el funeral no es solo una ceremonia religiosa; es una escenificación de las dificultades y posibilidades del diálogo global. Como en vida, Francisco vuelve a tender puentes, convocando a quienes tienen en sus manos las decisiones que pueden determinar el destino del planeta.

Este sábado, Roma, además de ser la capital del catolicismo, será el punto de encuentro de un mundo convulso que, al menos por un instante, se detiene para mirar hacia una figura que dedicó su vida a unir en lugar de dividir. Su legado se mide no solo por sus homilías o encíclicas, sino por su capacidad de reunir a enemigos, adversarios y aliados en una misma ceremonia.

En su despedida, el Papa vuelve a dar una última lección: en un tiempo de grietas, la dignidad moral puede ser aún un punto de encuentro. Lo que ocurra tras ese instante fugaz de unidad dependerá ya de los vivos. @mundiario

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