La escalada de violencia en Cisjordania amenaza la frágil tregua en Gaza
Los residentes de Salfit, en el noroeste de Cisjordania, despertaron con la amenaza tangible de la violencia. Una mezquita del pueblo fue incendiada por colonos israelíes, que además dejaron grafitis con mensajes racistas y quemaron ejemplares del Corán. Este ataque, más allá de su impacto físico, simboliza un atentado directo contra la identidad y la vida cotidiana de la comunidad palestina. La sensación de vulnerabilidad se acentúa al considerar que estas agresiones no son aisladas: la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) documentó 260 incidentes solo en octubre, el mayor número desde que existen registros, acumulando un total de más de 9.600 ataques en las últimas dos décadas.
La quema de la mezquita no es un hecho aislado, sino la manifestación más visible de un patrón de violencia que mezcla intimidación, expulsión de población y represión sistemática. Las imágenes de estos ataques circulan rápidamente entre los palestinos, recordando que la impunidad se ha convertido en un componente estructural del conflicto en Cisjordania.
Consecuencias regionales y políticas
La violencia en Cisjordania no solo afecta a los territorios donde ocurre, sino que pone en riesgo acuerdos delicados en Gaza. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, ha expresado su preocupación por la posibilidad de que estos hechos contaminen la tregua alcanzada en el enclave palestino. Israel, por su parte, mantiene bombardeos casi diarios sobre Gaza y ha derribado cerca de 1.500 edificios durante el cese de hostilidades.
El contexto es claro: la ofensiva israelí en Gaza desde octubre de 2023 ha ido acompañada de un aumento de la violencia en Cisjordania. En este periodo, más de 1.000 palestinos han muerto, y miles han sido detenidos. La estrategia de expansión territorial israelí se ve reflejada en la connivencia con colonos violentos, a quienes incluso se les han facilitado armas y uniformes. Esta política de tolerancia e impunidad hace que las condenas aisladas, como las recientes declaraciones del presidente israelí Herzog o del ejército, parezcan gestos simbólicos más que soluciones efectivas.
La necesidad de respuestas efectivas
El dilema es complejo: ¿cómo proteger a la población palestina sin agravar aún más la tensión regional? La respuesta requiere medidas firmes que combinen responsabilidad internacional y presión sobre el Estado israelí para garantizar la rendición de cuentas. Las investigaciones policiales israelíes han cerrado más del 93% de los casos sin imputaciones, un dato que revela la fragilidad del marco legal frente a estos ataques.
Para revertir esta dinámica, es crucial fomentar mecanismos que aseguren la protección de los civiles y la aplicación efectiva de la ley. Ejemplos como la cooperación con organismos internacionales y la supervisión independiente pueden marcar la diferencia y evitar que la violencia se convierta en rutina. Sin estas medidas, la sensación de miedo y abandono entre los palestinos continuará, y con ella, el riesgo de que cada agresión provoque nuevas escaladas que amenacen la paz regional.
La quema de la mezquita de Salfit es más que un ataque físico; es un recordatorio de que la justicia y la seguridad siguen siendo derechos por conquistar en una tierra marcada por décadas de conflicto.@mundiario





