El triunfo de Mamdani desata furia en el Gobierno de Netanyahu
La elección de Zohran Mamdani como nuevo alcalde de Nueva York no ha pasado desapercibida en Israel. Aunque Benjamín Netanyahu ha optado por el silencio, tres de sus ministros han encabezado una ofensiva retórica sin precedentes contra el dirigente progresista, cuya victoria simboliza un cambio político profundo en una ciudad con la mayor comunidad judía fuera de Israel.
Amijai Chikli, ministro de Asuntos de la Diáspora y figura habitual en las batallas culturales del Gobierno israelí, arremetió contra Mamdani con una dureza extrema. Lo calificó como “matón” y lo vinculó con los terroristas del 11-S, acusándolo de simpatizar con Hamás y de representar una amenaza para la seguridad y la identidad judía en Estados Unidos. Su mensaje fue un llamamiento directo a los más de un millón de judíos del área metropolitana de Nueva York a emigrar a Israel, argumentando que la ciudad “ha entregado sus llaves a un aliado de Hamás”.
En paralelo, el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir —uno de los representantes más radicales del gabinete— denunció el triunfo de lo que considera “antisemitismo sobre el sentido común” y tachó al nuevo alcalde de “enemigo declarado de Israel”. Desde la oposición, Avigdor Lieberman se sumó al tono apocalíptico, calificando a Mamdani de “islamista y populista”.
El nuevo dirigente neoyorquino —hijo de inmigrantes africanos y uno de los líderes más visibles del ala socialista de la política estadounidense— ha condenado abiertamente los ataques de Hamás de octubre de 2023, que dejaron más de 1.200 muertos en Israel. Sin embargo, también ha denunciado lo que considera una “guerra genocida” de Israel en Gaza y ha advertido que, de entrar Netanyahu en Nueva York, ordenaría su arresto atendiendo a la petición del Tribunal Penal Internacional.
Ese posicionamiento, alineado con una creciente corriente académica y social crítica con la política israelí, ha convertido a Mamdani en símbolo de un cambio generacional y político que choca frontalmente con la narrativa institucional israelí. Su victoria electoral, apoyada también por parte de votantes judíos progresistas, contradice el mensaje homogéneo que algunos sectores intentan proyectar desde Jerusalén.
Los grandes medios israelíes han amplificado el clima de alarma. Desde titulares que describen la situación como el inicio de la “pesadilla” para la comunidad judía en Nueva York hasta análisis que enmarcan la elección de Mamdani como parte de una “yihad silenciosa” que estaría avanzando en Occidente. Las reflexiones más extremas han llegado a presentar lo sucedido como un punto de inflexión histórico, recordando los atentados de 2001 para trazar una línea de alerta cargada de islamofobia.
La campaña mediática y política refleja así una batalla global por el relato: por un lado, un Israel gobernado por la coalición más derechista de su historia, convencida de que cualquier crítica es una amenaza existencial; por otro, una nueva hornada de líderes internacionales que cuestiona abiertamente el modelo israelí en Gaza y reivindica una visión alternativa del conflicto.
El ascenso de Mamdani no solo reconfigura la política neoyorquina: se convierte en un símbolo de la fractura ideológica que está recorriendo el mundo, donde la cuestión palestina se ha convertido en un termómetro de alianzas, miedos y hegemonías políticas. Y su victoria es un recordatorio de que el debate sobre Israel ya no se libra solo en Oriente Próximo, sino también en las urnas y los discursos de las grandes capitales occidentales. @mundiario


