Irán ignora al OIEA: la agencia ha perdido el rastro del uranio enriquecido
El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) ha advertido en su más reciente informe confidencial que la situación del uranio enriquecido de Irán es “incierta” y que la agencia “ha perdido la continuidad del conocimiento” sobre el material nuclear del país desde mediados de junio. Este periodo coincide con la denominada guerra de los 12 días, durante la cual Israel y Estados Unidos bombardearon varias instalaciones nucleares iraníes.
Según el documento, el OIEA no ha podido verificar las reservas iraníes de uranio enriquecido al 60 % de pureza, un nivel técnico a pocos pasos técnicos del grado armamentístico (90 %), desde el inicio de los ataques. Antes del conflicto, dichas reservas ascendían a 440,9 kilogramos, lo que, según los expertos, sería suficiente para fabricar hasta diez armas nucleares si Teherán decidiera convertir su programa civil en militar.
El director general del OIEA, Rafael Grossi, expresó su “seria preocupación” por la imposibilidad de acceder a las instalaciones afectadas. “Es indispensable que Irán proporcione de inmediato un informe especial que detalle la ubicación y el estado de su material nuclear, tal como exige el Acuerdo de Salvaguardias del TNP”, señaló el diplomático argentino, subrayando que la verificación está “largamente demorada” y debe ser “urgentemente abordada”.
De acuerdo con el tratado de no proliferación nuclear (TNP), al que Irán está adherido desde 1970, el país está obligado a permitir la supervisión continua del OIEA y a informar sobre cualquier cambio en sus inventarios nucleares, especialmente después de ataques o desastres naturales. Sin embargo, Teherán respondió a la solicitud del organismo alegando que “toda cooperación está sujeta a la decisión del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán”, una postura que ha paralizado la inspección de varias instalaciones clave.
Tras el conflicto, Irán suspendió temporalmente toda colaboración con el OIEA, aunque en septiembre se alcanzó un acuerdo parcial entre Grossi y el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, durante un encuentro en El Cairo. Ese entendimiento permitió la inspección de algunas instalaciones no dañadas, como la planta de energía nuclear de Bushehr y el reactor de investigación de Teherán. Sin embargo, el proceso volvió a interrumpirse cuando la ONU reimpuso sanciones al país por incumplimiento de sus compromisos de transparencia nuclear.
El informe del OIEA también confirma que los inspectores regresaron a Irán esta semana para visitar el Centro de Tecnología Nuclear de Isfahán, una de las instalaciones más afectadas por los bombardeos. El sitio alberga tres reactores de investigación de origen chino y laboratorios vinculados al desarrollo de materiales nucleares. Durante el conflicto, tanto Israel como Estados Unidos habrían atacado áreas donde se realizaba conversión de uranio, lo que agravó la desconfianza entre Teherán y las agencias internacionales.
El contexto político complica aún más la situación. Europa ha decidido reactivar el mecanismo de “snapback” de sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU, medida que congela activos iraníes, prohíbe transacciones con el sector militar y penaliza el desarrollo de misiles balísticos. Desde Teherán, las autoridades acusan a Occidente de “instrumentalizar” las inspecciones del OIEA con fines políticos y mantienen que su programa nuclear “es y seguirá siendo exclusivamente pacífico”.
Rafael Grossi, no obstante, ha insistido en que la cooperación plena de Irán es la única vía para restablecer la confianza internacional: “Solo la transparencia puede garantizar que el material nuclear del país sigue destinado a fines pacíficos”.
En este punto, el pulso entre la verificación técnica y la desconfianza política vuelve a colocarse en el centro del tablero internacional. Sin claridad sobre el paradero del uranio enriquecido, las potencias temen que la reconstrucción del programa iraní haya avanzado fuera del alcance de los inspectores, en un momento en que la estabilidad regional sigue marcada por la fragilidad tras los ataques de junio. @mundiario


