Trump propone ampliar los Acuerdos de Abraham y declara el fin de las “excusas” de Gaza e Irán
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aprovechó el alto el fuego de la guerra en Gaza y la liberación de los últimos rehenes israelíes con vida en manos de Hamás para lanzar una ofensiva diplomática: extender los Acuerdos de Abraham a todo Oriente Próximo (y el mundo entero) y cerrar un ciclo de hostilidad que, según él, “ya no tiene justificación posible”.
En su discurso ante el Parlamento israelí (Knéset), Trump declaró el inicio de una “nueva era” en la región, asegurando que Israel ha alcanzado “todo lo que podía lograr por la fuerza de las armas” y que ha llegado el momento de “convertir la victoria militar en paz y prosperidad”.
Horas después, el mandatario viajó a Egipto para encabezar una cumbre con más de veinte líderes internacionales, donde se presentó un plan de reconstrucción de Gaza y un esquema de autogobierno palestino limitado. El encuentro buscó consolidar el alto el fuego y establecer un marco de cooperación económica regional bajo supervisión de Estados Unidos, Turquía, Qatar y Egipto, los garantes del nuevo acuerdo. Trump describió la reunión como “el comienzo de un hermoso Oriente Próximo”.
En su intervención, Trump apeló directamente a los países árabes para sumarse al marco de los Acuerdos de Abraham, firmados inicialmente en 2020 con Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Marruecos. “Ahora no hay Gaza ni Irán como excusa”, insistió. Según el presidente, la destrucción del aparato militar de Hamás y el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra las instalaciones nucleares iraníes eliminan los dos grandes factores que impedían la integración regional.
La propuesta de Trump busca transformar la victoria militar en una oportunidad geopolítica, consolidando a Israel como eje de una red de alianzas árabes que prioricen la estabilidad económica sobre las disputas ideológicas. Su Administración ya ha solicitado compromisos financieros a varios Estados del Golfo para costear la reconstrucción de Gaza, cuya devastación supera los 30.000 millones de dólares, según estimaciones estadounidenses.
Irán, el gran ausente
Sin embargo, la iniciativa tropieza con un obstáculo previsible: Irán. Pese a los gestos conciliadores de Washington, Teherán ha rechazado de plano cualquier posibilidad de normalizar relaciones con Israel. “Irán nunca reconocerá a un régimen ocupante que ha cometido genocidio y matado niños”, adelantó el ministro de Exteriores Abbas Araghchi el sábado en la televisión estatal. Sus palabras llegaron apenas una semana después de que Trump ya sugiriera públicamente que la República Islámica podría incorporarse al marco de los Acuerdos de Abraham.
El rechazo iraní refleja una tensión estructural. Aunque ambos países mantuvieron vínculos diplomáticos antes de la Revolución Islámica de 1979, la hostilidad posterior se ha profundizado con los enfrentamientos indirectos a través de grupos aliados, entre ellos Hamás y Hezbolá. La reciente guerra en Gaza, detonada tras los ataques del 7 de octubre de 2023, y los posteriores bombardeos israelíes a instalaciones nucleares y militares iraníes, han dejado una relación en su punto más bajo en décadas.
La nueva estrategia estadounidense combina dos vectores: la presión política y la reconstrucción económica. Trump ha reiterado que la “ventana de oportunidad” para la paz depende de que los países árabes actúen “rápido y sin juegos”. Al mismo tiempo, su gobierno mantiene una postura de fuerza, al afirmar que el programa nuclear iraní ha sido “completamente desmantelado” por los ataques recientes.
Teherán, por su parte, niega que su proyecto tenga fines militares, aunque ha admitido un posible retorno a las negociaciones con Washington si recibe “una propuesta razonable y equilibrada”.
El diálogo indirecto entre Irán e Israel, mediado por Rusia, también sugiere un enfriamiento del conflicto. Fuentes iraníes reconocieron que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, transmitió a Moscú su deseo de evitar una nueva confrontación con Teherán, lo que refuerza el argumento de Trump de que “el tiempo de la guerra ha terminado”.
Trump busca consolidar su legado como el arquitecto de un nuevo equilibrio en Oriente Próximo, sustentado en la disuasión militar, la integración económica y la contención de Irán. Sin embargo, el desafío sigue siendo estructural: la resistencia de los sectores islamistas, las fracturas internas en Israel tras la guerra y la fragilidad de los acuerdos con los países árabes.
El proyecto de ampliar los Acuerdos de Abraham podría transformar el mapa diplomático y económico de la región, pero su éxito dependerá de algo más que la voluntad política de Washington. Sin la inclusión —o al menos la neutralidad— de Irán, el sueño de un “Oriente Próximo hermoso”, como lo describió Trump, corre el riesgo de quedarse en un espejismo. @mundiario


