EE UU margina la diplomacia de la ONU y rechaza la solución de los dos Estados
La conferencia internacional sobre la solución de los dos Estados —organizada por Francia y Arabia Saudí en la sede de la ONU— ha encendido una nueva línea de fractura diplomática. Estados Unidos, aliado histórico de Israel, ha calificado el foro como una “bofetada a las víctimas del 7 de octubre” y ha optado por no participar, endureciendo su posición en un contexto ya marcado por la polarización en torno al conflicto palestino-israelí.
La portavoz del Departamento de Estado, Tammy Bruce, fue contundente: “Esta conferencia no es más que un truco publicitario que premia el terrorismo”. Desde Washington, se considera que el encuentro internacional no solo ignora los esfuerzos diplomáticos en curso —aunque infructuosos—, sino que, en palabras del secretario de Estado, Marco Rubio, “prolongará la guerra, envalentonará a Hamás y socavará los esfuerzos reales por la paz”.
La reacción de la Casa Blanca se produjo pocas horas después de que el presidente Donald Trump hiciera desde Escocia una breve crítica a Israel por bloquear el acceso de ayuda humanitaria a Gaza. Sin embargo, el foco del mensaje estadounidense volvió rápidamente hacia la ONU y sus intentos por impulsar un consenso multilateral para la creación de un Estado palestino. Washington insistió en que continuará liderando “los esfuerzos del mundo real”, diferenciándolos de lo que denomina “simulacros de relevancia diplomática”.
La conferencia, que se celebra en Nueva York, ha sido concebida como un punto de inflexión para retomar el estancado camino hacia la solución de los dos Estados, una fórmula que ha contado durante décadas con el respaldo de buena parte de la comunidad internacional y de las resoluciones del propio organismo. Pero tanto EE UU como Israel han decidido boicotear el evento. El embajador israelí ante la ONU, Danny Danon, también criticó duramente el foro, y aseguró que en realidad “profundiza la ilusión” y desvía la atención de lo que considera prioridades inmediatas: la liberación de rehenes y el desmantelamiento de Hamás.
Francia y Arabia Saudí han liderado con determinación la iniciativa, que se lleva a cabo días después de que el presidente Emmanuel Macron anunciara que París reconocerá oficialmente al Estado palestino en septiembre, convirtiéndose así en el primer miembro del G7 en dar ese paso. Jean-Noël Barrot, ministro de Exteriores francés, reafirmó en la conferencia que “solo una solución política basada en dos Estados puede dar respuesta a las legítimas aspiraciones de israelíes y palestinos de vivir en paz y seguridad”.
Arabia Saudí también subrayó su compromiso con el proceso. Su canciller, Faisal bin Farhan Al-Saud,instó a construir una hoja de ruta clara que contemple tanto el reconocimiento de Palestina como garantías de seguridad para Israel. El objetivo es transformar el alto el fuego en Gaza —cuando se logre— en el punto de partida hacia una paz duradera.
La propuesta de solución implica la creación de un Estado palestino independiente en los territorios ocupados por Israel desde 1967 —Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este—. No obstante, el Gobierno israelí se opone frontalmente a esta visión. Rechaza el retorno a las fronteras previas a la guerra de los Seis Días, se niega a compartir Jerusalén como capital y ha impulsado un denso entramado de asentamientos que obstaculizan la contigüidad territorial palestina.
El secretario general de la ONU, António Guterres, en su discurso inaugural, reconoció que la solución de los dos Estados “está más lejos que nunca”, pero llamó a no resignarse. “La persistencia del conflicto no es inevitable. Se puede resolver”, dijo. También denunció “la anexión progresiva de Cisjordania” y “la destrucción generalizada de Gaza” como acciones incompatibles con la legalidad internacional. Al mismo tiempo, condenó sin ambigüedades el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, que dejó 1.200 muertos y más de 250 rehenes.
Mientras tanto, el impulso por el reconocimiento de Palestina continúa ganando tracción. Fue en mayo de 2024, Palestina fue reconocida como Estado observador no miembro por 149 países de los 193 que integran la ONU. La propuesta de convertir a Palestina en miembro pleno será el próximo paso, y la conferencia actual trabaja sobre un calendario de entre 12 y 15 meses para lograr ese objetivo. España, junto con Jordania, lidera uno de los grupos encargados de diseñar esta hoja de ruta.
La crítica de EE UU a la conferencia de la ONU marca un claro distanciamiento con el consenso emergente en gran parte del mundo. El enfoque adoptado por Washington no solo cuestiona el foro multilateral, sino que también busca desacreditar públicamente a sus impulsores, en particular a Francia y al propio Guterres. La disputa en torno a la legitimidad del foro refleja no solo diferencias estratégicas sobre el conflicto en Gaza, sino también visiones enfrentadas sobre el papel de las instituciones internacionales en la resolución de conflictos.
Con el telón de fondo de la guerra que ha devastado Gaza y un proceso de paz prácticamente estancado, la conferencia busca reactivar una vía diplomática hoy marginada. Pero el rechazo de EE UU y la negativa de Israel a participar evidencian que el camino hacia una solución negociada estará, sin duda, plagado de obstáculos.@mundiario

