Tensiones con Hamás: ¿por qué Israel y EE UU retiran a sus negociadores de Qatar?
La última ronda de negociaciones para lograr una tregua en Gaza ha entrado en una fase incierta, tras el anuncio del retiro de las delegaciones negociadoras de Israel y Estados Unidos desde Qatar. A pesar de semanas de conversaciones y avances parciales, las partes no han logrado cerrar un acuerdo que permita detener el conflicto y facilitar la liberación de rehenes.
La delegación israelí, convocada de regreso por la oficina del primer ministro Benjamín Netanyahu, respondió así a la última propuesta de Hamás, considerada insuficiente por Tel Aviv. En paralelo, el enviado especial del presidente Donald Trump para Oriente Próximo, Steve Witkoff, también anunció la retirada del equipo negociador estadounidense, bajo el argumento de que la postura de Hamás revela una falta de voluntad real para alcanzar una tregua.
“Aunque los mediadores han hecho un gran esfuerzo, Hamás no parece actuar de forma coordinada ni de buena fe”, declaró Witkoff. “Ahora consideraremos opciones alternativas para traer de vuelta a los rehenes y tratar de crear un entorno más estable para la población de Gaza”.
Las palabras del enviado norteamericano reflejan no solo frustración con el curso de las negociaciones, sino también una estrategia clara de aumentar la presión sobre Hamás. La retirada no implica necesariamente el abandono definitivo del proceso, pero sí pretende forzar un replanteamiento de posiciones, tanto por parte del grupo islamista como de los propios mediadores.
Estancamiento estratégico y demandas enfrentadas
Las conversaciones llevadas a cabo en Doha durante las últimas semanas han girado en torno a un esquema de tregua de 60 días que contemplaría la liberación paulatina de rehenes israelíes —vivos y fallecidos— a cambio de prisioneros palestinos, así como un aumento del suministro de ayuda humanitaria y un marco de negociaciones más amplias para un posible fin de la guerra.
Sin embargo, las diferencias siguen siendo profundas. Hamás insiste en que no entregará a todos los rehenes sin una retirada total de las tropas israelíes y una declaración oficial del fin de la guerra. Por su parte, Israel considera inadmisible cerrar el conflicto sin garantías de desarme y sin la eliminación del control de Hamás sobre Gaza.
En este contexto, los delegados israelíes aseguraron a la prensa que no se trata de un colapso de las negociaciones, sino de una pausa para revaluar estrategias. Según un alto funcionario israelí citado por el medio Times of Israel, aún hay “motivos para un optimismo realista”, pero es necesario que Hamás muestre flexibilidad en sus exigencias. “No hay una explosión ni un colapso. Se necesita una reevaluación interna y coordinación con los mediadores”, afirmó.
La intervención pública de Steve Witkoff representa algo más que una simple actualización del estado de las conversaciones. Su declaración contiene un mensaje diplomático dirigido no solo a Hamás, sino también a los mediadores y al público internacional.
Al calificar la actitud de Hamás como “egoísta” y señalar su falta de coordinación, Witkoff busca establecer que el estancamiento no es responsabilidad de Israel ni de Estados Unidos, sino del grupo islamista palestino para abocar una flexibilización en sus demandas. Aunque evitó precisar cuáles son las “opciones alternativas” que se evalúan desde Washington, su mensaje sugiere que el tiempo para la diplomacia paciente puede estar agotándose.
El hecho de que ni la Casa Blanca ni el Departamento de Estado hayan hecho comentarios inmediatos refuerza la idea de que el repliegue responde más a una estrategia de presión que a una ruptura definitiva.
La dificultad para alcanzar un acuerdo reside en la incompatibilidad de las demandas clave. Mientras Hamás exige garantías vinculantes sobre el fin de la guerra, Israel no está dispuesto a ceder en su objetivo militar de neutralizar al grupo. Tampoco hay consenso sobre la cantidad ni el perfil de los prisioneros palestinos que podrían ser liberados a cambio de los rehenes israelíes.
Fuentes israelíes señalaron que Hamás habría planteado liberar 10 rehenes a cambio de 200 prisioneros, algo que generó molestias en Tel Aviv por considerarlo desproporcionado.
A pesar de estas tensiones, la diplomacia sigue viva en segundo plano. Según los medios israelíes, se han mantenido contactos informales con los mediadores de Qatar y Egipto incluso después de la salida de los equipos oficiales.
El regreso de los negociadores a sus respectivos países marca un compás de espera en un proceso que parecía haber ganado tracción. No hay una ruptura total, por el momento, pero sí se observa un cambio de tono. Las declaraciones de Witkoff se enmarcan en una estrategia de presión que busca reconfigurar el curso de las conversaciones y forzar a Hamás a realizar concesiones concretas.
Mientras tanto, la situación en Gaza sigue siendo crítica. La tregua sigue siendo una necesidad humanitaria urgente, pero las condiciones políticas y de seguridad para su implementación siguen sin resolverse. @mundiario


