Deir al Balah en la Gaza bajo fuego: última frontera, nuevo epicentro de la guerra
La Franja de Gaza, ese estrecho y devastado territorio costero que ha sido epicentro de múltiples conflictos, vive hoy uno de sus capítulos más oscuros. La ofensiva terrestre lanzada por el ejército israelí sobre Deir al Balah, el último gran núcleo urbano que había permanecido al margen de las operaciones en los últimos 21 meses, ha marcado un nuevo punto de inflexión en una guerra que parece no tener fin. Mientras los tanques avanzan y la artillería retumba, la crisis humanitaria alcanza niveles alarmantes que han movilizado tanto a gobiernos como a organismos internacionales.
La entrada de las tropas israelíes a Deir al Balah representa más que una maniobra militar: simboliza el colapso de los últimos espacios de relativa “seguridad” para los más de dos millones de gazatíes que sobreviven entre escombros, desplazamientos y bombardeos. Refugio de miles de personas desplazadas desde el norte y el sur de la Franja, la ciudad se ha convertido ahora en otro escenario de evacuaciones masivas y destrucción. Decenas de proyectiles han impactado ya en barrios residenciales, y se reportan al menos tres muertos y varios heridos en los primeros bombardeos sobre viviendas y mezquitas.
La población, en muchos casos sin acceso a vehículos, huye como puede: en carros tirados por burros, a pie, con lo poco que pueden cargar. Naciones Unidas advierte de que el 87,8 % del territorio de Gaza está hoy militarizado o bajo órdenes de evacuación, lo que deja a los civiles atrapados en apenas un 12 % del enclave, un área cada vez más saturada y sin garantías de seguridad, alimentos ni atención médica.
Desde el 7 de octubre de 2023, cuando el ataque terrorista de Hamás dejó 1.200 muertos en Israel y se llevó consigo a 250 rehenes, la respuesta israelí ha sido implacable. Según el Ministerio de Sanidad de Gaza, controlado por el grupo islamista, más de 59.000 personas han muerto desde entonces, en su mayoría mujeres y niños. A esto se suma un número indeterminado de heridos, desaparecidos y personas atrapadas bajo los escombros.
La ofensiva sobre Deir al Balah se produce en un momento en que las negociaciones para una tregua se encuentran estancadas. Uno de los factores de mayor tensión es la suerte de los rehenes que aún permanecen cautivos —alrededor de 50, según fuentes israelíes— y que podrían encontrarse precisamente en la zona ahora bajo ataque. Por ello, el colectivo de familiares de los secuestrados ha emitido un comunicado urgente en el que exige a las autoridades israelíes una explicación clara de por qué esta nueva incursión no pone en riesgo la vida de sus seres queridos.
“El pueblo de Israel no perdonará a nadie que, a sabiendas, haya puesto en peligro a los rehenes, tanto vivos como fallecidos. Nadie podrá alegar que desconocía lo que estaba en juego”, han advertido.
La salud en el abismo
En paralelo al avance militar, el sistema de salud de Gaza sufre un nuevo golpe con la detención del doctor Marwan al Hams, director del hospital Abu Yousef al-Najjar y uno de los principales responsables médicos en la zona. Según denuncias del Ministerio de Sanidad y de Hamás, una unidad especial israelí lo secuestró tras abrir fuego contra la ambulancia en la que viajaba, provocando la muerte de varios civiles, incluido un periodista. Israel no ha ofrecido comentarios al respecto.
Este hecho ha sido condenado por organizaciones internacionales, que recuerdan que el personal médico y humanitario está protegido por el derecho internacional humanitario. Sin embargo, las normas de la guerra parecen haberse erosionado en un conflicto donde la distinción entre combatientes y civiles se difumina cada día más.
Ante el recrudecimiento del conflicto, un grupo de 25 países —entre ellos España, Francia, Reino Unido, Canadá, Australia y Japón— ha emitido un comunicado conjunto exigiendo un alto el fuego inmediato y el cumplimiento del derecho internacional humanitario. Denuncian el uso del hambre como “arma de guerra” y critican el sistema actual de distribución de ayuda por considerarlo "ineficaz, indigno y peligroso".
Según datos de la ONU, cerca de 900 personas han muerto en las últimas semanas intentando acceder a alimentos, en colas caóticas y sin protección. El documento también solicita la eliminación de las restricciones impuestas por Israel al ingreso de ayuda humanitaria y el retorno de las agencias de la ONU y ONG al terreno.
Israel, por su parte, ha respondido que la declaración está “desconectada de la realidad” y que “envía el mensaje equivocado a Hamás”. El Ministerio de Exteriores israelí insiste en que es el grupo islamista el único responsable de la guerra y del sufrimiento de ambas poblaciones.
El Vaticano y la voz moral del conflicto
Mientras la diplomacia fracasa y la ayuda no llega, el Papa León XIV ha dado un paso simbólico pero relevante al conversar tanto con el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, como anteriormente con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. En ambas ocasiones, el pontífice ha reiterado el llamado al respeto del derecho internacional humanitario y ha pedido con urgencia el cese de hostilidades y la protección de los civiles.
Este gesto cobra aún más peso tras el reciente ataque israelí a la única iglesia católica en Gaza, que dejó tres muertos, y en un contexto donde los lugares sagrados tampoco están exentos del conflicto armado. @mundiario





